Mi defensa
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El rescate de sus educadores, la enumeración de los libros importantes que había ido leyendo desde pequeño (salpicada con citas en francés) y las explicaciones alrededor de una vocación política aparecida relativamente tarde tenían el sentido de mostrar cómo lo habían orientado para llegar a ser quien era.
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Mi defensa - Domingo Faustino Sarmiento
Mi defensa
Copyright © 1843, 2021 SAGA Egmont
All rights reserved
ISBN: 9788726602753
1st ebook edition
Format: EPUB 3.0
No part of this publication may be reproduced, stored in a retrievial system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.
This work is republished as a historical document. It contains contemporary use of language.
www.sagaegmont.com
Saga Egmont - a part of Egmont, www.egmont.com
Nota a esta edición:
La serie de seis escritos periodísticos que publicados de manera diversa conocemos como Mi defensa, fue sólo parcialmente recogida como libro en vida de su autor. La primera edición fue realizada por Luis Montt en 1885, Tomo III de las Obras Completas. El editor descubre ya impreso el libro, que ignoraba publicaciones que debían haber formado parte de él. La primera reimpresión del mismo tomo en 1909 por su segundo editor, Belín Sarmiento, elimina Mi defensa, texto que, sin embargo, había publicado fuera de las Obras Completas en 1896 en edición ampliada, lo que constituye al parecer un hecho de dolo. Recién en la segunda reimpresión (1913) del Tomo III, hecha por el mismo Belín, agregará a la edición de Montt los tres escritos faltantes que completan la obra: El Escritor en Chile,Vaya un freso…, y El Libelo. El criterio seguido en esta edición ha sido el de ordenar cronológicamente los seis escritos. El primero de la serie, publicado cuando tal vez Sarmiento no pensaba continuar su polémica defensa contra Domingo S. Godoy, es presentado como prefacio de la obra. La ortografía ha sido modernizada.
Prefacio
¹
Vaya un Fresco para Don Domingo Godoy que ha caminado tanto estos días
Nunca somos tan ridículos por las cualidades que tenemos como por las que afectamos tener. La más peligrosa ridiculez de los viejos que han sido amados, es olvidarse de que ya no lo son.Más irremediable es la envidia que el odio.
La Rochefoucault: Máximas.
Me detendré un momento a explicar las circunstancias que han motivado la enemistad del señor don Domingo Godoy y el origen de esta prevención con que me persigue; porque aunque él diga lo que quiera, se le trasluce por sobre las ropas que me aborrece con todas las fuerzas de su alma, lo que es mucho decir, porque su fuerte es aborrecer. ¡Ha aborrecido a tantos en su vida!
San Juan es una ciudad de casuchas, una aldea, un pobre pueblo. En El Zonda, periódico que redacté allí yo, y no el señor Domingo S. Godoy, como han creído algunos aquí, lo he caracterizado bien, según se verá luego, cuando lo enseñe en la Bolsa. En este cuitado pueblo encontré, a mi regreso de Chile, al señor Godoy, con un carácter semi-oficial, de Cónsul o qué sé yo qué, con los barruntos de agente diplomático de primera categoría; con todo el alto tono y refinamiento de una capital; con sus aires de hombre de corte y con la pretensión de un galán de treinta años a lo sumo, para cuyo objeto se rasuraba mañana y tarde a fin de que no apareciesen ciertas porfiadas canas que habrían probado que era pollo que no se cocía de dos hervores. A esto alude al atribuirme en sus escritos treinta y seis años de edad, es decir, dos años menos de los que él tiene, porque siempre hemos pasado por jóvenes de una misma edad. ¡En la provincia todo pasa! Este mozo, como dicen por allí, hacía profesión de galantear muchachas, y solía tomar palco por temporadas en las costillas de una pobre niña, a quien susurraba amoríos. Era el señor Godoy el tipo de la galantería en aquella provincia, y aunque yo era un pobre diablo, ni más ni menos como él me pinta, visitamos por largo tiempo en una misma casa, y según él decía, con el mismo objeto, aunque yo no salgo garante de su verdad. Apenas me conocía cuando su acreditada tijera me dio una forma particular y me estampó una filiación que me venía de perlas y daba que reír grandemente en mi ausencia, en la tertulia a que ambos asistíamos. Yo tuve la indiscreción, ¡cuán caras me cuestan estas indiscreciones! de llamarle el galán emplasto, el viejo verde, el brazo izquierdo de Portales; y a esto se añadió, para mayor confusión mía, decir que era un pobre tonto, muy dado a la chismografía y a los enredos, y sin duda alguna, palaciego de Santiago, porque había cosas muy singulares en su conducta y en sus expresiones. . .
—Señor Godoy, le decían alguna vez, ¿por qué no toma sandía?
— ¡Oh!, no. . ., contestaba con desdeñosa cortesía, desde una vez que en la quinta de Egaña, tomamos con Diego (Portales) después del almuerzo, mucha sandía, y nos dio una
