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Qué hacer cuando la vida parece andar demasiado deprisa; cuando el amor y la muerte comparten el mismo lugar. Qué, cuando el tiempo y el miedo y el sexo se roban el sueño y te dejan tirado en la cama para rascarle a la tierra un cachito de más soledad. Al menos, en el caso de Cesar Jordán, la respuesta es escribir. Para amar, para respirar, para no morir.
27, poemas para la noche y la madrugada es el retrato del viaje de un ser humano por todo un año, a través de amores y despedidas, de bienvenidas y adioses, del abandono de dioses que parecieran estar aprendiendo a jugar. Jordán anda la vida y observa; pregunta, se duele y protesta; y con una sensibilidad que atormenta escribe de lo que experimentó: de la ciudad que crece y decrece y de sus enormes mujeres; de adicciones legales, drogas ilegales y consecuencias; del deseo, el placer y la ausencia; de la familia que nunca te deja y del aprendizaje necesario para tratar de ser cada día una persona mejor.
Este libro ofrece un respiro a quien busca una respuesta para esa pregunta que jamás formuló: ¿Qué o quién soy?
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27 poemas para la noche y la madrugada - César Jordán
Por la edición: Libros Invisibles © 2018
Por la obra: César Jordán © 2018
Primera edición: Libros Invisibles, 2018
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Para Liz, con amor, por todo lo que fue.
The time I burned my guitar it was like a sacrifice.
You sacrifice the things you love.
—James Marshall Hendrix
40738.pngBeats & joints
En el refrigerador hay una caguama
que metí en lo que llegabas.
Te veo lejana, de otro tiempo,
y tu piel y tu pelo y tus labios
son como de otro color.
Déjame prender un porro
para que se vaya el silencio
y se empiece a calmar el dolor.
¿A cuántos días estamos del olvido?;
¿cuántas piernas, cuántas nalgas, cuántos besos
nos faltan por doler?
Estoy en este lugar en que ya no existo:
piso tres,
atrás del Xinantécatl;
y todo
-los besos, los sillones,
los amores, las batallas-
aquí está igual.
En el refrigerador hay una caguama
en este cuarto ya no hay cama,
y te extraño
- como siempre -
y no estás
| - como siempre -
como si todo
hubiera sido ayer.
Mientras Rocío
(i/iii)
Dicen que la noche le abrió las patas al diablo
y que de ahí nacimos tú y yo;
y los otros,
que son iguales que nosotros
y que también ven la vida pasar.
Dicen
que del corazón de unos magueyes,
con pétalos de marihuana
y coca mascada
para aguantar lo alto de Toluca,
hicieron nuestros cuerpos
y luego nos untaron barro
y luego nos recocieron al sol.
Dicen que el sol nos espanta
y que en la noche
bailamos mejor.
Dicen que nos tragamos la soledad con cerveza,
pero que la verdadera belleza,
está en nuestras almas
tomando y fumando café.
Dicen a veces, también, que no es cierto,
que el dolor y la tristeza
sólo están en la cabeza
y no en el corazón.
Pero eso sólo lo dicen los que saben,
y tú y yo que lo sabemos todo;
pero que no sabemos nada,
nos echamos a reír,
y a fumar, y a volar
para que la vida
deje un rato de girar.
La cruda realidad
Abro la boca primero que los ojos.
¡Necesito respirar antes que ver!
Me aferro al aire como a la vida
y ninguno de los dos
quiere entrar en mí.
¡Abro la boca como pescado desde mi sueño;
y luego como un disparo o como un trueno,
llega oxígeno a mi cuerpo
y puedo por fin despertar!
Mi cabeza es el yunque
en que un Dios ofendido,
pega con su odio de martillo
la masa amorfa
que tengo entre los hombros
y que no deja de punzar.
No necesito una cerveza
más de lo que necesito marihuana
y, en realidad,
no necesito nada,
que no sea el pinche mundo
dejando de girar.
De mi ventana se miran
tres cerros flacos y acostados;
aquí vengo a diario a pasar con la vida,
aquí vengo a diario
a jugar con palabras y sueños
y litros y kilos de agua y café.
Dicen los que saben
que por fin escribo;
que no me fumó la noche,
que el silencio no me devoró.
Dicen los que saben
que me gusta contar historias,
y dicen, también,
que lo hago muy bien.
Pero eso lo dicen ellos que saben,
porque yo, que ya no sé nada,
solo quiero dolerme la cruda
y tirarme a mirar
cuando empiece a llover.
Acrónimos de Z y Siempre
(i/iii)
Preferiría que no te perdieras nada;
preferiría que lo fuéramos todo.
Color del ocaso, tibias luces de auroras,
mano sobre mi mano en una calle de Metepec,
beso sobre mi beso en un rincón bailando,
alma sobre mi alma tomando café.
Debería ver el atardecer
entre tu amor y tus piernas;
deberías ver el mar,
entre mi amor
y la tinta que tengo en la piel.
Deberíamos andarnos un tiempo
para ver sonreír tus ojos redondos
y tu boca pequeña de curvas;
para verte charlar con la vida,
para que veas tras mis ojos el sol.
Vámonos a seguir tus pasos
y tendernos a escuchar a Cerati
entre cerveza y humo de café;
vamos a andar en la ciudad de la furia,
mientras tomas mi mano
y empieza a llover.
Preferiría que lo fuéramos todo,
o que no fuéramos nada,
o que fuéramos algo;
pero que fuéramos juntos,
la eternidad de tu nombre
y todo esto que a veces no soy.
Acrónimos de Z y siempre
(ii/iii)
Me gustaría que pudieras verte como te veo:
azul templado sabor del aire,
gris callado sobre la noche,
verde como tu risa y como la vida,
oscuro como tus ojos y como el mar.
Me gustaría que te vieras a través de mis ojos,
cascada de fuego que flotas la niebla,
mariposa del sueño
que aletea y que se escapa
y que vuela y se va;
pálida luz de la aurora y de media mañana,
agua que corre del tiempo
que vas con tu nombre detrás.
Me gustaría que pudieras verte
en la forma en que yo te veo:
luna de luces y estrellas,
labios de curvas y carreteras
y acantilados mortales
entre tu pecho y el jazz.
Me gustaría que pudieras verte como te veo,
para no tener que decir ya nada
y dejar que la vida
levante las alas
y comience a volar.
Acrónimos de Z y siempre
(iii/iii)
Me tiendo igual que la noche
a querer hablarle de todo
y no poderle decir de nada
Me gustaría escribir de sus ojos
y de su voluntad y de mi fortuna
de los azules kilométricos de cielo
cruzado
entre sus labios y mis
