El hombre que pudo reinar
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En 1975 fue adaptada por el director John Huston en la película del mismo nombre, protagonizada por Sean Connery y Michael Caine como los aventureros y Christopher Plummer como Kipling.
Esta novela corta, considerada una de las mejores de Kipling, ha sido genialmente ilustrada por Fernando Vicente.
Rudyard Kipling
Rudyard Kipling, né à Bombay, en Inde britannique, le 30 décembre 1865 et mort à Londres, le 18 janvier 1936, est un écrivain britannique.
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El hombre que pudo reinar - Rudyard Kipling
EL HOMBRE QUE PUDO REINAR
Rudyard Kipling
Ilustraciones de Fernando Vicente
Traducción de Enrique Maldonado Roldán
Título original: The Man Who Would Be King
© De las ilustraciones: Fernando Vicente
© De la traducción: Enrique Maldonado Roldán
Edición en ebook: enero de 2016
© Nórdica Libros, S.L.
C/ Fuerte de Navidad, 11, 1.º B 28044 Madrid (España)
www.nordicalibros.com
ISBN DIGITAL: 978-84-16440-55-9
Diseño de colección: Diego Moreno
Corrección ortotipográfica: Victoria Parra y Ana Patrón
Maquetación ebook: Caurina Diseño Gráfico
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Joseph Rudyard Kipling
(Bombay, India Británica, 30 de diciembre de 1865 – Londres, Inglaterra, 18 de eenro de 1936)
Fue un escritor y poeta británico. Autor de relatos, cuentos infantiles, novelas y poesía. Se le recuerda por sus relatos y poemas sobre los soldados británicos en la India y la defensa del imperialismos occidental, así como por sus cuentos infantiles.
Algunas de sus obras más populares son la colección de relatos The Jungle Book (El libro de la selva, 1894), la novela de espionaje Kim (1901). Además varias de sus obras han sido llevadas al cine.
En su época fue respetado como poeta y se le ofreció el premio nacional de poesía Poet Laureat en 1895 (poeta laureado) la Orden de Mérito del Reino Unido y el título de sir de Caballero de la Orden del Imperio Británico en tres ocasiones, honores que rechazó. Sin embargo, aceptó el Premio Nobel de Literatura de 1907, el primer escritor británico en recibir este galardón,1 y el ganador del premio Nobel de Literatura más joven hasta la fecha.
Fernando Vicente
(Madrid, 1963)
Comienza su trabajo de ilustrador a principios de los años 80 colaborando en la desaparecida revista Madriz. Gana el Laus de oro de ilustración en 1990.
Colabora asiduamente con el suplemento cultural Babelia del diario El país desde el que muestra su trabajo más literario cada sábado y donde ha ido perfilando su actual estilo como ilustrador.
Contenido
Portadilla
Créditos
Autor
Ilustraciones
El hombre que pudo reinar
Contraportada
Hermano del príncipe y compañero
del mendigo en caso de merecerlo.¹
La Ley, tal y como está formulada, establece una conducta vital justa, algo que no es sencillo mantener. He sido compañero de un mendigo una y otra vez, en circunstancias que impedían que ninguno de los dos supiéramos si el otro lo merecía. Todavía he de ser hermano de un príncipe, si bien una vez estuve próximo a establecer una relación de amistad con alguien que podría haber sido un verdadero rey y me prometieron la instauración de un reino: ejército, juzgados, impuestos y policía, todo incluido. Sin embargo, hoy, mucho me temo que mi rey esté muerto y que si deseo una corona deberé ir a buscarla yo mismo.
Todo comenzó en un vagón de tren que se dirigía a Mhow desde Ajmer. Se había producido un déficit presupuestario que me obligó a viajar no ya en segunda clase, que solo es ligeramente menos distinguida que la primera, sino en intermedia, algo verdaderamente terrible. No hay cojines en la clase intermedia y la población es bien intermedia; es decir, euroasiática o bien nativa, lo cual para un largo viaje nocturno es desagradable; mención aparte merecen los haraganes, divertidos pero enloquecedores. Los usuarios de la clase intermedia no frecuentan los vagones cafetería; portan sus alimentos en fardos y cacerolas, compran dulces a los vendedores nativos de golosinas y beben el agua de las fuentes junto a las vías. Es por esto por lo que en la temporada de calor los intermedios acaban saliendo de los vagones en ataúd y, sea cual sea la climatología, se les observa, motivos hay, con desdén.
Mi vagón intermedio resultó ir vacío hasta que alcancé Nasirabad, cuando entró en mangas de camisa un gigantesco caballero de oscuras cejas y, siguiendo la costumbre de los intermedios, comenzó a charlar conmigo. Era un viajero y un vagabundo como yo mismo, aunque con un educado paladar para el whisky. Contaba historias sobre cosas que había visto y hecho, de los rincones recónditos del Imperio en los que había penetrado y de aventuras en las que arriesgaba su vida por comida para un par de días.
—Si la India estuviera llena de hombres como usted y como yo, que desconocen en igual medida que los cuervos dónde conseguirán su sustento para el día siguiente, no serían setenta millones los impuestos que
