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La Ética y la Transparencia: desafíos frente a las contrataciones públicas opacas, la corrupción y el clientelismo en países de América Latina
La Ética y la Transparencia: desafíos frente a las contrataciones públicas opacas, la corrupción y el clientelismo en países de América Latina
La Ética y la Transparencia: desafíos frente a las contrataciones públicas opacas, la corrupción y el clientelismo en países de América Latina
Libro electrónico288 páginas2 horas

La Ética y la Transparencia: desafíos frente a las contrataciones públicas opacas, la corrupción y el clientelismo en países de América Latina

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El propósito de este trabajo de investigación es abordar los conceptos de: ética pública, transparencia y corrupción gubernamental, observados desde el efecto prismático de la opacidad y el combate contra las prácticas ilícitas, en contraposición a la responsabilidad en la función pública, y más específicamente, respecto a la ética en las contrataciones públicas.
IdiomaEspañol
EditorialEditora Dialética
Fecha de lanzamiento18 sept 2024
ISBN9786527033752
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    La Ética y la Transparencia - Kathia Lee Duque

    Capítulo Primero

    Conceptos y fuentes de la ética y la transparencia

    "Sin información no hay transparencia,

    y sin ésta no es posible el control, y

    sin el control no se puede exigir,

    y por tanto no hay democracia".

    José Canales Aliende¹⁰

    Al proponer la temática de contrataciones públicas, a lo primero que se dirige la mente es al concepto de transparencia. Pero también surge su antítesis¹¹, la corrupción.

    Conforme algunos autores como la Dra. Eneida Torres de Durand, Directora Ejecutiva del Centro de Gobernanza Pública y Corporativa, San Juan, Puerto Rico:

    la transparencia es algo más que la antítesis de la corrupción. Es un principio de política pública, una actitud, una filosofía que guía la conducta de los funcionarios públicos, propicia el crecimiento económico y el desarrollo social, y en definitiva constituye el mejor antídoto de la corrupción¹².

    Inclusive, de acuerdo con los autores Florina Guadalupe Arredondo Trapero¹³, Jorge de la Garza García¹⁴ y José Carlos Vázquez Parra¹⁵, señalan que:

    … se entiende que la transparencia es la antítesis de la corrupción, donde el acto corrupto es por naturaleza un acto no transparente. Con relación al vínculo entre transparencia y corrupción, de acuerdo con Argandoña (2003), este problema en el ámbito público ha sido ampliamente explorado en la literatura¹⁶.

    La transparencia es el concepto contrario a la corrupción. Al tenor de lo reseñado por Hernández Gómez (2018), la corrupción se define como «toda violación o acto desviado, de cualquier naturaleza, con fines económicos o no, ocasionada por la acción u omisión de los deberes institucionales, de quien debía procurar la realización de los fines de la administración pública y que en su lugar los impide, retarda o dificulta»¹⁷.

    Es delicado y comprometido concebir un sistema de contrataciones públicas reflejado por el antagonismo de los principios éticos y más aún, aislado de la transparencia.

    La Dra. Alma Montenegro de Fletcher, Directora del Centro de Políticas Públicas de la Universidad de Panamá, manifestó que:

    La corrupción como antítesis de la ética, representa el acuerdo entre un funcionario público y un particular en razón del cual, el primero acepta del segundo, una prestación no debida, por un acto relativo al ejercicio de sus atribuciones.

    El funcionario que se hace corromper y el particular que lo corrompe, no comenten dos delitos distintos, sino que son autores del mismo ilícito penal. La corrupción es una sola, aún si los autores son necesariamente dos o más personas. Este principio plasmado por la legislación panameña en el artículo 334 del Código Penal que prevé las mismas penas para el servidor público corrupto y para el particular corruptor, tiene plena justificación en el plano moral, pero en la práctica resulta de difícil aplicación, por no decir imposible.

    La transparencia: Va asociada a toda gestión que el estado durante el ejercicio del poder de todo gobierno debe existir¹⁸.

    Continúa alegando la Dra. Fletcher, que en su carácter de antítesis de la ética y/o probidad, la corrupción representa el abuso funcional y la ilicitud de los beneficios, y su fin lo constituye la utilidad, tanto del funcionario que se hace corromper (soborno pasivo), como del particular que da o promete (soborno activo), quien con el acto de corrupción tiende a obtener un beneficio ilícito en detrimento de la administración pública, es decir, todo acto que realiza el funcionario al margen de la ley es la descomposición del funcionamiento del engranaje gubernamental¹⁹.

    En el mismo tomo de la Revista Horizonte Ético, el Mgtr. Roberto Palacios, Profesor Titular Universidad de Panamá en su escrito, "Ética y transparencia en la administración pública", enuncia que:

    …la visión de la ética es causa y efecto de la transparencia en la administración pública, que rinde y promueve el beneficio del comportamiento responsable de los gestores. En virtud de ello, la ética pública promueve el desarrollo social y facilita la construcción social sobre una plataforma de administración pública relevante para los stakeholders, en función de los cuales se implanta una nueva cultura de servicio público. No es posible hoy hablar de un gobierno transparente sin equidad, en todo sentido, pues la equidad trae como resultado niveles más armoniosos de interrelación humana que redundan en beneficio de una administración pública sujeto y objeto de dicha equidad".

    En el marco de la administración pública, la transparencia es un mecanismo que previene actos de corrupción y que permite a la ciudadanía conocer el funcionamiento interno de las instituciones y cómo se manejan los fondos que éstas reciben. La transparencia hoy día es una de las principales exigencias de la ciudadanía en relación a los responsables políticos, a los actores y gestores económicos, y a los jerarcas y funcionarios administrativos²⁰.

    Sin embargo, en la actualidad, "una de las prioridades en las agendas de los gobiernos y, a su vez, uno de los elementos que suscita mayor interés mediático, es la transparencia pública"²¹. Aunque los países latinoamericanos son los que más promulgan la lucha contra la tergiversación del proceso encauzado a la corrupción, creando y formulando cánones para garantizar, mediante la normativización de la transparencia en las contrataciones públicas. Asimismo, afloran paradójicamente, como los países en donde sus gobernantes son los más cuestionados por actuaciones en esa materia.

    De hecho, la corrupción bajo algunas circunstancias se encubre detrás de la ineficiencia administrativa, o bien se beneficia de ella. Por lo cual, a su vez, una administración pública transparente, eficiente y eficaz puede reducir los riesgos de falta de integridad y es una condición para implementar de manera efectiva reformas destinadas a prevenir la corrupción instituyendo en las organizaciones una cultura ética, avocada a que los servidores públicos hagan lo correcto.

    En nuestros países donde la sociedad es tan diversa, en creencias, ideologías y culturas, la ética, principalmente en el área de la contratación pública es determinante. De allí, que la ética haya revivido en este siglo convirtiéndose en pieza clave del engranaje al constituirse como una herramienta valiosa, para la vida pública, en el combate a la corrupción. Aunque se le critica que, en algunas ocasiones, se espera que sea una receta mágica para la gestión

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