Agua Caliente: El patio de recreo de las estrellas. Mafiosos, magnates y artistas de cine en el centro de esparcimiento más grande de América
Por Paul Vanderwood
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Agua Caliente - Paul Vanderwood
CONTENIDO
Nota introductoria / Sergio Alejandro Cañedo Gamboa
Paul J. Vanderwood obituario y remembranza / Eric Van Young
Agradecimientos
1. La mafia ataca a los barones de la frontera
El ataque
La respuesta de la policía
Fiebre de ametralladoras
Las teorías de la policía
2. Gángsters
Los gángsters de la Costa Oeste
Secuestradores en fuga
Pistas
3. El parque de diversiones del hemisferio
La lujosa vida de agua caliente
La venta del producto
La cosecha de las ganancias
A las carreras
4. Pistas fortuitas
Marty el silencioso
Un joven enamorado
Los cómplices
Gatos y ratones
Ahora Kearney
Acciones judiciales
Un tenso traslado
5. Babilonia en la frontera
Los primeros años
La llegada de la dama fortuna
Asociaciones transfronterizas
Hace su entrada Cantú
6. El Rey del vicio en la frontera
Bakersfield y más allá
Hacen su entrada los A. B. W.
Y por fin, los caballos
7. ¡Arrancan!
El promotor
La nueva pista de Tijuana
El diluvio
La reconstrucción
Una ciudad naval
La época de guerra
8. El botín de la prohibición
El jolgorio de Tijuana
Bares, burdeles y otros antros
Se corre la voz
Los peligros de la frivolidad
Fuego y azufre
Una batalla más
9. La nueva ola
El cuarto barón
Carlie pasa la estafeta
Wirt El Suertudo
Revolución en México
Protesta
Patriotismo y utilidades
10. Agua Caliente en gestación
Primeras ideas
Convertirse en barón
Compañeros de equipo
11. La construcción de Camelot
Las primeras medidas
La visión de Long
La construcción del centro recreativo
12. El día del Capitán Jerry
Identificación positiva
El Capitán Jerry habla (o chilla)
El remordimiento de Marty
El mutis de Jerry
13. La oración de Marty El Silencioso
El juez se hace cargo
La bomba
La sorpresa de Colson
Los mejores planes
¿Realidad o ficción?
14. Veracidad
Las condiciones en México
La mejor ciudad de Estados Unidos
La ciudad deshonesta
El contrabandista incontenible
15. Arreglos
Asesinato y justicia
Mordidas
La Legión Americana llega a la ciudad
Anatomía de un arreglo
Explicaciones y excusas
16. Sentencia y censura
Herencia y libre albedrío
El ejemplo de Cristo
¿Pero los asesinatos de El Dique?
Sentencias
Reacción
El ladrido de un barón
17. El patio de juegos de Hollywood
Maravillas adicionales
Calmante (o relajación)
Donde Hollywood pega un grito
Cinematografía
El paraíso de un magnate
Los clientes
Los sirvientes
18. ¡Hagan sus apuestas!
Nervios inaugurales
Hollywood en las carreras
Tempestad al timón
Phar Lap
La conmoción
El escándalo de Linden Tree
Noticias desde Folsom
19. ¡Atrapen a los barones!
El ensayo general
El juicio
El segundo juicio
Los copiones
La revisión policial
Un arresto
Le toca a Wirt
Limpiar los detalles
El gran final de Colson
20. Tontos y ladrones
El entorno
La clientela
La administración
Hurtos
El hurto de Wirt
El control de México
21. Un gallo muerto en el redondel
Los tiempos cambian
Un enigma
Incertidumbres
Terreno inseguro
Efectos colaterales
El golpe de gracia
Rebelión en Tijuana
22. ¿Y qué fue lo que pasó con…?
Seguir adelante
Los problemas de Wirt
El reposo de Crofton
El gran vendedor
El más rico de los barones
Joe Schenck revelado
Los gángsters
El compañero de cárcel de Colson
Un tigre enjaulado
Absolución
23. Fantasmas
Fuentes
Archivos
Archivos privados
Periódicos
Libros, artículos, tesis doctorales, mecanuscritos
Índice analítico
NOTA INTRODUCTORIA
A mediados de 2011 Juan Carlos Ruiz Guadalajara y quien suscribe iniciamos la importante empresa de promover la traducción de la última obra de Paul Vanderwood, que narra, tal como Paul lo señala, una historia nunca antes contada. En el tiempo que ha transcurrido desde ese verano de 2011 hasta el momento en que redacto estas líneas, dos de los protagonistas de este proyecto han dejado de acompañarnos en este mundo terrenal. Paul Vanderwood falleció en octubre de 2011 y Victoria Schussheim, traductora del texto, lo alcanzó en enero de 2013.
Lo que el lector encontrará en este libro es la conclusión de ese proyecto que pese a los infortunios, logró concretarse gracias al apoyo e impulso inicial de Juan Carlos Ruiz Guadalajara y al interés del editor Jorge Herrera; el primero como un académico sensible y conocedor de la obra de Paul, y el segundo como gran promotor y productor de libros. Esta traducción es una valiosa contribución al conocimiento histórico de las décadas de 1920 y 1930 pues describe la vida social, cultural y política en el norte de México y el suroeste de los Estados Unidos, es sin duda una producción editorial en idioma español necesaria dado el amplio público interesado en los temas que contiene y los acontecimientos y personajes que se describen. Se trata además de la última gran obra de un historiador consolidado, reconocido y respetado no sólo en México y los Estados Unidos sino en el orbe entero.
El libro, en suma, está integrado por esta nota introductoria, un prólogo a manera de obituario y remembranza escrito por Eric Van Young y la traducción al español del texto Satan’s Playground… el cual fue publicado originalmente en inglés en 2010 con pie de imprenta de Duke University Press. La revisión y corrección a la traducción que realizó Victoria Schussheim estuvo a mi cargo; desafortunadamente no fue posible intercambiar con ella algunas dudas y opiniones sobre su traducción por lo que he dejado en el texto algunas notas con la finalidad de respetar sus comentarios y trabajo como traductora.
En la revisión de la traducción realizada por Victoria, me apoyaron Eduardo Ortiz Valero y José Enrique Monsiváis Salazar a quienes agradezco su disposición mostrada en las incontables reuniones de trabajo. En la revisión de la traducción que realicé al texto de Eric Van Young, me apoyó Flor de María Salazar Mendoza; gracias a sus conocimientos literarios y de la obra misma de Van Young, algunos fragmentos encriptados en el texto de Eric alcanzaron una inmejorable traducción; muchas gracias a Flor por el trabajo y tiempo dedicado a la realización de este proyecto del que estoy cierto Paul Vanderwood estará muy contento y orgulloso. Asimismo, un amplio agradecimiento a Andre Williams por su gentileza para autorizar la reproducción de parte de su colección de imágenes y objetos sobre Agua Caliente. Finalmente, agradezco a las instituciones que mostraron su interés para la realización de este proyecto.
De igual manera agradecemos las facilidades y permisos otorgados para el uso de las imágenes contenidas en este libro a Jessica M. Herrick, archivista II, coordinadora de consultas de los California State Archives; Kathleen A. Correira, bibliotecaria supervisora de la California History Section de la California State Library Special Collection; Martin Levine, viceprovost de la University of Southern California y Bree Russell, bibliotecaria supervisora asistente de la Cinematic Arts Library, Special Collections, de la misma universidad; Los Ángeles Públic Library y San Diego History Center Library. En las revisiones finales de este borrador y en la elaboración del índice analítico —cuyas entradas están basadas en la versión original en inglés— fue de gran ayuda la participación de Alan Simón Leiva Gómez.
SERGIO A. CAÑEDO GAMBOA
San Luis Potosí, primavera de 2016
Paul J. Vanderwood Obituario y remembranza
ERIC VAN YOUNG
UNIVERSITY OF CALIFORNIA, SAN DIEGO, OCTUBRE DE 2011
El 10 de octubre de 2011, alrededor de las 18:00 horas murió en la ciudad de San Diego, California, Paul Vanderwood, distinguido, prestigioso e internacionalmente reconocido investigador de la historia de México de los siglos XIX y XX. En los últimos momentos de su vida Paul estaba rodeado de amigos y lo flanqueaba al lado de su cama su hermana mayor Pamela Stiff. Uno de sus amigos comentó que esa tarde, la hora en que Paul dejó este mundo estuvo marcada por la aparición de una luna llena en el vívido atardecer otoñal tan peculiar del sur de California. A la edad de 82 años Paul comenzó a padecer una forma extraña de cáncer peculiar por su capacidad de rápido avance; luchó en contra de la enfermedad en medio de mejoras y desmejoras alternadas con momentos de esperanza y de resignación desde la primavera de 2011. Quienes conocieron y quisieron a Paul sabían que no buscaba adornarse con el reconocimiento académico—becas de prestigio, premios, escalar las jerarquías institucionales buscando una mejor posición—sin embargo, Paul consideraba que tales reconocimientos eran importantes para otras personas por lo que él optó por mantenerse orgulloso con la reputación que como historiador había alcanzado. En las últimas semanas de su vida Vanderwood estuvo muy contento por el hecho de recibir la notificación de que era merecedor del Distinguished Service Award otorgado por la Conference on Latin American History, el cual le fue conferido póstumamente en la reunión anual de la American Historical Association en la ciudad de Chicago en enero de 2012. Paul será profundamente extrañado por sus múltiples admiradores, amigos, antiguos estudiantes y colegas tanto en los Estados Unidos, como en México y Europa.¹
Paul Vanderwood nació en Brooklyn el 3 de junio de 1929. Vivió algunos años en el pueblo de Hempstead, Long Island, pero la mayor parte de su infancia y juventud las vivió a lo largo del cauce del río Hudson en la parte norteña de Nueva Jersey, en el poblado de Ridgewood. Su madre, Mildred Horstman, siendo niña y después adolescente fue una estrella como bailarina en el ballet en la ciudad de Nueva York, sin embargo se dedicó a criar a sus hijos Paul y Pamela (actualmente Pamela Stiff residente en Deland, Florida cinco años mayor que Paul). El padre de Paul, Joseph Vanderwood tenía antecedentes de dedicación al negocio del diseño y corte de diamantes en la ciudad de Ámsterdam, Holanda, de donde emigraron a los Estados Unidos en algún momento del siglo XIX. Joseph Vanderwood poseía un negocio dedicado al torcido de puros, con una docena de empleados, ubicado en la avenida Flatbush en Brooklyn. La producción de los puros era manual y de alta calidad motivo por el cual tenía un contrato de exclusividad con el Club Atlético de Nueva York. El padre de Paul deseaba emigrar de la ciudad para ubicar su residencia en un área suburbana con un ambiente más apacible. Debido a ello es que Paul residió primero en Caldwell, Nueva Jersey y posteriormente en el poblado semi-suburbano de Ridgewood; ahí los Vanderwood tuvieron una gran propiedad con una casa y un granero el cual sirvió en su parte alta como espacio para que el joven Paul tuviera una cancha de basquetbol (deporte de recreación que él amaba y que continuamente jugaba hasta que en sus años sesentas se lastimó el tendón de Aquiles). Paul estuvo siempre acompañado por sus amigos, recuerda su hermana Pamela, una constante que se mantuvo durante toda su vida. Durante el invierno Paul patinaba en los lagos congelados y durante el verano iba acompañado de su padre a los juegos de beisbol al campo Ebbets (Paul era un seguidor de los Gigantes mientras que su padre se inclinaba por los Dodgers, lo cual debe haber hecho más interesantes los viajes en el metro). Joseph Vanderwood vivió una breve temporada en San Diego durante los últimos años de la década de 1970, cuando murió en 1978, justo unos seis meses después del fallecimiento de su esposa Mildred.
Paul Vanderwood comenzó a interesarse en el periodismo desde su juventud, justo cuando era estudiante de secundaria y preparatoria en Ridgewood High School. Desde esa época comenzó a afilar su colmillo reporteril escribiendo noticias de deportes y esporádicamente artículos especializados o de fondo e incluso trabajando ocasionalmente para un diario local, probablemente el Ridgewood Herald News. En 1946, Paul comenzó sus estudios de licenciatura en Bethany College, una pequeña institución de humanidades establecida en 1840 en la franja más angosta de Virginia Occidental, en las faldas de las montañas Allegheny, a menos de una hora conduciendo desde Pittsburgh. Uno sólo podría imaginar lo que esto habría sido para un chico formado en las partes norteñas de Nueva Jersey y Nueva York. Dada la habilidad que Paul tendría más tarde de platicar casi con cualquier persona y de adaptarse a cualquier situación, sin embargo, podemos asumir que él estuvo relativamente a gusto en medio de la vida rural de Virginia Occidental, a donde regresó en los años recientes empujado por sus propios intereses etnográficos en los grupos religiosos pentecostales asentados en el área. Él fue atraído al Bethany College por su buen departamento de periodismo calculando que en esa pequeña institución Paul podría convertirse en el editor del libro anual o bien del periódico de la escuela, en contraste con programas más grandes y prestigiados en las universidades de Misuri o la Universidad de Columbia. Paul obtuvo su licenciatura en historia y periodismo—dos carreras que continuó hasta su edad adulta—y mientras estuvo en el colegio trabajó en el Wheeling Intelligencer, el cual existe hoy en día en conjunción con el Wheeling News-Register.
Vanderwood se graduó en 1950 e inmediatamente fue enlistado en el ejército de los Estados Unidos sirviendo brevemente como comandante de un tanque de guerra (aunque Paul nunca dejó el litoral oriental de su país), una imagen incongruente para aquellos que lo conocieron como una persona inclinada hacia la política de izquierda, contestatario y de un alma gentil. Él sirvió en el ejército como teniente por tres años asignado a Fort Bragg, Carolina del Norte, fuerte nombrado en honor al comandante Braxton Bragg miembro del ejército confederado durante la Guerra Civil, lo cual fue una ironía más en la vida de Paul quien años más tarde obtuvo una distinción por su trabajo reporteando sobre los derechos civiles en el sur del país. Asignado para ir a combatir a Corea, Vanderwood de último momento recibió orden de mantenerse en Fort Bragg debido a sus antecedentes de hombre educado y de formación periodística (y la proximidad de esta carrera, uno supone, a ciertas formas de propaganda). Por ello fue entonces aprovechado por el ejército como instructor en la nueva Psychological Warfare School (hoy conocida como John F. Kennedy Special Warfare Center and School, y aún ubicada en Carolina del Norte), establecida originalmente en Kansas en 1950 y trasladada a Fort Bragg en la primavera de 1952. La escuela fue fundada, entre otros motivos, para desarrollar técnicas de entrenamiento para los soldados orientadas a resistir el lavado de cerebro practicado por los comunistas chinos durante la guerra con Corea, así como participar en medidas anti propaganda, tales como la distribución de folletos en las tropas enemigas.² Vanderwood recuerda este periodo de su vida de manera positiva, haciendo notar que los instructores construían su currículum en el camino y recordando con gusto a los soldados (hablantes de idiomas como el polaco, el ruso y el húngaro) con quienes monitoreaba las transmisiones de radio provenientes detrás de la Cortina de Hierro buscando pistas de las acciones militares que se desarrollaban en la península de Corea.
Una vez separado del ejército en 1953, Paul Vanderwood continuó su camino en el periodismo profesional asistiendo al programa de licenciatura en periodismo en la Universidad de Nueva York durante los años de 1953 y 1954, y trabajando por alrededor de dos años en periódicos publicados en las poblaciones de Paterson y Pasaic, Nueva Jersey poco antes de que comenzara a trabajar en Nueva York. En 1954 fue contratado por la organización periodística Scripps-Howard (en donde trabajó durante una década) para ocupar una posición en el Memphis Press-Scimitar, convirtiéndose en lo que él más tarde se auto llamaría como "un reportero Yankee en el mid-South". Paul, el reportero, fue atraído por el movimiento de derechos humanos en los alrededores de Tennessee, por sus simpatías de toda la vida por la política liberal, por la decisión de la Suprema Corte de 1954 en el juicio Brown vs. La Junta de Educación sobre la integración racial de las escuelas, y por la movilización realizada por el presidente Eisenhower de las tropas del ejército norteamericano en el otoño de 1957 para forzar la integración racial de la escuela Little Rock Central High School, en contra de la necia resistencia del gobernador de Arkansas, Orval Faubus. El gobernador quien por cierto fue por largo tiempo un baluarte político demócrata, en realidad era más bien moderado en sus opiniones sobre el problema racial y progresista en otros temas, quien en sí era complaciente hacia los elementos más conservadores de su partido lo que le ayudaba a sostenerse en la mansión del gobierno en medio de una candente atmósfera que privaba en la era de los derechos humanos que apenas iniciaba.
Paul dio cobertura a muchos eventos y personalidades de la era de los derechos civiles, incluido Martin Luther King, Jr., a quien conoció y trató en diversas ocasiones e hizo reportajes sobre sus discursos en iglesias afroamericanas. Debido a los reportajes realizados en esa época, Paul fue nominado en múltiples ocasiones para el premio Pulitzer, sin embargo nunca lo obtuvo. Uno de los trabajos por el cual fue nominado estaba dedicado a una ciudad campamento cerca de Memphis establecida alrededor de 1962 por agricultores propietarios negros quienes habían sido expulsados de tierras cercanas por los propietarios blancos. La penuria de los agricultores negros atrajo una gran cantidad de productos básicos para necesidades urgentes procedentes de las ciudades norteñas, pero en el curso que reportaba estos eventos, Vanderwood descubrió que los trenes cargados de ropa, enseres e incluso dinero que eran enviados como parte de la ayuda resultaban en un alto porcentaje objeto de robos a lo largo de la ruta que seguían. Otro episodio de importancia cubierto por Paul (y por el cual fue también nominado al Pulitzer) fue el de los primeros juicios del supremacista blanco Byron De La Beckwith en Misisipi en el año de 1964, por haber dado muerte al líder de los derechos civiles Medgar Evers (no está del todo claro en el recuento de Paul a cuál de los juicios se refiere, puesto que hubo dos ese mismo año, ambos concluyeron en hung juries
es decir, no alcanzaron unanimidad en su decisión, Beckwith fue finalmente condenado hasta 1994). En múltiples artículos para Press-Scimitar, Vanderwood describe la tensa atmósfera que privaba en Jackson, Misisipi, la hostilidad de los miembros del Ku Klux Klan—más que evidente durante los juicios—hacia los reporteros foráneos y las golpizas que daban los miembros de este clan a los promotores y defensores de los derechos civiles. Puesto que el reportaje de Paul era bastante inflamatorio, sus empleadores le preguntaron si requería de un guardaespaldas para su seguridad personal, pero típico de Paul, declinó la oferta. Durante el lapso que cubría el juicio conoció a William Bill
L. Waller, fiscal en el caso (más tarde gobernador de Misisipi, 1972-1976), quien le ofreció llevarlo a conocer a Beckwith en la cárcel, una oportunidad que los instintos reporteriles de Paul encontraron irresistible. Después de hablar con Vanderwood, Beckwith de hecho lo invitó a que fuera el escritor fantasma de una biografía sobre él (no está claro si se lo decía en serio o en broma), a lo cual el asesino sugirió que el texto podría titularse Killing Coons in Mississippi
[Matando negros en Misisipi]; Paul dice que fue algo a lo que él mismo objetó.
Otras encomiendas periodísticas durante esos años llevaron a Paul Vanderwood a experimentar un acercamiento con grandes artistas así como a un viaje por Europa. Paul cubrió la fase temprana de la carrera de Elvis Presley justo después de la grabación del sencillo You Ain’t Nothin’ but a Hound Dog
en 1956, lo que lo llevó a conocer al cantante bastante bien después de varias rondas de cervezas en un bar en el centro de Memphis. Paul escribió historias de interés humano sobre Elvis, y tiempo después recuerda su amistad con afecto. En una ocasión le preguntó al Rey cuál era el secreto de su éxito, Elvis respondió yo sólo me levanto y canto, meneo mis caderas y entonces hay muchos gritos
. Vanderwood siguió a Presley durante su ingreso al ejército de los Estados Unidos en 1958, y gustaba de contar la historia sobre el examen físico practicado al cantante durante su alistamiento. Se le solicitó a Presley que realizara un examen de orina, al salir del baño con una muestra fresca, la meneo cerca de Vanderwood y le dijo, probablemente tú deberías de guardarla; algún día podría tener valor
. Ambos perdieron contacto al momento de que Elvis tuvo que completar su servicio en el ejército para después regresar a reconstruir su carrera como cantante. Enviado a Europa por la editorial Press-Scimitar para escribir algunas historias en Europa, Paul arribó a Stratford-upon-Avon, en Inglaterra en donde asistió a la presentación de la obra Otelo de William Shakespeare, realizada por el gran actor, cantante y político radical norteamericano Paul Robeson.³ A pesar de que Paul tenía conocimiento de que Robeson no daba entrevistas, al concluir la obra se encaminó intrépidamente tras bambalinas, momentos después el actor quien todavía transpiraba intensamente le saludó amablemente en su camerino donde realizaron una entrevista tratando temas como la actuación, el comunismo, el problema del racismo en los Estados Unidos entre otros. Por ese tiempo, Paul dio otra muestra de su arrojo—su suave tenacidad y su negativa a ser ignorado—lo que le sirvió en gran medida como historiador varios años más tarde. Estando en Francia, trató de demostrar en un artículo de fondo que la Legión Extranjera aceptaba virtualmente a cualquier interesado, para ello él mismo participó haciéndose pasar como solicitante. Después de negarse a proporcionar cierta información al oficial reclutador que lo entrevistaba, Paul aceptó que era un periodista norteamericano lo que le valió que los furiosos legionnaires lo echaran por la fuerza y metieran en un taxi con destino al centro de París.
Además de su experiencia reporteril, habilidades para llevar a cabo entrevistas y su estilo para escribir—cierto tono demótico que siempre lo acompañó y que se acrecentó marcadamente en intensidad en sus dos últimos libros—, el curso en la vida de Paul Vanderwood fue cambiado debido a su actividad periodística ahora inclinándose hacia los derechos civiles. A mediados de la década de 1950, justo antes de que conociera a Elvis Presley, Paul estaba cubriendo el desarrollo de los esfuerzos de integración racial en la Memphis State University (ahora conocida como University of Memphis), donde había harta resistencia, por parte de la autoridad administrativa de la universidad y de algunos profesores, a aceptar el ingreso de estudiantes de origen afroamericano (de hecho no fueron aceptados sino hasta 1959). En esos momentos, algunos de sus mejores informantes fueron profesores de historia, de hecho muchos de ellos lo impulsaron a que buscara obtener una maestría en historia, la cual realizó durante los años de 1955 a 1957 alternando sus estudios con su trabajo como periodista. Después de haber tomado los cursos de historia de Estados Unidos (América Latina no estaba aún en su horizonte), Paul fue eventualmente desarrollando como su tema de tesis el misterioso movimiento conocido como night rider movement
[el movimiento de los jinetes nocturnos] en el lago Reelfoot al noroeste de Tennessee, el cual tuvo inicio en 1908. En una forma más desarrollada dicha tesis fue publicada tiempo después como el primer libro de Paul, Night Riders of Reelfoot Lake (Memphis State University Press, 1969), el cual ganó en el año de 1970 el premio que otorga la American Association of State and Local History; a la fecha está en las librerías bajo el pie de imprenta Alabama Fire Ant Press, siendo su más reciente edición la aparecida en 2003.
Como Paul lo apuntó, esta era una clásica confrontación entre la justicia legal y la justicia social. Una serie de cuatro famosos y altamente destructivos terremotos, conocidos como terremotos de Nuevo Madrid, ocurrieron a finales de 1811 y a inicios de 1812. Se les bautizó con tal nombre por ser el pueblo de Nuevo Madrid (antes en el Territorio de Luisiana adquirido a inicios del siglo XIX a los franceses, y hoy en el estado de Misuri) el lugar del epicentro. Los terremotos tuvieron una intensidad aproximada de 7.0 grados en la escala de Richter, pero que comparados con el terremoto de San Francisco de 1906, se estima que alcanzaron en realidad el rango entre 7.9 y 8.25 grados. Resultado de la serie de terremotos el río Misisipi fluyó al revés por un tiempo y varios de sus riachuelos quedaron bloqueados por los derrumbes a lo largo de la Falla Reelfoot creando el lago conocido con ese nombre. Como hombres de frontera—Vanderwood los describió como los Daniel Boone types
—y colonizadores empujados hacia el área en los años siguientes, algunos de ellos permanecieron alrededor del lago, adaptando su modo de vida a las especies acuáticas—aves por ejemplo—que comenzaron a formar parte del ecosistema, y actividades como la pesca y la guía de cazadores y pescadores foráneos que se daban cita en la rivera del nuevo lago. Hacia el final del siglo XIX los títulos de las propiedades que quedaron alrededor y bajo el lago Reelfoot fueron objeto de litigios por un grupo de empresarios de San Luis, Misuri quienes esperaban convertir los bellos recursos naturales y animales en un área con ventajas comerciales. Estos hombres hicieron prevalecer su poder en las cortes estatales de Tennessee logrando que los habitantes de las márgenes del lago fueran despojados de lo que entonces se convirtió en propiedad privada de estos empresarios. Su respuesta fue formar un movimiento de night rider
[jinete nocturno] en el cual los habitantes locales se pusieron capuchas y resistieron la invasión de los intereses comerciales del estado vecino, con costos de un alto grado de violencia e incluso algunas muertes, aunque eventualmente el gobierno del estado intervino a favor de los habitantes locales. Cuando el libro fue publicado en 1969, el hijo de uno de los originales jinetes nocturnos demandó a Paul por calumnias pues retrató a su padre con una luz desfavorable en conexión con un asesinato. Paul se acercó a la American Historical Association (AHA) para que lo defendiera en el juicio, pero la asociación declinó su solicitud, lo cual puede explicar (además de sus actitudes contrariamente naturales hacia la asociación) el hecho de que Paul mantuvo su distancia hacia la organización por muchos años; de hecho yo nunca lo vi en alguna de las convenciones anuales de la AHA. Paul fue exento de juicio gracias a un estatuto de limitaciones. Mirando hacia atrás este trabajo y desde la perspectiva de lo que había madurado como historiador social y cultural en los últimos años, Paul Vanderwood sintió que no había puesto en primer plano el tema del conflicto legal y la justicia social en su libro, pues cuando él estaba escribiendo, su conciencia política no estaba completamente desarrollada. Ésta se desarrolló—comentaba en broma—cuando llegó a Austin, Texas en 1964 en donde asistía a barberías racialmente integradas en un ambiente político más liberal y mujeres desnudas de sus partes superiores en Barton Springs, un conjunto de manantiales localizados en los límites de la ciudad y todavía muy frecuentados por los residentes de la misma.
El interés de Paul Vanderwood por seguir una carrera como historiador brotaría unos años después. Pero si su experiencia en Memphis State University (MSU) y su investigación sobre los jinetes nocturnos plantaron la semilla, fueron sus aventuras del año de 1963 las que realmente lo empujaron en la dirección de América Latina y a la obtención de una preparación como estudiante de posgrado. Dos años antes, la administración del presidente Kennedy estableció los Peace Corps, que tenían problemas reteniendo a los voluntarios por el primer año o más; para evitar la deserción contrató cierto número de reporteros de investigación—entre ellos Vanderwood—para ir a realizar trabajo de campo y examinar los problemas utilizando sus capacidades reporteriles y habilidades para realizar entrevistas. Paul solicitó licencia por un año en MSU y fue enviado a América del Sur, la cual fue su primera experiencia en América Latina, algo que realmente le fascinó. Paul había viajado previamente a México, pero sólo por breves periodos como turista. Vanderwood fue enviado a Brasil y Colombia además de pasar algún tiempo en la parte norteña de Ecuador y en la ciudad de Lima, Perú. Los reporteros estaban dedicados a entrevistar a los Peace Corpsmen así como a los habitantes de las localidades en los países a los que eran asignados, después de ello regresaban a Washington, D.C. a escribir sus reportes. Lo que ellos descubrieron fue que los voluntarios, con cierta formación en las artes liberales, y a pesar de una selección inicial, tenían poco entrenamiento técnico de cualquier tipo, lo que era un problema potencial señalado por los críticos al programa desde su inicio en 1961. Los Peace Corpsmen simplemente no sabían cómo hacer algo útil en donde fueron designados, así que se dieron por vencidos en la frustración (compartida por la gente a quienes ellos supuestamente estaban destinados a ayudar) y fueron a sus hogares antes de que se cumplieran sus dos primeros años de trabajo.
Muchos años después, recordando esta experiencia inicial en América Latina, Vanderwood dijo que …algo que aparentaba ser obvio para casi todos leyendo esta [entrevista] de pronto me golpeó. Sus culturas eran muy interesantes, pero muy diferentes de las de nosotros, de la cultura americana, por lo que repentinamente me di cuenta de que con el propósito de entender algo de mí, y de la cultura de mi país, necesitaba en cierta manera comparar con otra cultura; y tenía que ser una cultura ajena a la mía. Y la cultura latina parecía… tú sabes, la forma como ellos llegaban a tomar decisiones, y cómo ellos parecían tener muchas de las mismas aspiraciones como las que tienen los norteamericanos, pero su forma de alcanzarlas era diferente
. Habiendo contemplado enseñar periodismo durante sus años cuarenta, el reportero de 35 años decidió ahora cambiar la trayectoria, escogiendo no dar los pasos en busca de posiciones dentro de la jerarquía de la organización Scripps-Howard, sino más bien decidiendo obtener un doctorado en historia de América Latina. Él tomo esta decisión mientras estaba en Washington, D.C. terminando su periodo como consultor para los Peace Corps, y visitando varias universidades que ofrecían programas doctorales consolidados sobre América Latina —la University of Florida, UC Berkeley, the University of Texas at Austin; entonces Paul optó por Austin, en donde le fue ofrecida una beca, arribando en el otoño de 1964.
Desde hacía tiempo, la Universidad de Texas en Austin (UT Austin) era reconocida por su importante Centro para Estudios sobre América Latina, incluso en 1962 fue distinguida, justo al inicio de la revolución cubana, como una de las cinco universidades con subsidio federal en el país con el rango de Title VI Language and Area Studies Centers
, lo cual aconteció prácticamente al momento en que Vanderwood arribaba a esa institución. Dentro del cohorte o de la generación a la que perteneció Paul—o bien en cohortes adyacentes—muchos de los estudiantes se convirtieron con el tiempo en prominentes historiadores de América Latina, entre ellos Noble David Cook, Jaime E. Rodríguez O., Charles McCune, y Stanley Hilton. La Dra. Nettie Lee Benson, figura legendaria en el campo de la historia mexicana, constructora de la maravillosa colección bibliográfica y documental sobre América Latina en UT Austin la cual lleva su nombre, fue quien dirigió los estudios doctorales de Paul tiempo después de que fuera formalmente nombrada profesora en el Departamento de Historia. Famosa por su aproximación empírica a la historia de México, una profesora que no enfatizaba las contextualizaciones históricas extensas o los acercamientos teóricos ni soportaba a los tontos en sus seminarios, como Paul la describía muchos años después, Benson fue amante de imponer una dura tarea a los estudiantes de doctorado y un sabueso cuando visitaba los archivos
. Ella lo condujo hacia la historia de México, con el amplio tema de la segunda mitad del siglo XIX, y más específicamente hacia el poco estudiado pero muy mencionado tema de las policías rurales que tuvieron prominencia durante el régimen de Porfirio Díaz y que fueron conocidas como los Rurales. Consecuentemente, la disertación doctoral de Vanderwood, concluida en 1969, se tituló The Rurales: Mexico’s Rural Police Force, 1861-1914
. Él desarrolló su investigación en el Archivo General de la Nación en la Ciudad de México, localizado en esos años (antes de su ubicación actual en la prisión de Lecumberri desde 1980) en un bello pero técnicamente inadecuado espacio dentro del Palacio Nacional; el archivo era dirigido en ese entonces por J. Ignacio Rubio Mañé. Paul trabajó incansablemente en muchos de los diversos volúmenes de documentos sobre los Rurales resguardados en la sección Gobernación
, mayormente dedicados a los asuntos políticos, económicos y administrativos del gobierno central durante el siglo XIX. Una docena de años después y con varias modificaciones, la disertación fue publicada en México en idioma español con el título Los Rurales mexicanos (Fondo de Cultura Económica, 1982). Tiempo después, Vanderwood recordaba que el ejército mexicano había comprado cientos de ejemplares del libro y requería a sus oficiales la lectura obligada de éste, aunque no tenía plena evidencia para confirmar lo dicho.
Su trabajo no logró satisfacerlo en esta temprana excursión sobre el tema, así me lo hizo saber Paul en nuestra entrevista de 2011; sintió que su libro era demasiado institucional, que sólo rasguñaba la superficie y que no posicionaba a la policía rural en la historia política y social del Porfiriato, más particularmente los temas de la violencia endémica en el país, el bandidaje y el carácter del Estado Porfiriano. Su libro había oscurecido la imagen bruñida de los Rurales como un cuerpo policial de élite, demostrando que por el contrario la existencia de una incompetencia descomunal en ella, y que lo que más había interesado al gobierno era la imagen pública como una policía temible e invencible. Paul concluyó, en sus propias palabras, que los Rurales eran unos vagabundos
(bums
). Sin embargo, comenzó a repensar el libro bajo la influencia de los canónicos textos de Eric Hobsbawm sobre el bandidaje social: Primitive Rebels (1959) y Bandits (1969). Impulsado a su vez por el radicalismo y el bandidaje político en los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam, y naturalmente atraído hacia los bandidos quienes eran presa de los Rurales, Vanderwood buscó ampliar su enfoque sobre la policía por lo que puso atención en la relación dialógica entre el bandidaje y el Estado. El resultado fue su ampliamente conocido y admirado libro Disorder and Progress: Bandits, Police, and Mexican Development (University of Nebraska Press, 1981; edición revisada en 1992 con pie de imprenta Scholarly Resources y perennemente en reimpresiones). Analizando más de cerca los bandidos del siglo XIX mexicano en lugar de los bien montados, bien armados, bellamente uniformados, pero sólo marginalmente competentes Rurales, Paul llegó rápidamente a la conclusión de que éstos no tenían en mente la justicia social, no eran precisamente los Robin Hoods retratados por Hobsbawm en su importante libro, ni funcionaban como insumisos políticos. Los bandidos mexicanos, arguyó Vanderwood, crearon desorden pero no para revertir al Estado, sino que buscaron más bien forzar su ingreso al sistema
para adquirir riqueza y posición social. Ellos fueron en la mayor parte, en otras palabras, empresarios criminales; Vanderwood los comparó con los cosacos rusos y otras bandas depredadoras y agresivas presentes en diferentes contextos culturales, pero aún más cerca de los asaltantes de bancos norteamericanos de la década de 1930, Clyde Barrow y Bonnie Parker. Desde la perspectiva del Estado, por otro lado, el desorden era un pretexto necesario para extender su alcance y era una condición esencial para la creación (concreción) del progreso y de la estabilidad social. Si no hubiesen existido los bandidos, el régimen porfiriano los hubiese inventado, por así decirlo. El título del libro era un juego de palabras del eslogan positivista de la época: orden y progreso
aún visto en nuestros días en la bandera nacional de Brasil como Ordem e Progresso
.
Desorden y progreso cosechó para Paul el primero de muchos premios académicos que obtuvo a lo largo de su carrera: el Hurbert Herring Award obtenido en 1982 por ser considerado el mejor libro sobre historia de América Latina; dicho premio es otorgado por la Pacific Coast Conference on Latin American Studies, de la cual Paul fue años más tarde su presidente. Este libro es aún utilizado en los cursos de historia de nivel licenciatura, algo que yo mismo he hecho en numerosas ocasiones. Los estudiantes de licenciatura reciben con agrado el libro dada su mezcla de vívidas anécdotas, lectura accesible y clara expresión de ideas, de hecho hay que reconocer que el libro no es sólo una mina de información interesante para estudiosos profesionales dedicados al siglo XIX mexicano, sino también es un provocativo marco referencial para comprender el régimen porfiriano. Más aún, uno puede rastrear los antecedentes de este libro en el estudio de Paul sobre los jinetes nocturnos del lago Reelfoot y trabajos subsecuentes como su estudio canónico sobre la rebelión de Tomochic a inicios de 1890 y el dedicado a la devoción religiosa a Juan Soldado que tuvo lugar en Tijuana, México en la década de 1930. Incluso su último libro sobre la historia del famoso casino y hotel de Agua Caliente en Baja California que aparenta la manifestación de una impredecible variación genética de su pedigrí, muestra también algunas similitudes con los estudios previos. Lo que Night Riders, Disorder y Juan Soldado comparten es el articulado interés y preocupación de Paul por los reclamos de justicia social versus la justicia legal, por las tribulaciones de la gente común y formas de resistencia—y de manera más enfática con los consuelos que proporciona la religión y los sistemas de creencias populares. Es menester recalcar que Vanderwood tenía 51 años cuando fue publicado el libro que le retribuyó por primera vez un amplio reconocimiento entre los historiadores y que en el siguiente cuarto de siglo se mostró como un historiador extraordinariamente prolífico. Él publicó muchos de sus trabajos académicos mientras cumplía con pesadas exigencias como docente en su institución y mantuvo un alto nivel en su perfil profesional—numerosas conferencias, revisión de manuscritos, reseñas de libros, etcétera—en tareas menores a las cuales muchos de los académicos consolidados dedican una gran cantidad de tiempo, incluso aun siendo jubilados.
La publicación de sus libros sobre bandidaje y sobre los Rurales mexicanos yace algunos años en el futuro, como cuando Paul Vanderwood adquirió una plaza como académico en el Departamento de Historia en San Diego State University (SDSU) en el otoño de 1969, a la edad de cuarenta años y recién egresado de sus estudios de doctorado. Paul escaló rápidamente a través de los rangos académicos de SDSU, obtuvo su definitividad en 1972 y se convirtió en profesor de tiempo completo en 1977 para retirarse en 1994. A Paul le atrajo SDSU por su cercanía a la frontera de Estados Unidos con México, un área que ya le venía fascinando por la tensión social y el cambio cultural que ahí acontecen, además de que su gusto por el lugar se incrementó debido al clima benigno, la atmósfera informal, la geografía costera y las amenidades culturales de San Diego (era fanático de la ópera, y particularmente aficionado a Richard Wagner). Vanderwood permaneció en SDSU durante su carrera académica, pese a que con el tiempo su reputación se incrementaba lo cual le proporcionaba oportunidades (al menos una) para ser contratado por una institución con más recursos y en la cual pudiera formar estudiantes de doctorado. Pero Paul pronto adquirió un círculo de amigos, una casa en La Mesa que se volvió con los años cada vez más estrafalaria, incitante y confortable, y Paul valoró, creo, la potencial intimidad que ofrecía el Departamento de Historia de SDSU y el anonimato que podía ofrecer tan poblada institución. Entonces, como un político liberal, creo que también tuvo confianza en la educación superior pública y podría ser que se hubiera sentido fuera de lugar en el espacio de la élite de la educación privada. Había además en Paul Vanderwood, a pesar de su espíritu aventurero como viajero y académico, cierto grado de pasividad e incluso un esnobismo invertido que actuaba en contra de sus esfuerzos por las formas más obvias de validación profesional, tales como escalar hacia partes más altas en la cadena alimenticia, es decir hacia una universidad más prestigiosa. Cualquiera que haya sido el caso, en SDSU, Paul se volvió un profesor muy ducho para los estudiantes de licenciatura y un buen mentor de estudiantes de maestría. Su conversación amena y casual, su estilo amigable y sencillo en el salón de clases contrastaba con su profundo conocimiento de la historia de México, aunque la mayor parte del tiempo parecía ser indiferente al campo más amplio de la historia de América Latina. Por su forma de enseñanza cosechó innumerables amigos entre sus antiguos estudiantes (algunos de ellos mantuvieron constante contacto con él durante décadas), y le mereció premios al Mejor Profesor
a lo largo de los años.
Durante sus años en San Diego State University, Paul bifurcó su interés académico hacia dos nuevas direcciones. La primera de éstas fue su interés en fuentes no textuales de documentación histórica las cuales pudo mostrar más tarde en su trabajo etnográfico y en las historias orales que realizó para su libro sobre la devoción a Juan Soldado. Pero inicialmente su interés cobró forma en la enseñanza y escritura sobre el cine—principalmente películas—como fuente de representaciones históricas y como artefacto de un momento histórico en el cual fue realizado. Paul inició enseñando clases de cine en SDSU (lo cual provocó cierta resistencia o descontento en otros departamentos), de hecho era una especie de pionero en este tema. Paul se involucró con el comité nacional de académicos historiadores interesados en el cine por lo que comenzó en la década de 1970 a escribir sobre películas, resultado de ello inició la publicación de innumerables artículos, sin embargo, sintió que esto se había convertido en una distracción de su investigación histórica basada en el trabajo de archivo. Un notable resultado de este trabajo sobre el cine fue el ensayo Juarez: A Political Barometer
, el cual sirvió de introducción a un libro (University of Wisconsin Press, 1983, con Paul Vanderwood como coeditor) en el cual se reimprimía el guion de la película del mismo título (Juarez
) producida por la compañía Warner Brothers del año de 1939, co-escrita por el joven John Huston y protagonizada por Paul Muni en el papel principal, Bette Davis como la emperatriz Carlota (magníficamente neurótica y frágil como la emperatriz Carlota, su punto fuerte como actriz), John Garfield (no muy convincente como el joven Porfirio Díaz), y un suave actor inglés Brian Aherne como el emperador Maximiliano (quien le roba la película a Muni por la exagerada actuación de éste). Otro esfuerzo en esta dirección fue el excelente ensayo corto de Paul, Zapata the Cold Warrior
(1979), sobre la película de Elia Kazan estrenada en 1952 Viva Zapata!
protagonizada por el joven Marlon Brando en el papel de protagonista. Una de las principales ramificaciones de este mismo árbol fue la fructífera colaboración de Vanderwood con el historiador Frank Samponaro (Profesor Emérito de la Universidad de Texas-Permian Basin) sobre las tarjetas postales y fotografías de la revolución mexicana de 1910 en la frontera de Estados Unidos y México. El primero de los dos libros de autoría de ambos fue Border Fury: A Picture Postcard Account of the Mexican Revolution and U.S. War Preparedness, 1910-1917 (University of New Mexico Press, 1988) el cual ganó el Southwest Book Award de la Border Regional Library Association en 1988; el segundo fue: War Scare in the Lower Rio Grande: Robert Runyon’s Photos of Border Conflict, 1913-1916 (Texas State Historical Association, 1992).
Durante esos mismos años de la década de 1970, Paul fue víctima del hechizo (tal como muchos de nosotros) de la escuela francesa de los Annales. Entre los historiadores que más profundamente influyeron en Paul Vanderwood destaca Emanuel Le Roy Ladurie con sus trabajos Montaillou: The Promised Land of Error y Carnival in Romans (ambos aparecieron en inglés en 1979). Fue tan profunda la influencia de Le Roy Ladurie que acabó por determinar la dirección de la carrera de Paul, aunque ya había preparado el terreno en tal dirección desde su libro Disorder and Progress. Paul comenzó a poner atención en el tema del levantamiento milenarista en Tomochic, Chihuahua, a principios de la década de 1890 mientras trabajaba en la Hemeroteca Nacional en la ciudad de México investigando para Disorder and Progress, y concibió hacer un estudio con el estilo de los Annales sobre el Valle de Papigochic, cerca de donde yace el pueblo en la parte occidental del estado, en la Sierra de Chihuahua alrededor de 80 kilómetros de la ciudad de Chihuahua, capital del estado. Él fue inicialmente apabullado
por la perspectiva desalentadora que implicaba hacer investigación para un estudio del Papigochic immobile
(immobile
es un término utilizado por Le Roy Ladurie aplicado al área de Languedoc en el sureste de Francia, el escenario de su primer libro sobre los campesinos de la región), así que cuando en realidad Paul comenzó a realizar la investigación del tema a mediados de la década de 1980, tuvo que limitar su enfoque en una todavía amplia área de la cultura y la religión (sobre lo cual hay un amplio precedente, en cualquier caso, de textos post-Annales escritos por Le Roy Ladurie y otros historiadores). Su libro sobre este episodio, The Power of God Against the Guns of Government: Religious Turmoil in Mexico at the Turn of the Nineteenth Century (Stanford University Press, 1998; editado en español en 2003), fue publicado después de su jubilación de San Diego State University, pero concluido al final de su carrera en dicha institución. El libro recibió en 1998 el premio Thomas F. McGann que otorga al mejor libro la Rocky Mountain Conference on Latin American Studies, tal como sucedió con su trabajo Disorder and Progress, y se ha convertido en un libro de texto para estudiantes de licenciatura en historia a lo largo y ancho del país, pero además utilizado en seminarios de posgrado sobre historia de América Latina; The Power of God ha sido considerado por muchos especialistas como el trabajo mejor logrado de Paul, por lo que merece al menos una breve discusión.
Cuando muchos de los hombres del pueblo mayormente mestizo de Tomochic se levantaron para negar la legitimidad y autoridad del gobierno porfirista (así como del papel moneda, como de los médicos y la ciencia moderna) en 1890-1891, gritando ¡Nosotros sólo obedeceremos a Dios!
provocaron la reacción del gobierno central el cual condujo ataques militares para poner orden que eventualmente se volvieron progresivos y crecientes pues finalmente desembocaron en una masacre sobre los habitantes del pueblo por parte de las tropas federales. La resonancia con los eventos, casi concomitantes, en Canudos, en el noreste de Brasil, descritos por Euclides da Cunha en su clásico reportaje periodístico Rebellion in the Backlands (1944) y brillantemente novelada por Mario Vargas Llosa en su libro War of the End of the World (1984), no habían sido desdeñados por otros investigadores, aunque Vanderwood no dedicó mucha atención a ellos en su propio trabajo. En su típica modestia y estilo coloquial, Paul me comentó su fascinación por este incidente en nuestra entrevista de 2011, ¡Caramba! Qué agallas debieron haber tenido para ir a la oficina del presidente municipal y pararse y gritar ‘sólo obedeceremos a Dios’; pero esto no estaba conscientemente dirigido a derrocar el régimen [porfiriano], ellos sólo hacían espacio para seguir con su sistema de creencias religiosas
. Este fue el primer trabajo de Paul que se acercaba a las creencias religiosas, especialmente a la fe popular, puesto que él comenzó a entender cuán importante ha sido la sensibilidad religiosa y lo sigue siendo para explicar la cultura y la historia mexicanas. Además de la influencia que ejercieron otros trabajos de historia, su interés inherente por el episodio de Tomochic, y la forma que la lógica de sus propios trabajos previos lo llevaron hacia ese acontecimiento, Vanderwood tuvo interés en innovar el uso de las fuentes históricas: integrando historia oral contemporánea con evidencia documental, por ejemplo, y tratando de reconstruir el pensamiento de los actores históricos y sus motivos a través de lecturas plausibles de la evidencia. En el curso de su investigación, Paul trabajó sobre la vida y acciones de la popular santa, Teresa de Cabora, en Sonora, quien se convirtió en una especie de profeta y objeto de veneración por los tomochitecos y eventualmente concluyó atada amorosa y políticamente a la figura del izquierdista Lauro Aguirre. Paul investigó profundamente su culto y a sus seguidores y se hizo además la pregunta intrigante sobre las milagrosas curaciones que se decía realizaba Teresa; investigó también las creencias milenarias en el área y sus precedentes, y la historia social de Tomochic per se —sus patrones de distribución de la riqueza, las divisiones políticas internas y las figuras principales tales como el líder del levantamiento, Cruz Chávez—. Vanderwood vivió en Tomochic o en los alrededores al menos por un año y se encontró un corpus documental desorganizado, hasta ese momento desconocido, que se estaba pudriendo en la cárcel local. Paul recordaba con cariño el buen trato que le daban los pobladores, al principio confundidos por la aparición de un gringo loco fascinado por un incidente acontecido un siglo atrás en su propia historia, que trabajaba hasta media noche con la luz de un solo foco en el desvencijado edificio municipal revisando papeles viejos, pero quien comenzó a interesarse cada vez más en sus hallazgos.
En un intento por entender los acontecimientos en Tomochic, Vanderwood había leído profusa y profundamente literatura multidisciplinaria sobre los sistemas de creencias milenaristas y sobre este tipo de movimientos en Europa y en el resto del mundo, pero se mantuvo insatisfecho con el esquema interpretativo que esos trabajos le proveían. Sintiendo que él debía observar uno de estos movimientos de primera mano, viajó a Uganda para conocer
