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Desocupados y perniciosos: Estudio sobre la vagancia en Jalisco en el siglo XIX
Desocupados y perniciosos: Estudio sobre la vagancia en Jalisco en el siglo XIX
Desocupados y perniciosos: Estudio sobre la vagancia en Jalisco en el siglo XIX
Libro electrónico231 páginas4 horas

Desocupados y perniciosos: Estudio sobre la vagancia en Jalisco en el siglo XIX

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En el intrigante tejido social y legal del siglo en Jalisco, Miguel Isais presenta un fascinante análisis sobre la vagancia en un periodo crucial de transformación. Desde 1867 hasta 1886, el autor desentraña el tema, yendo más allá de la ociosidad para abordar prácticas consideradas como malvivencia. En este estudio, Isais destaca la preocupación tanto social como jurídica hacia aquellos que desafiaban las normas económicas y cívicas de la época, revelando la persecución no solo hacia aquellos considerados como holgazanes, sino también hacia quienes usurpaban las profesiones, como los falsos médicos o los seudo abogados, también conocidos como tinterillos o huizacheros. Desocupados y perniciosos sumerge al lector en la transición legal de Jalisco, desvelando la coexistencia de leyes liberales y tradicionales antes de la promulgación de códigos penales. El autor describe detalladamente los procesos jurídicos existentes, ofreciendo una comprensión profunda de la aplicación de la ley y destacando la importancia del concepto de buena o mala fama en las decisiones judiciales.
IdiomaEspañol
EditorialEditorial Universidad de Guadalajara
Fecha de lanzamiento9 jul 2024
ISBN9786075812144
Desocupados y perniciosos: Estudio sobre la vagancia en Jalisco en el siglo XIX

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    Desocupados y perniciosos - Miguel Ángel Isais Contreras

    Desocupados_y_pernicios_forros_Ebook.jpg

    Isais Contreras, Miguel Ángel, autor

    Desocupados y perniciosos: estudio sobre la vagancia en Jalisco en el siglo XIX / Miguel Ángel Isais Contreras; prólogo Elisa Speckman Guerra. -- 1a ed. – Guadalajara, Jalisco: Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Tonalá: Editorial Universidad de Guadalajara, 2024

    (Monografías del Centro Universitario de Tonalá).

    Referencias bibliográficas p. 140-151.

    ISBN 978-607-581-214-4

    1.Vagancia-Jalisco-Historia-1867-1886 2. Jalisco (México)-Historia-1867-1886 3. Clases sociales-Jalisco (México)-Historia-1867-1886 4. Política social-Jalisco (México)-Historia-1867-1886. I. Speckman Guerra, Elisa, prólogo II. t. III. Serie

    972.350 8 .I74 DD23

    F1296 .I74 LC

    NHK Thema

    Colección Monografías

    del Centro Universitario de Tonalá

    Índice

    Agradecimientos

    Prólogo

    Elisa Speckman Guerra

    Introducción

    1. La legislación: de la persecución a la vigilancia

    2. El discurso y la figuración en torno a la vagancia

    3. La administración de justicia. Errantes, falsos y desocupados ante la defensa del honor

    Conclusiones generales

    Referencias

    Agradecimientos

    El presente libro es el resultado de una investigación que culminé entre 2008 y 2010 como parte de una tesis de maestría en Historia de México desarrollada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. En dicho momento conté con el apoyo de la doctora Elisa Speckman Guerra, a quien agradezco la dirección de esa tesis. Su desarrollo tampoco hubiese sido posible sin la beca recibida por el Programa de Becas de Estudios de Posgrados de la UNAM.

    Algunos fragmentos de esa tesis fueron publicados en otro momento a manera de capítulos en obras colectivas y artículos de revista; sin embargo, gran parte de la investigación se mantuvo inédita. Misma que ahora se presenta y se actualiza con los últimos debates relacionados al tema de la vagancia en México y Jalisco.

    De la misma manera, deseo agradecer al Centro Universitario de Tonalá por haber facilitado la edición del presente libro a través del Fondo de Apoyo a la Producción Editorial 2022, del cual fue beneficiado. Mucho agradezco también las valiosas sugerencias y comentarios recibidos de los investigadores que dictaminaron el texto, lo cual me permitió integrar elementos en función de una obra editorial extensa.

    En su momento y hasta la fecha he contado con el apoyo de amigos y colegas con quienes, más allá de discutir temas sobre el delito y la transgresión, comparto muy gratos diálogos y experiencias. Aquí debo mencionar a Jorge Alberto Trujillo, Federico de la Torre, Sergio Valerio, Pedro Cázares, Graciela Flores, Sebastián Herrera y Marco León.

    Sin el apoyo de mi familia tampoco hubiese sido posible emprender aquel proyecto. Agradezco a mis padres y hermanos por su tolerancia y comprensión; en especial a mi madre, Gloria Esther, quien no alcanzó a ver concluido este trabajo. Finalmente, a Laura Benítez y a Rodrigo Canek por su amor, paciencia y compañía; por ayudarme a concluir este proyecto y a vivir cada día con un propósito firme.

    Prólogo

    Elisa Speckman Guerra

    Vago actualmente se define de varias maneras: se utiliza como sinónimo de la palabra holgazán o perezoso, refiriéndose a alguien poco afecto al trabajo, o bien, remite a una persona sin oficio y mal entretenida (Diccionario de la Real Academia Española). En este original y relevante estudio sobre la vagancia en Jalisco, entre 1867 y 1886, Miguel Isais la define como una categoría social y jurídica casi exclusivamente masculina y en especial asociada a los jóvenes o aquellos que estaban en una edad en la que debían estar ejerciendo algún oficio u ocupación constante (p. 25).

    En efecto, durante el siglo XIX, en México inquietaban las personas que no mostraban inclinación al trabajo o que no tenían un oficio. Preocupaban más quienes no contaban con otros medios de ingreso y subsistían de la caridad, siendo vistos como parásitos sociales, contrarios a la imagen del progreso y propagadores de enfermedades. Más preocupaban aquellos que no tenían impedimento mental o físico para trabajar, pues se consideraba que afectaban a la sociedad de forma económica (no solo no contribuían a la economía sino que además contrariaban el ideal de laboriosidad) y cívica (no solo no aportaban al bien común, sino que eran contrarias al ideal de ciudadanía). Si pudieran establecerse niveles, preocupaba todavía más la malentretención o la malavida, es decir, las personas que carecían de un trabajo o de una forma honesta de vida en la que además, sin llegar a cometer actos considerados como delitos y sancionados penalmente, subsistían mediante actividades consideradas como tramposas, ilícitas, inmorales o deshonestas.

    Me refiero al México del siglo XIX, pues imaginarios y preocupaciones en torno a la vagancia cambian según la época y el lugar, como también varían las personas que son consideradas como vagas o vagos. En el saco de la vagancia han entrado un número variable de grupos y estos han sido diversos. Por lo general, se incluyen en el grupo los mendigos con capacidad de trabajar, pero no siempre los desempleados de forma temporal o los individuos dedicados a actividades como el comercio ambulante, el circo o la venta de medicamentos tradicionales. O bien, no siempre el concepto de malvivencia se identificó con la categoría de vagancia, pero así ocurrió en algunas épocas, cuando regentes de sitios de juegos, proxenetas, matronas o prostitutas, por mencionar algunos casos, también eran vistos o vistas como vagos ya que no contaban con un medio de vida considerado como honesto.

    De ahí la relevancia de los estudios particulares sobre regiones y etapas específicas. Miguel Isais lo hizo, de manera acuciosa e inteligente, para el estado de Jalisco en un periodo breve pero significativo y pleno de cambios: inicia con la expedición de la ley contra vagos y bandidos de 1867 (expedida en reacción a la inseguridad resultante tras décadas de guerra civil e intervenciones extranjeras) y cierra prácticamente con la promulgación del primer Código Penal del estado.

    El autor de Desocupados y perniciosos precisa que en el Jalisco del siglo XIX, en la categoría de vagos se incluía a falsos mendigos, ebrios consuetudinarios y tahúres, así como a un grupo especial: las personas que ejercían una profesión sin contar con la formación exigida para hacerlo, entre ellos, tinterillos o huizacheros (quienes litigaban en tribunales) o curanderos (quienes ejercían la medicina). En sus palabras, la cuestión no solo fue perseguir a holgazanes, ociosos e indiciados de ladrones, sino, además, defender el ejercicio de las profesiones honestas. Así, la exigencia de un título profesional contemplada en la legislación, estuvo acompañada por sanciones, también legales, a los usurpadores que se presentaban como profesionistas certificados. Lo anterior, por supuesto, es particular —aunque no exclusivo— del escenario estudiado.

    Igualmente cambiantes que los grupos vistos como vagos, han sido los imaginarios y temores en torno a ellos. En algunas etapas se les percibía esencialmente como propagadores de enfermedades, en otras como lastres sociales y antítesis de la ciudadanía y, en otras, como criminales en potencia. Y, por ende, también han variado las propuestas formuladas para corregir a los vagos: desde la deportación decretada por autoridades administrativas, hasta el internamiento temporal, ordenada por juzgadores, en establecimientos correctivos dotados de talleres y escuelas. En el caso de Jalisco, como señala Miguel Isais tras un esmerado análisis de expedientes judiciales, casi la mitad de los procesados por vagancia fueron condenados y, entre las sanciones, privaron la deportación, el trabajo en obras públicas o el servicio en el ejército.

    Resulta sumamente interesante, en la obra de Miguel Isais, el acercamiento al derecho y a la justicia. Como dije, analiza un periodo breve pero significativo, 1867 a 1886. Es decir, aborda los años inmediatamente previos a la codificación o los años finales de la etapa de transición dentro de la historia del derecho. En palabras de la historiadora del derecho María del Refugio González, se trata todavía del periodo del derecho de transición, en el que coexistían y se aplicaban tanto leyes mexicanas de carácter liberal y moderno, como cuerpos hispanos propios del derecho tradicional. El proceso de transición culminó con la expedición de códigos, relativos a cada rama del derecho y que contemplaban toda situación que se le pudiera presentar a los jueces. Dado que México tardó varias décadas en promulgar códigos penales, los cuerpos hispanos suplían los vacíos no cubiertos por leyes mexicanas. La convivencia tenía un carácter de transición, pues las normas mexicanas paulatinamente desplazaban a las hispanas, entre ellas, el decreto de 1867, que si bien contenía previsiones precisas para la vagancia y servía como ley de fondo, funcionaba en el marco de un proceso penal no codificado y quedó derogado pocos años después, en 1885, por un código penal que atribuyó a la vagancia un diferente significado y alcance, sancionando exclusivamente la malavida asociada a la vagancia.

    Con la finalidad de dar cuenta de esta interesante pero compleja etapa en la historia del derecho y la justicia, el autor ofrece un amplio estudio del derecho vigente, que por tratarse de una etapa de transición considera el derecho del antiguo régimen y la Constitución de Cádiz y, para México y Jalisco, constituciones, leyes y, finalmente, los primeros códigos penales y procesales. El análisis prosigue con una reconstrucción de los discursos en torno a la vagancia, basado en el examen de obras, relatos, periódicos y revistas publicados en la capital estatal, Guadalajara (comparados y complementados con publicaciones de la Ciudad de México).

    Solamente a la luz de este momento y proceso puede comprenderse la concepción y funcionamiento del tribunal competente para juzgar la vagancia en el Jalisco de la época. Los vagos eran procesados en un juicio por jurado, una institución propia del modelo liberal, que ensalzaba la participación popular en las diferentes esferas del gobierno. El Tribunal de Vagos jalisciense debía conformarse por cinco personas que no tenían que contar con formación jurídica, debían tener más de 25 años, saber leer y escribir, así como mostrar buenas costumbres y probidad conocida . Eran sorteados entre un padrón constituido por al menos cincuenta vecinos y, salvo excepciones, no podían excusarse. Como otras instituciones del momento de transición, tanto leyes como tribunales presentan elementos propios del modelo liberal y característicos a todo tribunal por jurado (como ya lo mencioné, la participación como despliegue de la soberanía del pueblo, igualdad y freno a posibles arbitrariedades por parte del poder administrativo), así como un elemento tradicional, a saber, una exhortación previa a los integrantes del jurado, a quienes se les advertía que de ceder al cohecho o a motivos ilícitos responderían ante la ley; no obstante, también presenta remanentes tradicionales, en este caso, a la indicación inicial se sumaba la conminación a actuar conforme a su conciencia cristiana y con ello honrar su responsabilidad ante Dios. Por ende, en una etapa ya inmersa en la secularización, a los miembros del jurado se les hacía responsables ante la ley pero todavía, también, ante la autoridad divina.

    Sin poderme extender en la mención de todos los aspectos que resultan interesantes en la obra de Miguel Isais, dejo a cada uno de los lectores la grata tarea de encontrarlos dentro de una obra que puede leerse desde planos diversos. Me limito a mencionar un último aspecto: el cuidadoso análisis de los procesos y las sanciones, estudio que no siempre acompaña al análisis legislativo y que resulta imperante no solo para conocer el fenómeno de la vagancia sino incluso para entender en cabalidad a la ley misma, que cobra significado al momento de aplicarse. El autor recurrió al Supremo Tribunal de Justicia de Jalisco y analizó más de cien expedientes judiciales del ramo criminal, así como al Archivo Histórico de Jalisco, en el que revisó documentos que certifican el envío de vagos al servicio de las armas en el ramo de guerra y documentos de los ramos de beneficencia y seguridad pública. Gracias a ello, da cuenta de la importancia y extensión del concepto de buena o mala fama en el caso de la vagancia. Un concepto sumamente interesante y que remite al amplio arbitrio judicial y a una categoría tan flexible y maleable como la vagancia misma. La mala fama servía como elemento de peso en las decisiones judiciales. Tomo un ejemplo de la obra: un albañil, Víctor González, fue aprehendido y procesado, si bien el enjuiciado argumentó ser hombre de bien, tanto el comisario como el juez se basaron en la fama que tenía en todo el pueblo por sus robos y malos hechos y, como lo expresó el segundo, por la fama pública se le condenó a ocho meses de trabajos forzados por vago y ladrón.

    Se trata entonces de un trabajo que contempla múltiples aristas de la vagancia y que, por ello, permite leerse desde diferentes ángulos y permite acercarse a diferentes aspectos del pasado, entre ellos, el social, normativo, judicial y cultural. Un trabajo que dialoga con trabajos para otras regiones de México (como los de Sonia Perez Toledo, José Antonio Serrano y Vanessa Teitelbaum, o los más recientes de Jorge Castillo Canché, Patricia Pérez Munguía y Jorge Alejandro Pesina, pero que sitúa las particulares temporales y regionales de la vagancia en Jalisco durante el siglo XIX, cubriendo una laguna en la historiografía.

    Actualmente Jalisco es puntero en los estudios sobre la transgresión, criminalidad, justicia y castigo. Se cuenta con un rico cúmulo de estudios regionales, que se suman a los realizados para la Ciudad de México (que en un primer momento predominaban sobre los de otras localidades) y a los más recientes sobre otras ciudades o regiones del país (aunque faltan muchas por estudiarse) y que, en conjunto, brindan la posibilidad de acercarse a una perspectiva nacional. Sin duda, Miguel Isais se cuenta entre los principales representantes de este desarrollo de la historiografía jalisciense y Desocupados y perniciosos es un ejemplo de ello.

    Introducción

    En fechas recientes, los últimos gobiernos de México han adquirido distinta posición en torno a la desocupación de la juventud, sobre todo por su inclinación con el delito o el crimen organizado. Algunas veces calificados como ninis (acrónimo formado por la sentencia ni estudia, ni trabaja), los jóvenes en esta situación han tenido realmente pocas expectativas de trabajo y de estudio, pues entre ellos ha sido constante la desocupación, la migración, la informalidad, la subcontratación y el enganche con organizaciones criminales.

    Aunque se han implementado políticas que buscan la inclusión, el desarrollo y el emprendimiento entre los jóvenes, los recursos y programas de apoyo (becas o créditos) no han terminado de ser lo suficiente. Lo que interesa resaltar es que la política pública de los últimos sexenios ha buscado casi de forma mantenida la incorporación de los jóvenes no solo como una forma de coadyuvar el desarrollo de un amplio sector de la población, sino además para evitar que caigan en el desempleo, la informalidad y el crimen. Para lograrlo, los mecanismos de reincorporación o reinserción se han ofrecido de forma voluntaria

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