Organismos internacionales (dos tomos)
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Organismos internacionales (dos tomos) - Uldaricio Figueroa
Uldaricio
Figueroa Pla
Se desempeñó durante cuarenta y tres años en el Servicio Exterior de Chile. Cumplió funciones en las Delegaciones ante Naciones Unidas, ante la Organización de Estados Americanos y en las Embajadas en Cuba y Estados Unidos. Fue Embajador en Checoslovaquia e India. En Chile, cinco veces Director de Política Multilateral y, además, fue Director de Asuntos Bilaterales y Director General de Asuntos Consulares y de Inmigración. Delegado en Asambleas Generales de Naciones Unidas, OEA y UNESCO.
En la Academica Diplomática de Chile se desempeña actualmente como profesor en las asignaturas de Organismos Internacionales y Protección Internacional a los Derechos Humanos. En la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea, es docente en la asignatura de Relaciones Internacionales y en la Academia de Guerra del Ejército, en el curso de Magíster sobre Operaciones de Paz de Naciones Unidas. Ha desarrollado actividades docentes en la Universidad de Viña del Mar y en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos.
Ha sido profesor de Organismos Internacionales en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Central y la Escuela de Gobierno de la Universidad de Chile. Es autor de La demanda marítima boliviana en los Foros Internacionales (RIL editores, 2007) y artículos diversos publicados en revistas.
Uldaricio Figueroa Pla
Organismos
Internacionales
Tomo I
Teorías y Sistemas Universales
Ril%20-%202006%20-%20Logo%20general.tifOrganismos internacionales
Tomo 1: Teorías y sistemas universales
Segunda edición: junio de 2010
© Uldaricio Figueroa Pla, 2010
Registro de Propiedad Intelectual
Nº 78.830
© RIL® editores, 2010
Alférez Real 1464
cp 750-0960, Providencia
Santiago de Chile
Tel. (56-2) 2238100 • Fax 2254269
ril@rileditores.com • www.rileditores.com
Composición, diseño de portada e impresión: RIL® editores
Epub hecho en Chile • Epub made in Chile
ISBN Obra completa: 978-956-284-712-4
ISBN Tomo 1: 978-956-284-713-1
Derechos reservados.
Introducción
Multilateralismo
Antes de entrar al estudio individual de las principales organizaciones internacionales es ilustrativo referirse de manera muy sucinta mediante un enfoque global y conceptual a estos foros o tribunas creadas por la comunidad internacional. Como se señala en el Capítulo Primero, las organizaciones internacionales comenzaron a establecerse a mediados del siglo XIX, respondiendo a los retos que enfrentaron los Estados europeos, como consecuencia directa de la revolución industrial, con el objeto de diseñar una cooperación interestatal para hacer frente y ordenar los problemas que a todos los afectaban. De esa manera se entró a coordinar la telegrafía; hacer expeditas las comunicaciones postales; defender y hacer efectiva la propiedad intelectual en el proceso industrial; defender y hacer efectivo el derecho de autor; uniformar los pesos y las medidas. Más tarde, para ocuparse específicamente de asuntos particulares como una cooperación en los campos agrícola, sanitario y laboral y, en una etapa más avanzada se entró al debate político multilateral.
En el Capítulo Segundo se abordan las diversas concepciones que en el curso de la historia se fueron plasmando para enunciar principios sobre los cuales hipotéticamente podría construirse un mundo mejor con la participación de todas las fuerzas políticas existentes antes de la aparición formal de los Estados modernos. En el mismo capítulo se trata de despejar y si es posible aclarar lo que es actualmente un organismo internacional, el papel que les corresponde en la sociedad internacional y, las limitadas y restringidas atribuciones que tienen en los ámbitos propios de su accionar.
La acción que desarrollan los organismos internacionales está determinada por las decisiones que adoptan sus miembros en el seno de ellas. Éstos son los responsables si las organizaciones actúan en un sentido o en otro respetando los objetivos para los cuales fueron creadas. Es muy común que la opinión pública y los medios de comunicación juzguen a las organizaciones internacionales de manera muy severa por lo que hicieron o por lo que no hicieron, olvidándose que éstas no pueden hacer otra cosa que lo que sus miembros desean que hagan. El capítulo también se extiende en mencionar algunas teorías que diversos estudiosos han tratado de elaborar acerca del accionar de estas entidades multilaterales. No estoy muy convencido de ello por cuanto, como se expresó más arriba, las organizaciones no tienen facultad autónoma de decisión sino que deben realizar aquellas acciones que la mayoría de sus miembros decidan. Teorizar sobre esas acciones no es entrar a calificar las organizaciones por sí sino entrar al campo de acción de los Estados, es decir, de las relaciones internacionales. Los Estados van a llevar a las organizaciones internacionales sus intereses políticos y harán que el accionar de ellas se encuadre lo más cerca posible de esos intereses.
El Capítulo Tercero está dedicado a estudiar someramente los actores que participan en las organizaciones internacionales: los Estados. Por la influencia creciente que han adquirido en la vida internacional y también dentro de las organizaciones internacionales se hace un comentario acerca de las Organizaciones No Gubernamentales.
Después de la segunda guerra se observa una gran proliferación de las entidades gubernamentales internacionales, así como de las entidades no gubernamentales.
La razón principal por la cual se establecieron las primeras organizaciones internacionales a partir de 1865, con la Unión Telegráfica Internacional, fue buscar una cooperación entre los Estados y Gobiernos para coordinar acciones conjuntas para enfrentar problemas comunes que las nuevas tecnologías les presentaban. No eran muchos inicialmente los Estados participantes y el sentido de la cooperación internacional en ese entonces era muy incipiente. Pero todos requerían de la cooperación de los demás.
Situación muy distinta se vive en nuestros días. Por primera vez en nuestra historia nos encontramos con que prácticamente todos los pueblos del mundo son Estados soberanos e independientes. También por primera vez todos los Estados están comprometidos en una empresa de cooperación institucionalizada que se expresa en la acción de las organizaciones internacionales. Para ello han formado una verdadera red mundial y regional de organizaciones.
Estas organizaciones hoy día abarcan áreas políticas, económicas, comerciales, ecológicas, tecnológicas, de drogas, etc. No ha quedado área de preocupación internacional que no haya sido incorporada a la agenda internacional multilateral. Ningún país, por pequeño o grande que sea, ha podido sustraerse a ese compromiso de cooperación en el campo internacional por la sencilla razón de que nadie, por sí solo, puede resolver una cantidad de problemas comunes que enfrentan los Estados y tampoco ninguno de estos problemas pueden encontrar solución al margen de la concurrencia de los Estados en una cooperación organizada y establecida por ellos. Es lo que se ha dado en llamar la interdependencia de los Estados o, en términos de post guerra fría, la globalización de las relaciones.
Por ello el multilateralismo es todo un proceso continuo de negociación con vista a alcanzar el más alto grado de cooperación, mediante la más amplia participación de Estados, grandes y pequeños, poderosos y débiles, que permita a todos participar y hacer sus aportes con vista a esa cooperación. Pero alcanzar acuerdos no es tarea fácil en un mundo heterogéneo donde hay que alcanzar equilibrios y reducir asimetrías. Los avances son lentos y a veces descorazonadores. Son producto de laboriosas negociaciones en un proceso de acercar posiciones. Muchas veces se requiere un tiempo para que maduren ideas y sean aceptadas. Por el contrario, a veces procesos políticos conducidos con el mayor sigilo y alejados de los titulares de los medios de comunicación han alcanzado resultados o se han traducido en una importante reducción de tensiones. La opinión pública a veces sólo conoce de las lentitudes de los procesos y no de los éxitos cuando estos se producen.
La razón de ser del multilateralismo es la búsqueda de soluciones concertadas entre los Estados y la gran tribuna para alcanzarlas son los organismos internacionales.
Hoy día no puede concebirse un mundo sin tribunas o foros multilaterales. La interdependencia o globalización de los problemas ha imprimido un dinamismo nuevo a las relaciones internacionales. La complejidad de esta interdependencia es comparable solamente con la complejidad de los problemas que se desea afrontar.
Los tres primeros capítulos tratan de responder a la interrogante acerca de cómo se estructuró el multilateralismo y cómo funcionan las organizaciones internacionales.
Una Diplomacia Multilateral
Para hacer frente a esta nueva realidad que es el multilateralismo, se ha desarrollado todo un engranaje de organizaciones que, paralelamente, ha dado origen y ha desarrollado una diplomacia particular para actuar en ella: la diplomacia multilateral.
Ha establecido normas de operaciones que han sido aceptadas y adoptadas en el mundo entero por sobre cualquiera diversidad cultural o ideológica existente. Naciones Unidas como ente catalizador de lo multilateral ofrece el marco estándar de la diplomacia multilateral que se extiende a todas las demás, incluyendo a las entidades regionales y subregionales. Desde Naciones Unidas se proyecta esta moderna diplomacia que ha desarrollado sus propias características y su modo particular de operar.
Un elemento muy importante que caracteriza la acción multilateral es que no está determinada por el estado de las relaciones bilaterales entre sus miembros. En la vida bilateral, el estado de las relaciones se hace sentir en la gran mayoría de situaciones que se puedan presentar. En el seno de estas organizaciones el estado de las relaciones bilaterales no es determinante en el trabajo conjunto de todos sus miembros. Tampoco afecta el funcionamiento de una organización en un país determinado si éste no tiene relaciones o sus relaciones son difíciles con algunos Estados Miembros. El Estado huésped de una organización no puede cuestionar la participación de Estados cualquiera sea el estado de sus relaciones bilaterales con los miembros de aquella.
El Protocolo es mucho más simple que el tradicional bilateral. Su ceremonial se caracteriza por una gran sencillez. Por el contrario, son los Gobiernos los que conceden al interior de sus países un tratamiento igualitario al de Jefes de Estado o de representante diplomático a los Jefes de organizaciones internacionales. Ello muestra, por su parte, la importancia que éstos atribuyen a los representantes máximos de estas organizaciones.
Los procedimientos en uso en los organismos internacionales están basados en las costumbres parlamentarias que han desarrollado las democracias occidentales.
Esta diplomacia multilateral es moderna por su reciente aparición en la vida internacional y por sus innovadoras características en comparación con la diplomacia tradicional. La amplia variedad de las disciplinas que puede abordar la diplomacia multilateral hizo que se abriera un interminable debate entre si se debe establecer una diplomacia especializada para abordar eficazmente el abanico de materias que actualmente están en debate en el seno de las organizaciones internacionales o si se mantiene una diplomacia de tipo generalista en que el diplomático conduce las negociaciones, pero fuertemente asesorado por personal técnico en la sustancia de la materia tratada. La discusión sigue abierta.
Pérdida de Interés en las Organizaciones Internacionales
El mundo multilateral actual tiene su origen en la post segunda guerra mundial y Estados Unidos, la gran potencia emergente del conflicto mundial, desempeñó un papel decisivo y dominante en el establecimiento de instituciones multilaterales como Naciones Unidas, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Organización Mundial de la Salud (OMS), Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y muchas otras.
Se podrán preguntar algunos acerca de la razón de este interés de las potencias vencedoras por crear mecanismos multilaterales de cooperación para abordar problemas de la política internacional a un nivel universal cuando podrían haber actuado con el poder que les daba la victoria con plena independencia. Hubo razones políticas y prácticas. Emergió Estados Unidos como superpotencia y con intereses ahora globales que entraban en conflicto con la política de aislacionismo y de marginamiento de los asuntos mundiales –aunque no en el continente americano- que se había autoimpuesto después de la primera guerra mundial a raíz del desacuerdo de su Parlamento con el establecimiento de la Sociedad de las Naciones. Veinticinco años después se encontraba como superpotencia en el centro de las decisiones mundiales y las tribunas multilaterales eran vías expeditas de contacto y negociación.
También podría haber una explicación de fondo de carácter práctico. Para establecer un ordenamiento en muchos aspectos de la vida internacional comunes a todos los Estados, era necesaria la existencia de acuerdos generales que requerían de la concurrencia global de voluntades para establecer una cooperación, una especie de estandarización macro en la búsqueda de soluciones eficaces. Ese esfuerzo para lograr una cierta uniformidad de criterios era muy difícil de alcanzar mediante acuerdos país por país.
Existían los precedentes de organizaciones internacionales que habían operado con resultados positivos en áreas como las telecomunicaciones, la aviación, la navegación, el trabajo, la sanidad, la alimentación y muchas otras. Era preferible abordarlas conjuntamente con un sentido de cooperación sabiendo que muchas veces las negociaciones podrían tener una larga duración, pero que finalmente un acuerdo colectivo era siempre posible alcanzar. Esta práctica, tenía, además, menores costos y se obtenían resultados coordinados.
Concertar acuerdos bilaterales sobre una misma materia con decenas de países sería una tarea engorrosa y compleja y tal vez imposible de realizar. Así ya lo había constatado la experiencia desde mediados del siglo anterior. La tribuna multilateral ofrecía entonces y ofrece hoy la vía más práctica, económica y rápida para tratar problemas de interés general.
Este gran entusiasmo de las naciones desarrolladas en la promoción de acciones concertadas y cooperativas en la vida internacional, a través de las organizaciones internacionales, se mantuvo en tanto estas mismas naciones dominaron sin contrapeso las decisiones alcanzadas en su seno. Pero ello comenzó a cambiar a medida que se generalizaba el proceso de descolonización en el mundo y la emergencia de los antiguos pueblos coloniales como Estados independientes que pasaban a integrar la sociedad internacional y por ende las organizaciones internacionales en un pie de igualdad con el resto de las naciones.
Pudieron allí las nuevas naciones expresar sus opiniones difiriendo profundamente de las de sus antiguos colonizadores y concurrir en la concertación de acuerdos globales que tomaran en cuenta sus propios intereses. Tenían sus propias percepciones acerca del acontecer internacional que diferían de las de las grandes potencias. Influyeron para ampliar el abanico de materias que se abordaban más allá de las que interesaban a las grandes potencias y al mundo occidental. Llegó a las organizaciones internacionales la lucha y la confrontación ideológica y el consiguiente alineamiento de las naciones. Las decisiones adoptadas mayoritariamente con el voto de las naciones ahora llamadas del tercer mundo comenzaron a disgustar al mundo desarrollado. Se inició un proceso de enfriamiento del entusiasmo y el apoyo de los países desarrollados a las organizaciones que antes ellos habían promovido.
Los Gobiernos de las naciones desarrolladas comenzaron a expresar su frustración por las acciones e iniciativas que ahora emprendía el grueso de las naciones y que no concordaban con sus políticas ni con sus intereses. En ese proceso de desilusión se ha hecho y se hace aparecer a las organizaciones internacionales como tribunas para discursos propagandísticos y centros de retórica vacía. Ahora se trata de disminuir la importancia de las organizaciones señalando que sus acuerdos representaban y respondían a mayorías monitoreadas.
Occidente acusó a las organizaciones de estar politizadas y al servicio de fines ideológicos y propagandísticos de los representantes gubernamentales. Ayer y hoy se desacreditan sus debates, destacando la mayor preocupación por la dialéctica que por los acuerdos y compromisos que pudieran alcanzarse. Se utiliza permanentemente como elemento negativo la incongruencia de vincular a cualquier tema tratado con asuntos políticos «ajenos» al debate.
Las frustraciones y acusaciones de los países desarrollados occidentales en contra de los acuerdos en los organismos internacionales que adoptaban y adoptan una mayoría de naciones del tercer mundo las diseminan a su vez ampliamente sus propias agencias informativas y de propaganda. En nuestros países subdesarrollados, nuestros medios de comunicación se hacen eco de estas acusaciones y al carecer de una capacidad de análisis las reproducen y las avalan sin comentario.
La situación multilateral ha evolucionado con altos y bajos. Viejos problemas se han agudizado y nuevos problemas están concitado la atención de la comunidad internacional haciéndose imperiosa la cooperación para abordarlos. El recurso a las tribunas de los organismos internacionales se ha hecho cada vez más frecuente.
Todos los países, sin excepción, han debido aceptar que en la diversidad de apreciaciones hay una diversidad de opiniones y de soluciones. El hecho de que la posición de un país, por importante que sea, no alcance a tener una total aceptación no significa que el foro sea inoperante.
Pese a la diversidad de intereses y de actores que concurren al debate internacional, siguen vigentes los conceptos del ex Secretario General de la OEA, Alberto Lleras Camargo, quien sintetizó lo sustantivo de una organización multilateral: «La Organización [la OEA] no es buena ni mala en sí misma, como no lo es ninguna organización mundial. Es lo que los Gobiernos Miembros quieren que sea y no otra cosa». Así es de simple.
Capítulo Primero
Breves Notas Históricas de las
Relaciones Internacionales
Antigüedad
La historia de las relaciones internacionales es una historia de alianzas y tratados entre grupos humanos logrados por medio de una negociación. Negociación realizada desde sus inicios por los mismos Jefes de los grupos humanos o por medio de sus enviados. En una época más avanzada del desarrollo socio político de los pueblos también es una historia de congresos y conferencias. Junto a la relación bilateral de los gobiernos se le agrega una relación multilateral.
Se han dado algunas definiciones de diplomacia. Así el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la define como la ciencia o conocimiento de los intereses y relaciones de unas naciones con otras
. A mi juicio el diccionario Oxford define la diplomacia de una manera muy precisa al decir que es el manejo de las relaciones internacionales mediante la negociación
. La negociación ha sido y es el centro de la diplomacia.
Tal vez el Tratado de Paz más antiguo del que se tenga noticia haya sido el negociado y celebrado en el año 1269 antes de Cristo (también se da la fecha de 1284 a.c.), entre el rey hittita Hattousie y el faraón egipcio Ramsés II. Fue tallado en dos ejemplares. Uno en arcilla con escritura cuneiforme y el otro en jeroglíficos egipcios. El primero fue encontrado en la localidad de Bogazkov, en Turquía Central, y se halla actualmente en el Museo Arqueológico de Estambul. El segundo ejemplar forma parte del templo egipcio de Karnak.
En virtud de este Tratado ambos gobernantes se prometieron amistad eterna, paz durable, integridad territorial y asistencia mutua. Este Tratado ocupa un lugar destacado en la historia de las relaciones internacionales.
Es interesante señalar que ese Tratado fue escrito en los idiomas de los negociadores en sendos textos de idéntico contenido. Hoy día los Tratados se continúan firmando en textos idénticos correspondientes a los idiomas de los negociadores de la misma manera como se hizo en el año 1269 antes de Cristo.
En las sociedades primitivas a los extranjeros se les consideraba peligrosos o impuros. Se desconfiaba de ellos. Esta concepción del extranjero ha tenido una muy lenta evolución. Hasta nuestros días hay sociedades y regímenes políticos que recelan de los extranjeros. De ahí que el trato con ellos estuviera prohibido o muy restringido. Ello puede explicar por qué al enviado de un Jefe extranjero se le acordaran ciertos privilegios e inmunidades para asegurarles el desempeño de sus misiones. Desde un principio se consideró que la persona de esos enviados tenía una representatividad y calidad muy particulares y que su misión debía ser facilitada dándoles garantías mínimas para su desempeño y seguridad en lo personal. Esta costumbre se mantiene hasta hoy.
Harold Nicolson señala: «Cuando Basilio II envió Embajadores a negociar con los Selyúcidas turcos se les sometieron a purificación con el fin de exorcizar toda influencia dañina. Los hechiceros de la tribu danzaron en torno de ellos quemando incienso, tocando sus panderos y tratando mediante todas las magias de mitigar los peligros de infección. A los Enviados cerca de los Khanes tártaros también se les obligaba a pasar a través de hogueras antes de admitirlos en la corte. Todavía en el siglo XV, la República de Venecia amenazaba con el destierro y hasta con la muerte a los venecianos que mantuviesen trato con cualquier miembro de una legación extranjera».
Hoy día al inicio del siglo XXI todavía puede observarse en ciertos países algunas reliquias de ese tabú, principalmente para evitar «contaminarse» con ideas foráneas.
¿Hubo algún tipo de institución internacional en la antigüedad?
Algunos autores ven como punto de partida tratados de vasallajes, de protectorados, de alianzas y de amistad como el citado anteriormente entre Ramsés II y Hattuosie. Fue común la concertación de estos tratados particularmente entre los cartagineses y los primeros pueblos romanos. En Oriente entre los pueblos persas. También los hubo entre las ciudades griegas (polis).
Si bien las ciudades primitivas y aun las antiguas fueron, en general, hostiles a los extranjeros en general, aparecen los mercaderes gozando de un trato especial para un comercio que ni el mar ni los desiertos detuvieron.
Pero fue en las ciudades griegas donde aparecieron con mayor desarrollo instituciones para tratar asuntos relacionados «con el exterior». La sociedad del archipiélago griego, dividido en distintas ciudades -polis- tuvo conciencia de sí misma al enfrentarse permanentemente con los extranjeros. Muchos de estos «extranjeros» pertenecían a otras «polis» situadas en la misma península y que hablaban el mismo idioma.
Establecieron dos instituciones especiales para tratar «con el exterior»: las Anfictionías y las Ligas de Ciudades. Las primeras, originalmente de carácter religioso, constituían recintos en torno a santuarios famosos para asegurar el acceso pacífico de los peregrinos provenientes de otras polis. Luego se transformó en lugares de Asamblea a la cual enviaban delegados otras polis para tratar asuntos generales. La más conocida fue la de Delfos.
Fenómeno típico de las ciudades griegas fueron las Ligas de Ciudades. Las alianzas políticas presentaban estructuras diversas, adoptando generalmente la forma de confederaciones, bajo la dirección de un poder hegemónico: Liga del Peloponeso; Liga Marítima; Liga Ático-Déltica; Liga de Corinto.
Según Colliard, estas Ligas se las puede semejar a una prefiguración de las organizaciones políticas internacionales modernas y en ellas se desarrolló el arbitraje para los problemas especialmente comerciales y la proxenia para la asistencia a los peregrinos visitantes, pueden considerarse como el germen de las instituciones consulares.
El mundo griego desarrolló una diplomacia a medida que evolucionaba su civilización. Primero entre las propias polis a medida que las relaciones se hacían cada vez más activas y luego con el exterior de la península al intensificarse el comercio. Se recurrió a los enviados o mensajeros. Primeramente fueron los Heraldos elegidos con gran cuidado en las asambleas de las Polis. Se exigía que éstos poseyeran una memoria retentiva y una voz muy sonora para transmitir los mensajes. Luego era una diplomacia abierta y de naturaleza pública.
Se cayó luego en la cuenta que el arte de la negociación entrañaba cualidades de un nivel más elevado. Para ello se recurrió a los Keryx u Oradores y los Proxenos. Los primeros eran personas de más edad y experiencia y gozaban en las otras polis de ciertos derechos como los de seguridad hacia su persona. Su actividad era de persuasión personal y de negociación. Cumplían misiones cortas y precisas. Eran recibidos con hospitalidad y conducidos a la asamblea de la polis donde debían plantear su misión. Oratoria y elocuencia eran necesarias. Demóstenes cumplió algunas de estas misiones.
Los Proxenos, en cambio, eran representantes residentes en otras polis de una Liga. A veces eran cargos hereditarios, pero en general se mantenían mientras contaran con la simpatía de la ciudad huésped. Con el correr de los años a los proxenos se les otorgaba la ciudadanía. Se ocupaban de prestar hospitalidad y asistencia a los visitantes provenientes de su polis. En ningún caso entraban en negociaciones de ningún tipo en la polis de su residencia. Los Proxenos fueron un embrión de lo que serían los cónsules.
Roma ejerció influencia en el desarrollo posterior del Helenismo. Introdujo la noción de un poder político fuertemente constituido; exaltó la noción de ciudadanía; hubo una elaboración minuciosa del Derecho Positivo y la noción de dominación sobre otros pueblos.
Si el Derecho Positivo interno conoció en Roma un desenvolvimiento prodigioso, no ocurrió lo mismo en lo que se refiere a una elemental reglamentación de las relaciones entre los pueblos ajenos al Imperio. No estaba dotada la Roma Imperial para el arte de la negociación. Durante los siglos que duró su imperio sus métodos fueron los del legionario y el constructor de carreteras más bien que los del diplomático.
No se apartó de las concepciones que las habían dominado. En oposición a sus antecesores griegos, Roma no reconoció que otros pueblos pudieran hacer valer frente a ella un derecho cualquiera ni que sus relaciones con ellos pudieran estar sujetas a reglas jurídicas.
Consecuentemente, el Imperio Romano no ofreció un ejemplo claro de relaciones internacionales o mejor dicho de interpueblos. Existió sólo una autoridad soberana central y las provincias giraban en torno de ese centro. Hubo un sólo centro de poder. A los pueblos a que se enfrentó el Imperio, lo hizo regido por el signo de la dominación, de la conquista e incluso del saqueo. Fueron implacables en sus objetivos y brutales en sus métodos. Desarrollaron el principio de aplastar al contrincante más obstinado y perdonar a los sumisos. (Catón: Delenda est Carthago).
En contraste con la reglamentación del Derecho Privado, Roma ignoró la relación internacional. Al decir de Alejandro Álvarez, el Jus Gentium romano difería profundamente de lo que es hoy el Derecho Internacional.
El Jus Gentium fue más bien una manifestación del derecho privado para regular relaciones entre extranjeros y romanos.
La destrucción del Imperio Romano rompió el marco imperialista en que se desarrollaban las relaciones entre Roma y sus vecinos. Los tiempos siguientes estuvieron plagados de disturbios y la llamada civilización romana, o grecorromana, vacilaba. La fragmentación pasó a ser la norma de la vida política.
En el Edicto del año 311, el Emperador Galerio concedió a los cristianos la tolerancia religiosa. Dos años más tarde por el Edicto de Milán, el Emperador Constantino decretaba la libertad religiosa con lo cual el poder civil reconocía a la Iglesia Cristiana y el Emperador Constantino la protegía. Teodosio en el año 380 ordenó a todos los pueblos del Imperio adherirse al Cristianismo y la proclamó como religión del Imperio. Desde Galerio la Iglesia comenzó a organizarse territorialmente con amplia libertad. Tomó las estructuras administrativas del Imperio como norma de su propia organización. La circunscripción civil –la provincia– sirvió de modelo a la provincia eclesiástica –los obispados– para determinar la titularidad de los obispos.
Se dividió el Imperio Romano en el 395. Un Imperio de Oriente, que ya operaba desde el 295, duró más de un milenio antes de caer bajo la dominación turca en 1453, y un Imperio de Occidente que no alcanzó a durar un siglo, desapareciendo en el 476 por las invasiones de pueblos del norte de Europa y orientales. En Roma quedó la Sede Apostólica de la Iglesia siendo muy intensa su influencia en todo el Imperio de Occidente. En el Imperio de Oriente, los Patriarcas reconocieron a Roma una primacía de honor en toda la Iglesia y su autoridad en lo doctrinal, pero no le reconocieron potestad disciplinaria ni jurisdiccional sobre los Patriarcas Orientales. Fue el inicio del proceso que llevaría al cisma de la Iglesia.
La diplomacia reapareció en el Imperio Romano de Oriente, el Bizantino, el que la ejerció con gran ingenio. Baste recordar sus tres conocidos métodos: Primero debilitar a los adversarios fomentando la rivalidad entre ellos. Segundo, comprar la amistad de las tribus y pueblos fronterizos mediante subsidios y halagos. Tercero, convertir a los paganos a la fe cristiana.
Envió diplomáticos residentes o transitorios con cualidades diferentes para cumplir misiones diferentes. Debían tener facultades de observación, experiencia y sano juicio. Debían informar acerca de la situación interna de los países y de los problemas que existían dentro de las Cortes ante las cuales estaban acreditados; las relaciones de éstas con otros pueblos; las debilidades que observaran; etc. Bizancio legó al mundo la teoría de que la diplomacia es más bien aliada que enemiga de la fuerza. Sobrevivió mil años con altos y bajos.
Por su parte, en el Imperio de Occidente, después del año 476, cuando Odoacro depuso al Emperador Rómulo Augústulo, no se eligieron nuevos emperadores. La totalidad de Occidente quedó bajo el control de pueblos invasores, los bárbaros, que significaba que no tenían una cultura grecorromana. Encontró a la Iglesia Católica perfectamente bien organizada, cohesionada y asentada territorialmente en toda la extensión del Imperio en desintegración. La Iglesia llenó el espacio de poder y asimiló a los pueblos bárbaros incorporándolos a las sociedades ahora cristianas.
Se expandió el cristianismo. En el siglo VII nació el Islamismo desarrollándose y expandiéndose velozmente. Apareció el Feudalismo y con él el período llamado de la Edad Media.
Edad Media
De los fragmentos del Imperio Romano de Occidente, se fue lentamente construyendo un tipo de relaciones diferentes al emerger una diversidad de centros políticos. La idea del Gran Imperio se mantiene y resucita con Carlomagno en el año 800 con el Sacro Imperio Romano Germánico.
Expresado en lenguaje moderno, el feudalismo se traduce en una descomposición de las funciones del Estado, que se reparten según circunscripciones territoriales de fronteras a veces inciertas. Los titulares de esas circunscripciones, duques, marqueses, condes y señores de toda especie, están unidos por un lazo personal de homenaje, que tiene por finalidad edificar la sociedad a imagen de una pirámide cuya cumbre sería ocupada por el Emperador, heredero del título de Carlomagno (a semejanza también del Emperador Romano).
Sin embargo, ciertos reinos no reconocieron nunca este vínculo supremo. Se podría decir que la Edad Media conoció una sociedad en que los grupos primarios estaban en todas partes a causa de la dispersión de las funciones del Estado, pero no obstante, no estaban en parte alguna en toda su plenitud (Paul Reuter). Excepto dentro de la unidad de la Iglesia.
Pero estas pequeñas soberanías feudales en que estaba constituida la Europa Central también tenían que convivir. Progresivamente fueron desarrollando algún tipo de instituciones que en el fondo sólo tendían a poner algún orden a la anarquía medioeval.
Fue el cristianismo, a través de su expresión terrenal, el Papado, el que ejerció una influencia decisiva en las relaciones interfeudales, llegando a constituirse en un poder supra feudal y supra imperial –sobre el Imperio Romano Germánico– dictando normas que fueron acatadas por Emperadores, Reyes y Señores Feudales.
Los Nuncios, que no eran del tipo de los Heraldos griegos que con voz ampulosa transmitían mensajes a las asambleas de las polis, sino el sucesor del Orador griego, ahora un hábil negociador consciente del gran poder que ostentaba y conocedor de la debilidad y sumisión de la contraparte. Los Nuncios fueron dinámicos agentes diplomáticos que usó el Papado en el medioevo para llegar a las alturas del poder civil. Concertaban alianzas y treguas, declaraban guerras, mantenían controlados a los aliados, efectuaban transacciones financieras (préstamos), cobraban los intereses y deudas, transportaban físicamente los dineros.
La Iglesia cristiana occidental –católica– se convirtió en el legatario residual de la cultura y la civilización romana y en el único canal por donde ella podía llegar a las nuevas sociedades e instituciones que comenzaban a estructurarse en Europa. Fue la única entidad estructurada que mantenía ideas, teorías y una jerarquía depurada y tecnologías superiores en un mundo vacío.
La autoridad de la Iglesia se extendió y reafirmó. La autoridad papal se fortaleció gracias al desarrollo sistemático de las instituciones. El ejercicio de jurisdicciones y, la realización de los Concilios que los Papas convocaron y presidieron, condujeron a consolidar el Gobierno Monárquico de la Iglesia. Algunos de estos Concilios pueden ser considerados equivalentes a los congresos y conferencias internacionales de los tiempos modernos. Contribuyó también el Papado a hacer surgir entre los pueblos cristianos un sentimiento de unidad en torno de la Iglesia.
Desde un punto de vista político, el gran mérito de la Iglesia y del Papado fue que no estaban sujetos a un determinado contexto racial, geográfico, social o político. Exhibían los signos de su desarrollo posterior: ser estrictamente universalista.
Si en el plano político triunfaron las tendencias divisionistas, en el plano espiritual y religioso se mantuvo una férrea unidad.
El Papado pasó a ser la única autoridad y ésta se fue acrecentando en el transcurso del tiempo. El poder y los éxitos alcanzados por el Papado lo pusieron en situación de actuar con más eficacia que cualquier potencia, especialmente a partir del siglo IX.
Algunos ejemplos del poder papal:
• El Papa León III corona a Carlomagno en el 800.
• El Papa Juan VIII ofreció la corona de Lotaringia a Carlos el Calvo y éste la aceptó en el 887.
• Ayudado por el Arzobispo de Reims y 20 obispos, Hugo Capeto asume como Rey en el 987.
• El Papa Silvestre II, en el año 1000, otorga el Reino y la Corona de Hungría al Duque Esteban.
• Con la ayuda del Papa Alejandro II, Guillermo El Conquistador asume el trono inglés en 1066.
• Querella de las investiduras de los dignatarios eclesiásticos. Estalló la lucha entre el Papa Gregorio VII y el Emperador del Sacro Imperio Enrique IV. Triunfó el Papa en 1077 y humilla al Emperador haciéndolo permanecer descalzo y en penitencia por tres días a las afueras del castillo de Canossa antes de recibir su perdón. El Concordato de Worms puso punto final a la contienda.
• Federico I Barbarroja de Alemania forzó al Papa Adriano IV a coronarlo en 1155. Luego ocupó Lombardía y arrasó Milán en 1162 coronándose Rey de Italia por lo que fue excomulgado el 1165 por Alejandro III. Reaccionó Federico expulsando al Papa a Francia y nombró a varios antipapas en Roma. Sorprendido su ejército con una plaga en Roma en 1176 se retiró al norte y fue perseguido por los lombardos. Para evitar el desastre se sometió al Papa Alejandro firmando la Paz de Constanza en 1177.
• Otón IV recibió la corona imperial de manos del Papa Inocente III en 1198 y al año siguiente fue excomulgado por el mismo Papa por invadir territorios papales.
• El Papa Inocente III tuvo príncipes vasallos que además le pagaban tributos anuales como los de Aragón, Portugal, Sicilia, Inglaterra, Irlanda y otros.
• El Papa Honorio III coronó en 1215 a Federico II como rey de Alemania y en 1220 como Emperador.
La autoridad de la Iglesia se orientó también a poner fin a la anarquía medieval. En ese proceso, la humanización de las querellas entre reyes, príncipes y señores feudales y la suavización y limitación de la violencia en las luchas fueron puntos centrales en la normativa del Papado.
Algunos ejemplos de estas normas:
La Tregua de Dios. Sugerida por los obispos en Le Puy en el 990, fue reglamentada en el Concilio de Clermont en 1095 por el Papa Urbano II, animoso promotor de la Primera Cruzada. Su finalidad consistía en prohibir actos de fuerza en fechas determinadas y en sustraer de los efectos de las hostilidades a ciertas categorías de personas. Así se prohibió hacer la guerra entre el miércoles en la tarde y el lunes en la mañana durante Adviento y Cuaresma. No prosperó la misma norma para ser aplicada en Pentecostés. El ideal caballeresco, con su vigencia internacional, encauzó la actividad militar en un sentido más elevado, mediante un código de honor que imponía ciertas formas y limitaciones a la lucha.
La Paz de Dios. Aceptada en el Concilio de Letrán en 1059. Trató de reglamentar la guerra. Dejó al margen de ella a las personas pacíficas, eclesiásticos, niños, mujeres y hombres sin armas. Prohibió destruir las iglesias y sus bienes, los bienes económicamente útiles como instrumentos agrícolas, cosechas, animales, etc.
El Asilo. Es el que acordaba la Iglesia a los fugitivos y tenía lugar en los recintos de las iglesias. Su violación era considerada un sacrilegio.
La Mediación. Se basó en el deber cristiano del consejo fraternal. La jerarquía eclesiástica desempeñó un importante papel para evitar los estragos de las guerras entre señores feudales de menor categoría.
El Arbitraje. El Papa actuaba como árbitro en las querellas reales. También lo hacían monarcas con alto ascendiente moral, como varias veces lo hizo San Luis, Rey de Francia, en el siglo XIII.
Cuando se dicta una norma se debe tener el poder, la posibilidad de hacerla cumplir y penar su infracción. La Iglesia se valió también de sanciones y ellas fueron:
a. La Excomunión. Censura eclesiástica que margina al afectado del sacramento de la comunión y de la comunidad cristiana. Fue usada para defender y consolidar el poder temporal y espiritual del Papado.
b. La Interdicción. Era la exclusión de todo servicio religioso en las tierras del Señor Feudal o del Rey que no respetara los mandamientos y disposiciones de la Iglesia. Afectaba a todos los súbditos del sancionado.
No puede subestimarse estos castigos y sanciones en una sociedad impregnada por una religiosidad sobre la que pendía una autoridad religiosa omnipotente dispuesta a defender su poder y prerrogativas. Era una reminiscencia de las leyes y costumbres romanas en que el castigo del Emperador a un súbdito podía extenderse a los familiares, servidores y amigos. La misma costumbre existió en Japón hasta épocas recientes, en el sentido de incluir a los parientes y amigos en las penas punitivas.
Como ilustración de este poder del Papado se transcribe el texto de la excomunión del Papa Inocencio III, que cita Paul Johnson en su Historia del Cristianismo (pág. 230, edición española de J. Vergara de 1989), dictada contra Markward de Anweiler quien intentó defender las pretensiones de Staufen en Italia y Sicilia durante la minoría de edad de su señor. El texto dice:
«Excomulgamos, anatematizamos, maldecimos y le condenamos, como perjuro, blasfemo, incendiario, como infiel y como criminal y usurpador, en nombre de Dios Padre Todopoderoso, y del Hijo, y del Espíritu Santo, por la autoridad de los benditos apóstoles Pedro y Pablo, y por la nuestra propia. Ordenamos que en adelante quien le facilite ayuda o favor, o le suministre a él y a sus tropas alimento, vestido, naves, armas u otra cosa cualquiera que pueda aprovecharle, sufra la misma sentencia; más aún, el clérigo, sea cual fuere su orden o dignidad, que se atreva a rezar el servicio divino para él, sepa que ha incurrido en la pena que corresponde a un individuo de su rango y su orden».
La concepción teocrática pontifical basada en las enseñanzas de las Escrituras y justificada por el hecho de que el Papa era el Vicario de Cristo inició su elaboración en términos algo vagos y generales con Gregorio VII en la Querella de las Investiduras. El Gobierno Papal sobre el mundo tenía una naturaleza espiritual, porque el Papa era la cabeza universal de la Iglesia y ninguna iglesia podía escapar a la primacía de Roma y también una naturaleza temporal porque estaba investido del gobierno del mundo haciendo descansar su suprema autoridad por intermedio de los príncipes.
Esta teoría fue más elaborada por Inocencio III quien analizó con más precisión la distinción entre las intervenciones religiosas y políticas del Papado. Con una cristiandad romana bajo la suprema autoridad de un omnipotente Vicario de Cristo, una autoridad en la que cada uno tendría su lugar establecido por el orden divino, Inocencio III planificó una perfecta simetría para una síntesis ideológica del siglo XIII en que las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino alcanzaban toda su universalidad. En su intención de legislar para todo el mundo Inocencio III se ganó la reacción contraria de muchos monarcas.
Fue el Papa Bonifacio VIII (1294) quien formuló esta teoría, como doctrina de la Iglesia, principalmente por medio de sus encíclicas Ausculta Fili en 1301 y Unam Sanctam en 1302. Este Papa fue mucho más lejos al afirmar que la cristiandad contemplaba dos espadas, la espiritual y la temporal o material:
«Ambas, la espada espiritual y la espada material están en poder de la Iglesia. La segunda es usada para la Iglesia, la primera por ella. La primera por el sacerdote, la segunda por los reyes y los capitanes, pero según la voluntad y con el permiso del sacerdote. Por consiguiente, una espada debe estar sometida a la otra, y la autoridad temporal sujeta a la espiritual… Si, por consiguiente, el poder terrenal yerra, será juzgado por el poder espiritual… Pero si el poder espiritual yerra, puede ser juzgado sólo por Dios, y no por el hombre… Pues esa autoridad, aunque concedida a un hombre, no es humana, sino más bien divina… Además, declaramos, afirmamos, definimos y pronunciamos que es absolutamente necesario para la salvación que toda criatura humana esté sujeta al Pontífice Romano».
El Pontífice Romano estaba, por lo tanto, por sobre los reyes y reinos. Estos detentaban su poder por delegación, es decir, por investidura del Jefe Supremo de la Iglesia. Era él quien delegaba la espada temporal a los Emperadores y por medio de éstos a los reyes y príncipes. La espada sólo podía ser usada en beneficio de la Iglesia y de acuerdo con los deseos del Papa. Reclamó el Pontífice que era el Papa quien tenía el poder y el control sobre los soberanos en todos los actos de gobierno.
Bonifacio VIII fue la cúspide del poder temporal Papal y de la Teocracia Pontificia.
El Rey de Francia, Felipe IV el Hermoso, en 1303, inició el proceso de desconocer este poder. Apresó a Bonifacio VIII y luego vienen los siete Papas de Aviñon (1303-1377). Luego se desarrollan en Baviera con Luis IV, Emperador del Sacro Imperio, doctrinas contra la Teocracia Pontificia proclamando la absoluta soberanía del Estado sin dependencia alguna del Pontificado, llegando a señalar que la onmipotencia real se extendía también a los asuntos religiosos. La Iglesia calificó estas doctrinas como antipapales. En Inglaterra (1351) se aprobaron los Estatutos de «Provisores» que se orientaban hacia una iglesia nacional que más tarde tomaría cuerpo a partir de la Reforma.
En el siglo XVI se producen acontecimientos que alterarán las relaciones que existieron hasta ese instante y que ponen fin a una época. Hay una renovación del pensamiento por el advenimiento de un nuevo orden desde los puntos de vista filosófico, científico, político interno e internacional.
La Reforma (1517) estremeció las bases mismas de una sociedad que ya había iniciado un proceso de cambios poniendo ahora énfasis en el individualismo y en la libertad de pensamiento.
Surgieron nuevos centros de poder y se produjeron hechos que cambiaron trascendentalmente la configuración social y política de Europa.
Como consecuencia de la Reforma y la libertad de pensamiento, la filosofía ilustrada comenzó a explicar la sociedad mediante la universalidad de la razón y la primacía del individuo produciendo cambios profundos en el desarrollo social de la humanidad. Aparecieron problemas en una escala mucho mayor y afectaron a un número creciente de reinos.
Se desencadenaron sangrientas luchas religiosas que convulsionaron a Europa. Se reforzó la Inquisición. En España y Portugal con sus colonias en América el Santo Oficio desarrolló una actividad represiva contra el cual ni el protestantismo ni ninguna oposición a los monarcas pudo prosperar.
El mar y el colonialismo pasaron a desempeñar un papel de importancia en las relaciones internacionales. El segundo se prolongó hasta fines del siglo XX.
• Hizo crisis el sistema feudal, robusteciéndose el poder real. Dentro del Sacro Imperio, la autoridad de los príncipes se robusteció.
• La navegación hizo aparecer repúblicas y sociedades mercantiles, principalmente italianas (Venecia, Génova, Milán, Florencia) y holandesas.
• Los grandes descubrimientos (para Europa) de territorios y pueblos no conocidos por ella le amplió sus horizontes.
• El establecimiento de imperialismos marítimos, oceánicos y continentales vinieron a sustituir la idea unitaria del imperio. El colonialismo subsecuente con toda su fuerza y poderío, proyectó hacia otros continentes una «cultura europea» que va a ser impuesta por sobre las manifestaciones culturales locales.
Algunos hechos:
• 1453 Fin del Imperio Bizantino. Toma de Constantinopla por los turcos.
• 1492 Llegada de Cristóbal Colón a América e implantación del colonialismo.
• 1492 Reconquista de España por los Reyes Católicos y el consiguiente repliegue del Islam.
• 1517 Reforma de Lutero y Calvino en la Iglesia Católica.
• 1555 Paz de Augsburgo. Carlos V reconoció cierta libertad de culto dentro del Sacro Imperio y una reducción del poder papal.
• 1648 Paz de Westfalia. Realizó un profundo ajuste político-religioso en Europa.
El Tratado de Westfalia puso término a un milenio de poder político del Papado en el mundo occidental. Al decir de Alfred Verdross, formuló una especie de coexistencia jurídico-internacional de Estados católicos y protestantes, con inclusión de los Países Bajos puritanos, la teocracia calvinista de Ginebra, la confederación católico-reformada de Suiza y aproximadamente los trescientos señoríos existentes en el territorio de Alemania, cuya transformación en una laxa confederación de Estados, hace tiempo iniciada, quedó anclada en adelante en un instrumento jurídico-internacional amplio. La Paz de Westfalia contribuyó en cierta medida a la implantación de la idea de tolerancia.
Se reconoció la plena soberanía e independencia de cada monarquía que integraba el Sacro Imperio Romano Germánico. Como consecuencia de este Tratado, el Sacro Imperio quedó completamente debilitado. Se reconoció la independencia de Holanda, Portugal y Suiza.
La formulación del concepto de soberanía es otro de los elementos importantes de Westfalia. Poco antes, el tratadista Jean Bodin (1530-96) escribió en Seis Libros sobre la Comunidad: «soberanía es el poder absoluto, perpetuo que viste a una comunidad. No reside en el individuo sino en el Estado, por ello es perpetuo. Pero es el soberano el que no puede estar bajo cualquier forma sujeto al poder de otro; es él el que hace las leyes para los súbditos, abroga leyes en vigencia y enmienda las leyes obsoletas». (citado por Karen Mingst en Essentials of Internacional Relations).
A partir de este momento comienzan a desarrollarse las sociedades nacionales. Virtualmente nacen los Estados Nacionales y se entra en lo que se ha llamado la Época Moderna.
Época Moderna
Este acontecer dio origen al nacimiento de las sociedades nacionales –los Estados Nacionales– y al «sentimiento nacional», que se opuso a la idea imperial tradicional. La convivencia de estas nuevas sociedades con el desarrollo de sentimientos nacionalistas vino a dar origen a la idea de «lo internacional». Es en esta época cuando verdaderamente nacen las relaciones internacionales.
Este período podría comprender, para situarlo arbitrariamente en el tiempo, entre los años 1492 (llegada de Colón y el inicio del colonialismo en América) y 1815 (Congreso de Viena).
Se le podrían señalar algunas características:
a) Ser una sociedad internacional europea compuesta de Estados europeos. Entre ellos se gesta, junto a un «sentimiento nacional», un sentimiento y un modo de ser «europeo». Es común a todos la influencia de quince siglos de cristianismo que dará un sello diferenciador con otras civilizaciones. El desarrollo del individualismo, racionalismo y libertad de pensamiento dio origen, a un fuerte y acelerado desarrollo en todo orden de actividades materiales y espirituales. Hubo una expansión comercial y un aumento de los intercambios. Un desarrollo de las artes y la literatura que dan una característica particular a esta civilización europea.
b) Ser una sociedad internacional con proyección colonialista e imperialista. El colonialismo abrió en proporciones inauditas el horizonte geográfico y cultural del hombre de Europa. No se alteró por eso el carácter europeo del nuevo sistema de Estados, pues la incorporación de las tierras de ultramar y sus habitantes al mundo político y jurídico europeo se llevó a cabo por la fuerza. Ello, porque la violencia y belicosidad cristiano-europea se enfrentó desigualmente al pacifismo que predominaba en las otras civilizaciones que se conquistaban y que fueron fácilmente incorporadas junto con sus riquezas al mundo cristiano. El colonialismo pasó a jugar un muy importante papel en las relaciones internacionales. Primero en América, luego en Asia y África. Lo lideraron inicialmente España y Portugal, y luego les siguieron el ejemplo con la misma fiereza y violencia en su imposición, Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Inglaterra, Italia y Japón.
Junto al colonialismo se proyectó un imperialismo que tuvo raíces profundas en los pueblos europeos y fue muy apoyado por ellos. Se entiende generalmente por imperialismo la acción de dominación de un Estado sobre otros utilizando poder y fuerza. Hubo una carrera por tomar también el control económico de otras naciones. Así, por ejemplo, a Inglaterra le reportó mayores utilidades el control económico sobre Egipto que las provenientes de su colonia en Australia. Las naciones europeas actuaron imponiendo el colonialismo en nombre del comercio, de la evangelización, de la exploración para extender su poder y dominación a otras latitudes y beneficiarse del mismo.
c) Hubo una interrelación entre las naciones. Hubo guerras, pero también convivencias e influencias recíprocas. Jugó la noción del equilibrio diseñada en Westfalia.
d) El proceso político que vivió Inglaterra en el siglo XVII cristalizó el sistema democrático de Gobierno. Aprobó en 1628 el Derecho de Petición (nadie puede ser detenido sin orden judicial competente); en 1679 el Derecho de Habeas Corpus y en 1689 el Bill of Rights el que, entre otros, consagra las elecciones libres a la Cámara de los Comunes, el rey no puede establecer tributos ni crear ejércitos sin acuerdo del Parlamento, la magistratura debe ser independiente. Inglaterra dio la pauta, en esos años, de lo que hoy son los derechos civiles y políticos del hombre. Este concepto libertario sería llevado a Estados Unidos por los flujos migratorios ingleses en busca de paz y libertad para vivir libremente sus creencias religiosas. Proceso que culminaría en 1776 al consagrar los derechos civiles y políticas en su Constitución. Luego influenciaría la revolución francesa en 1789.
Este período duró hasta el Congreso de Viena, a la caída del Imperio Napoleónico en 1815.
Multilateralización de las Relaciones Internacionales
El Imperio Napoleónico, que chocó con los sentimientos nacionales que se habían venido desarrollando en Europa, a su caída, dio origen a una situación completamente nueva en las relaciones internacionales.
El Congreso de Viena (septiembre de 1814 a junio de 1815) reunió con la pompa y el fasto de la corte de Austria, a 90 representantes de príncipes soberanos, 53 representantes de príncipes dependientes y otros delegados. Nunca se pudieron reunir todos en asamblea plenaria, dado su número y la falta de espacio.
El Congreso de Viena funcionó en comisiones. La comisión principal, llamada de las Ocho Potencias tuvo el papel más importante. La integraban las cuatro naciones victoriosas sobre Napoleón (Rusia, Austria, Prusia e Inglaterra), además de Francia, España, Portugal y Suecia. Las ocho naciones firmaron el Acta General el 9 de junio de 1815 (Tratado de Viena). Las cuatro naciones victoriosas se autodenominaron «grandes potencias» y de allí viene ese término usado hasta hoy para llamar a las potencias dominantes en un momento dado.
En el Congreso de Viena se adoptó la fórmula conocida del «equilibrio europeo» y el «concierto europeo», que intentó instaurar la estabilidad del sistema continental mirando más al pasado. El espíritu de Westfalia estuvo presente. La estabilidad la mantendría un Directorio Europeo formado por los gobernantes de tres «grandes potencias» que basadas en vagas bases cristianas (en nombre de la Sagrada Trinidad) justificarían un derecho de intervención al servicio de la «restauración del orden». Así, los monarcas de la Rusia ortodoxa, de la Prusia luterana y de la Austria católica formarían una Santa Alianza. En 1818 se agregaron Francia e Inglaterra, dando origen a una Pentarquía. La actitud de Inglaterra, con su tradicional política disociadora de cualquier alianza que ella no lidere, le hizo perder la eficacia que sus creadores deseaban imprimir a la Santa Alianza.
Un Protocolo al Acta General o Tratado de Viena afirmaba que cualquier Estado, cualquier soberano, que llamara en su ayuda a la Pentarquía, recibiría el apoyo material necesario. Se buscaba garantizar, a través del equilibrio, la seguridad colectiva de los cinco monarcas, en particular para defenderse y combatir «la alianza fatal» del liberalismo y del nacionalismo.
Al gestarse la Santa Alianza abrió camino a un nuevo concepto en las relaciones internacionales: la búsqueda de una garantía de seguridad internacional, la que se haría efectiva a través de una asistencia material de manera colectiva y se mantendría en el curso del tiempo.
Hay que subrayar entonces la existencia del elemento seguridad (seguridad de los intereses del monarca más que la seguridad del Estado), del elemento asistencia material, del elemento permanencia en el tiempo, todos, factores que se desarrollarán más tarde hasta el día de hoy como concepto de seguridad colectiva internacional dentro de las instituciones y organismos internacionales.
La Santa Alianza fue un intento muy débil para multilateralizar la seguridad colectiva internacional. Pero tiene la importancia de haber sentado precedente en las relaciones internacionales por sus actuaciones políticas y militares concertadas. Algunas de esas actuaciones:
• 1819 En la Conferencia de Carlsbad se decidió ir en apoyo de los príncipes y actuar en contra de los liberales en Alemania.
• 1821 En el Congreso de Laybach se acordó enviar fuerzas a Nápoles para restablecer el Absolutismo.
• 1821 Austria lideró una acción en Italia contra los carbonarios.
• 1822 El Congreso de Verona decidió intervenir en España y terminar el régimen liberal reestableciendo a Fernando VII en el trono. Fue la última reunión de la Santa Alianza.
El intento de restablecer a Fernando VII en el trono español se interpretó como un deseo de apoyar una intervención europea en América para restaurar el dominio español, fue detenido por un Mensaje del Presidente de los Estados Unidos, James Monroe, el 2 de diciembre de 1823. Más tarde, el Senado de los Estados Unidos estimó que la llamada Doctrina Monroe debía mantenerse como una política exclusiva de los Estados de la Unión, y que a ellos sólo les correspondía definir, interpretar y aplicar.
La Santa Alianza desapareció a la muerte de su inspirador el Zar Alejandro I, en 1825.
Pero se mantuvo el espíritu del Congreso de Viena: el compromiso de tratar de manera consensuada, concertadamente, los problemas que surgieran en la convivencia europea. Se le llamó el Concierto Europeo. Los Monarcas pasaban a concertar soluciones de manera colectiva para que tuvieran la fuerza necesaria para su vigencia. Los Estados europeos pasaron a tratar colectivamente, por medio de conferencias, materias que consideraban que les podrían afectar en cuanto fueran una amenaza a la paz.
Hasta 1914 se sucedieron conferencias internacionales, abordando diversos problemas que a juicio de las grandes potencias de la época afectaban su seguridad o sus intereses. A estas conferencias concurrían los propios monarcas. Sólo a partir de 1896 se celebran conferencias con Embajadores como Jefes de Delegación. Algunas de estas conferencias:
• 1830 Conferencia de Londres. Se garantiza la independencia de Grecia.
• 1831 Conferencia de Londres. Se reconoce la independencia de Bélgica
• 1856 Conferencia de París sobre los Balcanes. Turquía ingresa al Concierto Europeo.
• 1878 Congreso de Berlín. Consagra la independencia de Montenegro, Serbia y Rumania.
• Parte de Bulgaria quedó como Principado Vasallo del Imperio Otomano. Se aprueba la Declaración relativa al derecho marítimo.
• 1885 Conferencia de Berlín sobre África. Se repartió el continente africano entre las naciones europeas. Se incorpora Estados Unidos a las Conferencias.
• 1896 Conferencia de Embajadores sobre Creta.
• 1899 Primera Conferencia de La Haya sobre Solución Pacífica de Controversias.
• Creación de la Corte Permanente de Arbitraje.
• 1907 Segunda Conferencia de La Haya con el mismo propósito. Se codificó el derecho consuetudinario de la guerra y la neutralidad.
• 1913 Tratado de Londres sobre el Problema Balcánico y crea el Principado de Albania.
• Junto con estas Conferencias de carácter político se celebraron otros tipos de Conferencias para abordar problemas de carácter técnico derivados de los avances científicos y del gran desarrollo industrial. Estas reuniones terminaron estableciendo las primeras entidades multilaterales, es decir, las que con el tiempo se llamarían los Organismos Internacionales. Ver Capítulo Segundo.
• En 1865, en el Congreso de París, se creó la Unión Telegráfica Internacional. Primera organización internacional.
• En 1874, mediante el Convenio de Berna, se estableció la Unión General de Correos, que desde 1878 se llama hasta hoy Unión Postal Universal.
• En 1878 se estableció la Oficina Meteorológica Internacional.
• En 1883 se creó la Unión Internacional de Protección de la Propiedad Industrial.
• En 1886 se acordó la creación de la Unión Internacional de Protección de Obras Artísticas y Literarias.
• La política europea de las conferencias internacionales para tratar asuntos de su interés colectivo también tuvo sus repercusiones en América. En nuestro continente se iniciaba un proceso de consultas para los problemas regionales y daba origen a la primera organización formal de carácter continental.
• 1889 Primera Conferencia Internacional Americana. Es el antecedente primero del actual Sistema Interamericano. Se crea la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas.
• 1901 Segunda Conferencia Internacional Americana. Da inicio a un proceso de reuniones continentales que van institucionalizando una estructura orgánica del Sistema.
Época Contemporánea
Como la historia occidental estaba centrada en Europa se sostiene que el sistema diseñado por el Congreso de Viena funcionó. Funcionó en el sentido de que pasaron 99 años antes de que estallase una gran guerra general europea. Así puede decirse que el siglo comprendido entre el Congreso de Viena (1815) y la Primera Guerra Mundial (1914) fue el más estable en la historia del mundo occidental desde el punto de vista europeo de las relaciones internacionales. Europa no se vio envuelta en mayores conflictos internacionales, excepto Crimea (1853-6) y la guerra Franco-Prusiana (1870-1).
Las demás guerras internacionales tuvieron lugar fuera del continente europeo. Las mayores fueron la guerra Mexicano-Norteamericana (1846-1848); la Guerra de la Triple Alianza, Argentina, Brasil, Uruguay contra Paraguay (1864-1870), la Guerra del Pacífico entre Chile y Perú-Bolivia (1879-1883), la Guerra entre Estados Unidos y España por Cuba y Puerto Rico (1898), la Guerra Ruso-Japonesa (1904).
Entre Waterloo y el inicio de la Primera Gran Guerra se calcula que no más de dos y medio millones de personas mueren en acciones bélicas.
Sin embargo, los cuatro años de la Primera Guerra Mundial dejaron un saldo de 20 millones de muertos.
Los seis años de la Segunda Guerra dejaron 50 millones de muertos y 35 millones de lisiados.
La Primera Guerra afectó a todos los continentes. Por ello se la ha calificado de Mundial. Transformó profundamente a la sociedad internacional. Surgió una nueva escala de valores que comenzó a imponerse y a influir en la convivencia internacional. Un hecho inédito hasta ahora en la historia es la influencia que pasaron a tener los regímenes políticos democráticos. Los Parlamentos comenzaron a ser escuchados y sus deliberaciones tenidas en cuenta.
Nuevos valores e ideas políticas se venían elaborando y desarrollando desde fines del siglo XIX principalmente en América. Se abogaba por el arbitraje obligatorio, por el no uso de la fuerza, por el rechazo al colonialismo en América, por una mayor transparencia en la diplomacia, por una mayor autodeterminación de los pueblos y su participación en la vida política como esencia de la democracia. Políticos americanos y europeos elaboraban iniciativas para ordenar el mundo después de la conflagración mundial.
Un exponente de los nuevos valores en la política internacional fue el Presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson. En su Mensaje al Congreso norteamericano el 8 de enero de 1918, en su parte final, expuso su pensamiento acerca de cómo veía la organización de la sociedad internacional de post primera guerra, a través de sus 14 puntos (Ver Capítulo IV).
El principio de la solución pacífica de las controversias pasará a ser incluido en el Pacto de la Sociedad de las Naciones, reiterado en la Carta de Naciones Unidas y en los instrumentos constitutivos de varias organizaciones regionales como elemento básico para el mantenimiento de la paz.
El principio de la igualdad de los Estados, fundamental para las nuevas relaciones internacionales contemporáneas y para el establecimiento y funcionamiento de las organizaciones internacionales. Es un principio que continúa teniendo dificultades para su plena y total aceptación y aplicación. Se debate ampliamente su naturaleza jurídica. Esta igualdad que se proclamaba no
