El Disfraz De la Inocencia (La Colección Eterna de Barbara Cartland 16)
Por Barbara Cartland
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Davina, una joven de origen humilde, sueña con asistir al baile más famoso de la temporada en Londres. Pero, obligada a cuidar de su madre enferma y sin la posibilidad de ser presentada en sociedad, decide recurrir a una arriesgada estrategia: suplantar la identidad de otra persona.
En el baile, conoce al apuesto Duque de Norminster y se enamora perdidamente de él. Pero, al descubrir un complot para chantajear al duque, Davina se da cuenta de que su falsa identidad la pone en grave peligro. ¿Podrá revelar la verdad y luchar por el amor que ha encontrado, o su secreto la obligará a desaparecer para siempre?
En "El Disfraz de la Inocencia", Barbara Cartland te sumerge en un mundo de secretos, bailes de sociedad y la fuerza del amor verdadero, donde la inocencia se convierte en la mejor arma y el mayor riesgo.
Barbara Cartland
Barbara Cartland war die produktivste Schriftstellerin der Welt. Sie schrieb zu Lebzeiten 723 Bücher, von denen nicht weniger als 644 Liebesromane waren, die sich weltweit über eine Milliarde Mal verkauften und in 36 Sprachen übersetzt wurden. Neben Liebesromanen schrieb sie außerdem historische Biografien, Theaterstücke und Ratgeber. Ihr erstes Buch schrieb sie im Alter von 21 Jahren – es wurde auf Anhieb ein Bestseller. Ihr letztes Buch schrieb sie im Alter von 97 Jahren und es trug den vielleicht prophetischen Titel »Der Weg zum Himmel«. Zwischen den 1970er und 1990er Jahren wurde Barbara Cartland dank zahlreicher Fernsehauftritte und ihrer Beziehung mit der jungen Lady Diana zu einer Medienikone, doch ihr großes Vermächtnis werden ihre vielen inspirierenden Liebesromane bleiben. Barbara Cartlands offizielle Website: www.barbaracartland.com Bei dotbooks erscheinen von Barbara Cartland mehrere historische Liebesromane in der der HIGHLAND SKY-Reihe sowie in der REGENCY SCANDALS-Serie und Exotikromane in der Reihe TRÄUME UNTER FERNER SONNE.
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El Disfraz De la Inocencia (La Colección Eterna de Barbara Cartland 16)
Translated by Desconocido
Original title: Love is a Maze
Original language: English
Copyright © 2014, 2025 Barbara Cartland and Saga Egmont
All rights reserved
ISBN: 9788727321196
1st ebook edition
Format: EPUB 3.0
No part of this publication may be reproduced, stored in a retrievial system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser. It is prohibited to perform text and data mining (TDM) of this publication, including for the purposes of training AI technologies, without the prior written permission of the publisher.
This work is republished as a historical document. It contains contemporary use of language.
www.sagaegmont.com
Saga is a subsidiary of Egmont. Egmont is Denmark’s largest media company and fully owned by the Egmont Foundation, which donates almost 13,4 million euros annually to children in difficult circumstances.
Vognmagergade 11, 2, 1120 København K, Denmark
Capítulo 1
1871
SIR William Jenner miró fijamente a Davina.
—Me temo, Señorita Brantforde, que la salud de su madre está muy quebrantada— dijo.
Aquello era lo que la muchacha había esperado escuchar, por lo que se mantuvo en silencio.
Sus ojos permanecieron fijos en el rostro del médico real cuando éste continuó diciendo:
—Es como consecuencia de haber sufrido demasiado y por la preocupación que siente por su padre.
—Si al menos tuviéramos noticias de Papá— murmuró Davina—. Pero hace dos meses que no sabemos nada de él.
—Eso debe ser desesperante— estuvo de acuerdo Sir William—. Mientras tanto, debemos hacer todo cuanto podamos para mantener optimista a su madre y evitar que se preocupe.
Davina pensó que aquello era imposible, mas de nada serviría decirlo.
—Ya he hablado con su Doncella— continuó diciendo Sir William—, quien me ha prometido hacer que descanse todo lo posible, que reciba pocas visitas y que tome la medicina que yo le enviaré más tarde.
—Ha sido usted muy amable— le agradeció Davina—. Verdaderamente estoy muy inquieta por Mamá.
—Cuide de que coma alimentos muy nutritivos— le indicó Sir William.
El doctor se dirigió hacia la puerta mientras hablaba y Davina lo siguió.
Luego, le dio una palmadita en el hombro y dijo:
—Anímese, Querida. Estoy seguro de que todo cambiará tan pronto como su padre regrese.
—Estoy segura de que así será. Muchas gracias por venir. Davina abrió la puerta principal.
Sir William salió de la casita situada en Islington Square y se subió a su elegante faetón tirado por dos caballos. En el pescante viajaba el cochero y un palafrenero, que le cerró la puerta. Tras despedirse el doctor con el sombrero, el vehículo se alejó.
Davina emitió un suspiro.
Observó alejarse el carruaje, entró en la casa y cerró la puerta tras ella.
Sabía que los honorarios de Sir William Jenner serían muy elevados. Pero estaba tan preocupada por su madre, que pensó que el gasto era necesario. En realidad, el doctor no le había dicho nada que ella ya no supiera. El único problema era que Lady Brantforde extrañaba mucho a su esposo.
Se encontraba éste en una misión secreta para el Ministerio del Exterior y cuando su madre no recibía noticias de su esposo durante algún tiempo temía lo peor.
«¿Qué puedo hacer?», se preguntó Davina.
Entonces recordó que tenía otro problema igualmente apremiante: estaban escasas de dinero.
Sir Terence había pertenecido al servicio diplomático hasta que se retiró, cuando contrajo matrimonio. Poseía un gran conocimiento de idiomas, por lo que el Ministerio del Exterior solía llamarlo para pedirle su ayuda cuando se encontraba en algún grave problema.
Su padre nunca hablaba de sus misiones. Simplemente, viajaba a algún país extraño, por lo que Davina nunca estaba segura de lo que hacía.
Ahora, hacía ya cuatro meses, que el Conde de Granville, Secretario del Exterior, lo había mandado llamar. Una semana más tarde, había desaparecido.
Davinia acababa de cumplir los dieciocho años y le habían prometido una temporada en Londres.
En ausencia de su padre, tuvieron que cerrar la pequeña mansión familiar en la que residían en el campo.
Algunos meses antes, Sir Terence había hecho arreglos para alquilar una casa poco costosa, aunque sí muy atractiva, en Islington Square.
Hizo muchos planes para su hija, a la que adoraba, mas la noche antes de su partida Sir Terence le había dicho:
—Lo siento, Querida, pero el deber siempre es lo primero. Por lo menos, así ha sido siempre en mi vida.
—Por supuesto que debes hacer lo que te piden, Papá— respondió Davina—. Pero, por favor, regresa lo más pronto que puedas. La estancia en Londres no será igual sin ti.
—Te prometo que no estaré ausente un día más de lo necesario— le prometió Sir Terence.
Ahora ya era julio, la Temporada Social casi había terminado y ella no pudo asistir ni a un solo baile o recepción.
Al principio, su madre, simplemente, había esperado, creyendo que Sir Terence aparecería en cualquier momento, pues se sentía incapaz de enfrentarse al Mundo Social por sí sola.
Sir Terence era quien mejor sabía elegir a las personas adecuadas, y se habría puesto en contacto con quienes, de buena gana, hubieran recibido a su esposa y a su hija cuando él lo desease.
Mas, en su ausencia, ellas no tenían ni idea de cómo hacerlo. Ahora ya habían pasado dos meses en Londres y Davina deseaba no haber dejado el campo.
Allí, por lo menos, podía montar y se sentía a gusto con su madre y sus vecinos.
Los días se hacían cada vez más largos cuando su madre empezó a perder, poco, a poco, el interés por todo.
Se pasaba las horas pendiente del cartero, en espera de alguna noticia de su esposo.
«¿Qué lo puede estar reteniendo?», se preguntaba una y otra vez, pero no había respuesta.
Ahora, Davina entró en la salita donde solían sentarse cuando su madre bajaba del dormitorio.
Su mirada fue a parar a un montón de facturas que estaban depositadas sobre una mesa junto a la ventana.
Sir William había insistido en que su madre debía comer los mejores alimentos, pero ella sabía que eso era caro. Los pollos tiernos, que en el campo eran muy baratos, en Londres costaban una fortuna. Lo mismo ocurría con los huevos frescos, la mantequilla y la crema.
Davina atravesó la habitación y se quedó mirando los recibos, como si éstos la atrajeran igual que un imán.
Al partir, Sir Terence les dejó una considerable cantidad de dinero para los gastos de la casa. Pero él había calculado regresar al término de un mes ó no más de dos.
Incluso habló de llevarla a las carreras de Ascot al principio de junio, y de presentarla en un salón a fines de mayo.
«¿Qué le puede haber ocurrido?», se preguntó, y se estremeció ante sus propios pensamientos.
Decidió que tenía que mantener optimista a su madre, así que lo primero que tenía que hacer era mostrarse optimista ella misma.
Sin embargo, el problema del dinero era apremiante. La servidumbre era muy poca. Bessie, la cocinera, había servido en la casa durante doce años y no podían deshacerse de ella. También estaba Amy, quien ya estaba cerca de los cincuenta y estaba con ellos desde que vivían en el campo hacía ya varios años. El otro miembro del servicio era la doncella de su madre quien fuera nana de Davina cuando era pequeña. Nanny era un miembro más de la familia y era imposible prescindir de ella
«Podríamos volver al campo», se dijo, «pero si Papá regresa, se enfadará si no nos encuentra aquí, esperándolo, tal y como nos lo pidió».
Caminó hacia el otro lado de la salita. Se quedó mirando una acuarela que pensaba había sido pintada por el dueño de la casa. No se trataba de una pintura muy buena y Davina se dijo:
«Yo lo puedo hacer mejor».
Entonces le vino una idea.
Se preguntó por qué no se le habría ocurrido antes. Ella tenía dos habilidades: podía pintar y podía coser. Cuando pensó en sus pinturas, se acordó de su maestra. Había sido muy tonta al no ponerse en contacto con Lucy cuando llegó a Londres.
Siempre había pensado en hacerlo.
No obstante, había estado esperando a que su madre se pusiera bien para alquilar un carruaje y dirigirse a la tienda que Lucy Crofton poseía cerca de la Calle Bond.
«¡Iré a ver a Lucy de inmediato!», se decidió Davina.
Corrió escaleras arriba.
Tal y como imaginara, se encontró a Amy arreglando su habitación.
—Ponte tu sombrero, Amy— le dijo—. Vamos a salir.
—No tengo tiempo para eso, Señorita Davina— protestó Amy—. ¿Y a dónde iremos?
—Voy a ver a la Señorita Lucy Crofton— respondió Davina—. ¿Te acuerdas de ella?
—Claro que me acuerdo de ella— respondió Amy—. He oído decir que ahora es muy importante. ¡Demasiado importante, quizá, como para querer recibir a unas campesinas como nosotras!
Amy hablaba con la confianza de una Sirvienta de muchos años. Nunca se acordaba de que Davina ya había crecido.
—¡Tonterías!— exclamó Davina—. Lucy sí querrá verme y ahí es a donde voy a ir. Así que si no vienes conmigo, Amy, me iré sola.
Davina sabía que aquella amenaza surtiría efecto.
Su madre había insistido en que, mientras estuvieran en Londres, no debería salir a ninguna parte sin alguien que la acompañara.
Murmurando algo entre dientes, Amy salió de la habitación y Davina se dirigió a su guardarropas.
Escogió su vestido más bonito, uno que ella misma se hizo y que lucía un polisón muy elegante.
También se puso un sombrero que hacía juego con el vestido y lo sujetó bajo el mentón con unas cintas.
Luego se miró en el espejo.
Hubiera sido difícil para cualquier hombre pensar que alguna otra muchacha podía mostrarse más atractiva o más bella. Davina estaba delgada por el mucho ejercicio que hacía en el campo.
Montaba los caballos de su padre y, después, a su regreso, ayudaba al viejo caballerango a cepillarlos.
Su rostro tenía la forma de un corazón y se hallaba dominado por dos enormes ojos grises, del color del pecho de una paloma.
Esto resultaba un tanto extraño, ya que, por el color rubio
