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Diez minutos para soñar
Diez minutos para soñar
Diez minutos para soñar
Libro electrónico170 páginas3 horas

Diez minutos para soñar

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Información de este libro electrónico

Diez minutos para soñar relata la historia de una adolescente rusa llamada Marina. La cual sufrió un enorme acontecimiento en el amor que casi la hace morir en una nevada noche de Rusia, conocerá a su gran amiga Irina, con la que se apoyarán mutuamente en esta etapa tan caótica como lo es la adolescencia. Conocerá a Ósip, el joven que le hace dudar si valdrá la pena una vez más enamorarse, sin saber que los problemas de amor van más allá de los propios sentimientos. El dolor del amor incrustado en su apellido, el cual fue heredado por su padre.

IdiomaEspañol
EditorialKepler & Roses Editorial
Fecha de lanzamiento29 ene 2024
ISBN9798227243997
Diez minutos para soñar

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    Diez minutos para soñar - Londrain

    Diez minutos para soñar

    LONDRAIN

    Cubierta: © Londrain

    © DDI, Chile, 2024

    © Londrain libros

    Ninguna parte de esta publicación, incluida el diseño de la portada, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio; sin permiso previo del escritor.

    Si mi corazón deja de latir, espero que el tuyo lo haga por mí.

    Prólogo

    Lugar desconocido - 19:06 

    Sentía sus latidos entre mis pechos, me movía encima de su entrepierna, quería que me sintiera por completo y que para los dos la primera vez fuera inolvidable.  Él me besaba el cuello, me apretaba fuerte la cintura, sus movimientos y los míos iban de par en par, una sincronía de dos almas gemelas.

    Un beso, un roce, unos latidos de dos tontos enamorados. Me abalanzó contra la cama, nuevamente se acercó a mi boca, sentía su lengua enredarse con la mía.  Estaba muy mojada, él lo sabía, por eso llevaba su mano ahí abajo, me tocaba, como había tocado a tantas antes. Lo había olvidado, no era nuestra primera vez, solo era la mía, él ya había tocado a mucha antes, él había besado a muchas antes, él no era como yo, pero eso no importaba, aunque me diera celos, quería que esta vez lo hiciera conmigo, quería que me tocara, que me besara, quería sentirlo en todo mi cuerpo y que me hiciera todo lo que hizo con esas otras mujeres. 

    Me acerqué a su oído, lentamente, con mis labios mojados, mordí su oreja y con una voz lenta al igual que excitada le dije:

    —Mastúrbame. 

    Me miró con una cara de no querer hacerlo, con una expresión de lo haré cuando yo quiera Era un hijo de puta muy cruel, pero realmente me gustaba y que me hiciera sentir más ganas de él, para mí era aún mejor. 

    —Marina, cállate.

    Juntó mis dos muñecas y tiró mis brazos hacia arriba, me tenía dominada, me tenía solo para él. Amarró mis dos manos con un colet, dio dos vueltas, se mordió los labios, sentía que el corazón se me iba a salir en cualquier momento.

    —Acércate a mis labios.

    Estaba encima de mí, no podía hacerlo, apenas me podía mover.

    —¿Para qué me dices eso?, sí sabes que no puedo hacerlo, realmente amas que te desee, ¿no?

    Puso sus labios en mi odio, sentía como no era la única que estaba agitado por la situación.

    —Adoro que me desees, que para ti solo sea yo, que todos los que hayan tenido ganas de ti, nunca hayan podido tocarte.

    Volvió a lamer mi cuello, hasta llegar a mi boca, mordí sus labios, sabía que le dolía, pero no me decía nada. Sacó sus labios, vi cuando empezó a salir sangre por ellos, parecía no importarle, puso su mano en mi cuello; eso me excitaba más. Quería que se mojara sus dedos cuando me tocara por completo, quería que me follara, quería todo eso que sabía hacer tan bien. Quería estar con él hoy, mañana, quería estar con él más de diez minutos.

    Niazepetrovsk,  Óblast de Cheliábinsk, Rusia – 4:10

    —¡Marina, Marina!, es hora de levantarse.

    —¿Eh...?

    —Abre esos ojos, hija, ya es hora de levantarse, te he dejado tu ropa en la silla, ¿qué quieres comer para desayunar?

    No podía creer que la noche a veces pasara tan rápido, es como un pestañeo, un pestañeo que me daba más sueño del que tenía antes de dormir. Aun así, no podía hacer nada contra el tiempo.

    —La verdad no tengo hambre, mamá.

    —¿Estás segura?, estás adelgazando más de lo que quisiera, Marina, pero no puedo obligarte a comer. Te esperaré en el auto, no demores como todos los días, por favor.

    Ella se fue y yo tenía que levantarme, al menos hoy volverían las clases después del receso que habíamos tenido, la nieve a veces es muy complicada en Rusia, siempre me he preguntado cómo es allá afuera, hay países en donde la mayor parte del tiempo está soleado.

    Froté mis ojos para sacarme un poco el sueño, probablemente tendría cara de muerta, tenía mucho sueño. Iba poniéndome con descoordinación cada prenda, bueno, solo los calcetines, primero debía ir a lavarme la cara.

    Tomé las pantuflas que tenía debajo de mi cama y fui en dirección al baño, no alcanzaba a bañarme, tampoco lo necesitaba, lo había hecho ayer y seamos sinceros; tampoco tenía un novio para hacerlo diariamente, nadie me iba a oler, aunque me gustaría que alguien lo hiciera, ¡dios! Mis comentarios eran tan extraños a veces.

    La mayor parte de mi demora cada mañana era la de quedarme mirando frente al espejo, aunque dependía de mi autoestima cómo me encontrara, tenía pecas, no pocas, pero tampoco en exceso. Mi piel era blanca, realmente se notaba que el sol salía pocas veces, ¿mi pelo era como un hongo?, algo así le decían mis compañeras.

    Aunque el color era bonito, castaño claro, brillaba de vez en cuando, la verdad tal vez mi mamá sí tenía razón, estaba adelgazando, aunque creo que para mi estatura estaba bien.

    Media 1.56 y pesaba 51 kilos, en tanto mis pechos seguían sin desarrollarse, bueno, solo un poco.

    No estoy segura si los pechos pequeños llaman la atención de los chicos de mi edad, ¿y los míos serán lindos?, a mi me gustan, aunque no creo que mi opinión cuente. Tengo mil dudas, siempre me había comparado con las chicas de las revistas, de los programas de televisión o las modelos que también veía en ocasiones, sabía que no tenía que hacerlo; sin embargo siempre lo terminaba haciendo.

    Me seguía mirando al espejo, realmente no estaba conforme con mi cuerpo. Incluso mis cejas, eran muy marcadas, no eran finas, la mayor parte del tiempo trataba de ocultarlas con mis chasquillas. Creo que hoy será un largo día, no ha empezado bien.

    Me mojé la cara, tenía cosas para maquillarme, aunque no las ocupaba, la verdad es que no me llamaba la atención.

    Saqué la peineta para llevarla en el camino, vivíamos muy lejos de mi escuela, casi dos horas en llegar hasta ese lugar, podría irme cepillando en el camino.

    Me lavé los dientes, hice mis necesidades y salí del baño, era hora de ponerme la ropa, me desvestí rápidamente y de igual manera me puse mi uniforme, una camisa blanca,  falda, al igual que pantimedias. Hoy haría frío como la mayor parte del invierno.

    —¡Marina!

    Mamá llamaba, debía apurarme, ya iban a ser las 5:00 de la mañana. Tomé mis cuadernos y los guardé en la mochila, creo que no llevaba lápiz, no importaba, Irina me prestaría uno. También guardé en mi mochila una ushanka, me cuidaría del frío en la cabeza. Salí de casa, el viento levantaba el polvo combinado con nieve, la calle estaba hecha de tierra y siempre que nevaba se hacía una extraña mezcla.

    Mamá esperaba fuera del auto.

    —Toma hija.

    —¿Qué es esto?

    —Chocolate.

    —Oh, gracias, lo guardaré para comerlo con Irina.

    Mamá siempre me había querido dar todo, incluso cuando no se lo dijera, después de que murió papá, se obligó a buscar una forma de sustentar a la familia y encontró aquel trabajo usando el auto. Hacía pedidos, llevaba a gente, trabajaba todo el día, excepto cuando tenía que ir a buscarme y a dejarme a la escuela, eran sus horas sagradas. Me amaba, incluso más de lo que podía entender, aunque ya sabíamos quien era el preferido.

    —Hola, Marina, ¿todo bien allá abajo?

    Hice una expresión de molestia.

    —¿Sabes, Pavel?, después de hacer ese chiste cincuenta veces a la semana, se pierde la gracia.

    —Te sigues molestando, eso quiere decir que sigue funcionado, eres una gruñona, por eso no tienes novio.

    —No necesito a nadie, puedo hacer todo yo, sin ayuda de un hombre, ¡estúpido señor jirafa!

    Escuché a mamá soltar una pequeña carcajada.

    Entramos todos al auto, yo iba atrás, mamá iba junto al estúpido Pavel. Era molestoso, engreído, aunque trabajaba, al menos hacía algo bueno en casa.

    Sin embargo, nunca lo perdonaré por haber cogido con Yelena en mi cama, por favor, ¿realmente era necesario haberlo hecho en mi cama? Él tenía la suya, no era mi culpa que quedara un poco más lejos.

    Aún recuerdo ese momento, mamá no estaba en casa y se escuchaba desde la puerta de entrada como gritaba Yelena, ¡dios, esa perra estaba loca! Ni cuando me vieron dejaron de hacerlo.

    Me daba asco recordarlo, pero como sea, quedaba un largo camino, seguíamos en Niazepetrovsk, el lugar en donde yo vivía, la distancia con Ozyorsk era de más de 100 kilómetros, por eso debía levantarme tan temprano.

    El paisaje estaba lleno de nieve, todo parecía más melancólico que de costumbre, un poco de bruma igualmente. Me acurruqué en el asiento, tenía una manta, tal vez debía dormir un poco más.

    Mamá iba hablando con Pavel, solían charlar a menudo, siempre ella decía que él era un reflejo de papá.

    ¿Y yo?, yo no me parecía a ellos, ¿dónde están mis ojos de colores?, ¿mi pelo rubio?, ¿dónde está mi altura sobre 1.65? Si me hubieran dicho que era adoptada, lo hubiera creído, pero no importa, sin todo eso, sigo siendo Marina, la independiente e inquebrantable Marina.

    Aunque no siempre fue así, hubo un momento en donde realmente quería tener a alguien, creía que el amor era algo necesario, quería recibir cariño de alguien que no fuera mi familia y que tampoco fuera algún amigo o amiga. El tiempo fue pasando, cumplí 15, no llamaba la atención de nadie, llegaron los 16, todo seguía igual, siempre me mostraba normal frente a la gente, frente a mis amigas. Me sentía sola, aunque no lo demostrara, fui cerrando mis sentimientos debido a que lo que sí encontré, fueron personas que jugaron conmigo. Era una niña crédula, una tonta, confíe en tantas personas que no merecían más que unas patadas en las bolas.

    Hasta que llegue a lo que soy ahora, la soledad me llevó a cerrar mi corazón, pude hacer todo sin ayuda de nadie, creo que no necesito a nadie para lograr mis metas y no creo cambiar de opinión. Incluso si llegara alguien, creería que me estaría mintiendo, ¿te gusto?, no le creería, ¿crees que soy linda?, de seguro estás ciego. ¿Piensas en abrazarme?, no se te ocurra, alguien saldrá dañado y no seré yo.

    Realmente he estado sola un largo tiempo, cómo hubiera sido si alguien me hubiera querido de verdad, si alguien me hubiera dicho que valía la pena. Hoy he despertado más melancólica que de costumbre, a veces me siento insuficiente para todo, aunque otras veces es todo lo contrario. Me gustaría recibir un abrazo de papá, ya han pasado más de cinco años desde que se fue, me lo ocultaron por tanto tiempo. Incluso después de que me explicaron que había muerto, seguía creyendo que entraría por la puerta, la sensación de tenerlo en casa, no

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