El hombre mediocre
Por José Ingenieros
4/5
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En ellas se proponía comprender cómo funcionan las sociedades humanas. Para ello establecía y describía tres tipos o caracteres que según él era posible reconocer en cualquier comunidad de seres humanos:
el idealista,
el hombre mediocre
y el inferior.
Ingenieros no ocultaba su admiración hacia el primer tipo pero, más allá de los juicios morales. Hizo el esfuerzo de entender en clave psicológica las particularidades de cada tipo y su función específica en nuestras sociedades. Así, dedicaba una parte importante de El hombre mediocre al segundo tipo, porque él constituye el grueso de las sociedades:
«¿La continuidad de la vida social sería posible sin esa compacta masa de hombres puramente imitativos, capaces de conservar los hábitos rutinarios que la sociedad les transfunde mediante la educación? El mediocre no inventa nada, no crea, no empuja, no rompe, no engendra; pero, en cambio, custodia celosamente la armazón de automatismos y prejuicios y dogmas acumulados durante siglos, defendiendo ese capital común contra la asechanza de los inadaptables. Su rencor a los creadores compénsase por su resistencia a los destructores.»
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Comentarios para El hombre mediocre
160 clasificaciones26 comentarios
- Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Jul 25, 2023
Es tajante Ingenieros en el libro.
Nos brinda reflexiones profundas sobre el "Cada uno es como quiere" "Ah, dejalo, si no le importa el tema que no opine" Duras críticas a la inmoralidad de la tibieza, del no meterse en los conflictos, no pelear por lo que es bueno y justo. Ser una ameba en la vida es un sin sentido. Lo leí hace tiempo y tengo que volver a repasarlo. Pero creo que este libro es como el tango "Cambalache" que por viejo, no deja de ser contemporáneo. - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Jun 6, 2023
La obra de José Ingenieros exalta la búsqueda de la genialidad y los ideales por parte de personas virtuosas. Rechaza y condena la mediocridad, el servilismo, la inacción, tanto en la política como en otras áreas. Es curioso que siendo un autor que promulgó el inicio del socialismo en Argentina, además de impulsar algunos elementos de psicología en la práctica científica, lograra plasmar la debacle y los efectos del sistema que ayudó a construir y por el que se ha afianzado un culto a la imbecilidad. Difícil que imaginara ese resultado, pero mucho de lo que menciona en cuanto a la mediocridad y al servilismo le calza bien al pobrecismo que gobierna gran parte de LATAM y del mundo hoy día, ese mismo que busca igualar por lo bajo y no por los méritos. Hoy se da todo lo contrario a lo que él posiblemente deseó en su tiempo. Interesante lectura que deja múltiples cuestionamientos sobre aspectos sociales, morales, éticos y políticos que hoy nos afectan y que por lo visto, son tema de actualidad en cualquier época en la que se vean. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
May 22, 2022
Personalmente este libro me dejó ver que ciertas ideas personales no estaban desarraigadas y todo en base a una crítica y un análisis muy concreto de parte de José Ingenieros, no concuerdo con todo lo dicho en el libro pero definitivamente hay mucho con lo que sí cuando se trata de la mediocridad social y como inclusive ciertos aspectos personales son exaltados como nobles pero en realidad son una expresión de ese hombre conformista. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
May 13, 2022
El hombre mediocre puede parecer chocante en un principio por la manera tajante y arbitraria de su clasificación. Inferior, Mediocre y Superior. Aun así desarrollando el libro, creo que es un escrito desesperado para luchar contra la apatía, la tibieza, la poca decisión de ese hombre medio y la imposibilidad de ser artífice de su propia vida. Hombres de corcho que van de acá para allá, livianos, inmorales y sin ideales. Es un grito contra el hombre vago, influenciable y que por falta de virtud se corrompe. Por extensión resalta la virtud de los idealistas, aunque entiendo no siempre son las solución a todo ya que que como diría Dolina "Una bagatela sacralizada y convertida en una cuestión de honor por alguien demasiado orgulloso de sus pasiones tampoco son buenas noticias", creo que le da al libro el contraste perfecto para reforzar su lucha contra la sumisión y la domesticación total del hombre. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Feb 3, 2022
La sombra de la sociedad ?? - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Sep 3, 2021
Propongo cinco estrellas y sin titubear. Por José y su excelsa pluma, por su idealismo coherente con su persona, por esa increíble manera de hilvanar profunda poética e intocable ensayística, por la interdisciplinariedad de su psicología-sociología-filosofía-antropología-historia-poesía y más, por mantener a una obra tal como El Hombre Mediocre a una altura extraordinaria.
Un libro de hace más de 100 años y que nos sigue interpelando increíblemente como sociedad y como individuos. Ojo! Hay muchísimo elitismo -propio del intelectual de la época- y valorización exacerbada del mérito descontextualizado que no comparto, pero hablando "objetivamente" su pensamiento es imperdible. Hay que mantener la visión crítica despierta y pensar en que, al fin y al cabo, "lo poco que muchos disfrutan lo deben a lo mucho que pocos anhelan".
Puede parecer sonso, pero al leer estas páginas recuerdo haber pensado "qué hermoso es el saber", y no es poco. Recomendable, muy. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Aug 13, 2021
"en las eras de rebajamiento, cuando está en su apogeo la mediocridad, los idealistas se alinean contra los los dogmáticos sociales, sea cual fuere el régimen dominante" - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Jun 2, 2021
Muy buena obra, invita a la reflexion sobre la propia conducta. - Calificación: 2 de 5 estrellas2/5
Aug 3, 2020
LO leí porque fué un regalo. Al principio era pesado pero después le encontré la vuelta para leerlo. Es un manojo de frases hechas desde la perspectiva elitista de un masón enojado con ciertos intelectuales de la época. Es divertida para sacar frases hechas en un debate pero más allá que despotrica con el sistema de poder argentino también lo hace con la sociedad que no puede ser consiente de su alienación. Olviden este libro, lean algo actual. - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Apr 19, 2020
No había otra mejor forma de definir y extender contundentemente la conducta del hombre, como lo hace José Ingenieros en esta importantísima deducción y análisis bien llamado "El hombre mediocre". La virtud que posa en los hombres es la que se ve en la sociedad y es de hombres nobles la virtud. Lo que plasma Ingenieros, la esencia vital de los ideales conducen a las formas plenas de progreso y riqueza moral e intelectual para combatir las anormalidades y descarriadas acciones como la corrupción, inmoralidad y mediocridad. - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Apr 11, 2020
El hombre mediocre es una obra para repensar el papel que cumplimos dentro de la sociedad, hay muchos aspectos para destacar, pero haré incapie en el que me ha llamado más la atención, la inteligencia en oposición a la mediocrasia, la idea de que el cerebro debe buscar la genialidad durante su juventud ya que en el momento de envejecer no puede ilustrarse sino lo ha hecho con anterioridad. Hay una frase que se me quedó grabada: " nacemos para crecer, crecemos para morir" considerando dicho proceso biológico debemos pensar quiénes seremos en la vejez. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Mar 4, 2020
UN GRAN LIBRO, ES LA MEJOR OBRA DE JOSE INGENIEROS. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Feb 24, 2020
Fabuloso, Ingeniero sigue más vigente... - Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Feb 8, 2020
Una obra difícil de catalogar aunque se considera dentro del género didáctico, acude a un sinnúmero de recursos de tipo ensayístico Eso no es lo importante, la importancia es el punto sociológico que Ingenieros utiliza para catalogar al hombre básicamente como idealista y mediocre.para poner de relieve esta diferencia, en su introducción explica lo que un hombre idealista posee de características, sobre todo la dignidad y la constante búsqueda de la verdad, a la cual nunca considera conseguida, siempre requiere continuar extendiéndola.Dentro de esta categoría menciona heroes, santos y genios, que han modificado, y lo seguirán haciendo , el curso de la humanidad.en contraposición, coloca al hombre mediocre como un individuo que tiende a la comodidad de recibir sin buscar, de alienar su pensamiento en aras del sostenimiento de la estructura social inamovible, señalando múltiples carencias mas que vicios como la envidia, la incapacidad de salir de lo ordinario, o la de aceptar prebendas a cambio de poco, pero que le prodiguen comodidad y cierto estatus, para ello hace uso de la picaresca francesa en la figura de Gil Blas de Santillana, novela de Alain Rene Lesange,Basada en ella hace un vasto recorrido por la función del hombre mediocre en la sociedad, como sustento de ella, de todas ellas que lo requieren para perdurar y mantenerse, pues este no solo no piensa per se, si no que se niega a hacerlo, como no sea colectivamente,Dividido en 7 capitulos, expone sus ideas respecto al papel de los valores morales, la envidia, la domesticación del hombre mediocre la mediocracia, el clima de la mediocridad , el papel de la vejez en la mediocridad, o el regreso a ella, y los valores del Ideal, con tres adendums, incluidos en lo que denomina el clima del genio : virtud, dignidad, intelecto y voluntad, a más de coincidencia de clima social y momento histórico Culmina con una pequeña Apología a dos grandes figuras argentinas, el eEscritor Sarmiento y el científico Ameghino. una obra para leer reflexionar y poner al alcance de quienes buscan un cambio, muchos cambios, pero sobre todo justicia e igualdad, que no son lo mismo “ justicia es igualdad para los iguales “ o bien “ La justicia en la desigualdad “ como parte de un régimen ideal. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Jan 30, 2020
Debería ser lectura obligatoria en el colegio. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
May 16, 2019
Un libro que muestra al Mediocre; la frase que mas me gustó fue: " el hombre mediocre siempre pasa el mundo a hurtadillas". - Calificación: 3 de 5 estrellas3/5
May 7, 2019
Aunque la lectura de este libro no es tan fluida, contiene conceptos muy importantes que debemos de considerar. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Feb 13, 2019
Es una excelente descripción del hombre mediocre y su contraparte, el hombre de genio. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Jan 31, 2019
Perón, decía, nada ha cambiado desde el homo sapiens, y nada ha cambiado desde que Ingenieros describiera con tanta precisión la naturaleza humana - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Dec 4, 2018
Ingenieros desnuda valerosamente la sociedad y descubre una jerarquía significativa en el hombre social: existe uno superior, otro inferior y uno mediano, entre los dos extremos. Lo que diferencia a cada uno de ellos es su disposición interna frente a la vida en sociedad, para posteriormente realizar acciones externas, terrenales, tangibles, motivadas y guiadas por aquella. El hombre superior, digno por su idealismo, es quien busca la perfección para la realidad, visiones que se transforman en ideales, haciéndose genio cuando los concreta con carácter y gallardía. En cambio, el mediocre, que es el eje de estudio de este ensayo, es aquel no idealista, no original, no pensante: no es alguien que logre a través del medio, sino que el medio se logra a través de él. Es volátil, es dependiente, es servil, es la mayoría. Aquél que mantiene la rutina, infestado del pensamiento y la conducta de la sociedad, del paradigma, del dogma general.
El objetivo del autor no es venir a criticar la postura de este "equilibrio" de postura (el inferior es el inadaptado, la malformación de la evolución humana), entre inferior y superior, sino simplemente exponerlo sin escrúpulos, para juicio del lector, que en tanto contempla lo vil de este tipo de hombres se ve a sí mismo; frente al espejo.
Todos, antes de leer esta obra maestra, somos domesticados. ¿Cómo no? Vivir en la sociedad es tener que vivir como ella diga, respetando los valores establecidos. Así nos jactamos de ser honestos cuando en realidad carecemos de virtud: solo escapamos el mal, pero no perseguimos el bien, pues el bien es buscar la perfección, confiar en el buen sentido (que es propio y original). Los honestos se quedan ahí: encadenados en la moral de las mayorías, es decir, en el sentido común. Sin ideales no se es digno, no se es superior: el ideal representa el progreso cuando se concibe en la mente de un genio, sea santo, héroe o filósofo. Acá el llamado es violento, pero loable: o me forjó los ideales, busco la gloria y mejoro mi tierra junto a sus habitantes, o soy un mediocre, vanidoso y hambriento de éxito, adicto al aplauso ajeno, que no es más que una frágil aprobación de una sociedad en potencial desarrollo, estancada en el arrastramiento humano histórico. No es para cualquiera el idealismo, ni mucho menos ser genio: la gloria se reconoce tardíamente, o a lo más, aunque no menos ocurrente, de manera póstuma, ya que significa adelantarse a su tiempo, atacando la mediocridad, la mentalidad de la mayoría. Prudhomme ganó el nobel en 1901, pero hoy todos leemos Guerra y Paz.
La visión del argentino es increíble, prodigiosa. Esta debe ser una lectura imprescindible en los jóvenes, debido a que la ebullición creativa y de originalidad está en los corazones nuevos, no en lo viejos, tal como lo reconoce el propio autor. Sin embargo, yo creo que el estilo puede dejar a esta obra un poco en el olvido. Para un joven de entre 15-18 años este libro es más complicado de lo que debería ser. Sentarse a leerlo es un desafío, lleno de trabajo y esfuerzo, pero que vale la pena, ya que es capaz de despertar la pasión juvenil de una manera inconmensurable.
Agradezco a mi ex profesor de historia de la secundaria, Octavio Ibarra, quien me obsequió este tesoro. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Oct 5, 2018
Imprescindible su lectura!!! - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Sep 21, 2018
Este libro debería ser obligatorio en las escuelas: los argentinos estaríamos mejor en todo sentido, pero sobre todo, en el sentido ético. Una maravilla. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Sep 20, 2018
Uno de los libros que marcó mi adolescencia y de los que me introdujeron en el hermoso sendero literario. Es un libro para leer a los 20, 30, 40, 50, 60 años y así década tras década siempre será, les aseguro, con unos ojos distintos. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Jun 6, 2018
Sin dudas que se trata de una obra maestra, que aporta un sinfín de enseñanzas en todos los planos de la vida. Es un texto difícil de encasillar, que tiene aristas antropológicas, filosóficas, éticas, de comunicación y también políticas.
José Ingenieros tiene una claridad absoluta al trabajar innumerables definiciones que presenta en su libro, básicamente vinculadas a la moral de los idealistas, el hombre mediocre, la mediocridad intelectual, los valores morales, los caracteres mediocres, la envidia, la vejez niveladora y los forjadores de ideales.
Queda en manos del lector el aprendizaje que nos aporta Ingenieros, así como también el tener la capacidad de relativizar y cuestionar los conceptos vertidos. Libro muy recomendable, una genialidad. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
May 28, 2018
Excelente. Cuando prima la falta de esperanza en la humanidad ya sea por analizar los hechos históricos o la maldad que puede llegar a dominar al ser humano, este autor nos da una luz de esperanza bajo la premisa de que , históricamente, cuando la sociedad va mal, tarde o temprano irrumpe un ideal que producirá cambios que nos permitirán crecer hacia un mundo más virtuoso. Interesante las figuras del hombre mediocre y por el otro lado el de genio y/o santo. Es un libro muy profundo y vale la pena leerlo con detención. - Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Sep 21, 2017
"Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes un ala hacia la excelsitud... llevas en ti el resorte misterioso de un idea." Jose Ingenieros escribe en 1913 lo que aun hoy es duda existencial: que motiva al hombre? cuales son sus ideales?
JI es un autor argentino obligatorio.
Vista previa del libro
El hombre mediocre - José Ingenieros
José Ingenieros
El hombre mediocre
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Créditos
Título original: El hombre mediocre.
© 2024, Red ediciones S. L.
e-mail: info@linkgua.com
Diseño de cubierta: Michel Mallard.
ISBN rústica ilustrada: 978-84-9953-095-6.
ISBN tapa dura: 978-84-1126-426-6.
ISBN ebook: 978-84-9953-921-8.
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Sumario
Créditos 4
Brevísima presentación 9
La vida 9
Advertencia 13
Introducción. La moral de los idealistas 15
I. La emoción del ideal 15
II. De un idealismo fundado en experiencia 16
III. Los temperamentos idealistas 27
IV. El idealismo romántico 32
V. El idealismo estoico 35
VI. Símbolo 42
Capítulo I. El hombre mediocre 45
I. ¿«Áurea Mediocritas»? 45
II. Los hombres sin personalidad 49
III. En torno del hombre mediocre 52
IV. Concepto social de la mediocridad 56
V. El espíritu conservador 60
VI. Peligros sociales de la mediocridad 66
VII. La vulgaridad 68
Capítulo II. La mediocridad intelectual 73
I. El hombre rutinario 73
II. Los estigmas de la mediocridad intelectual 81
III. La maledicencia 86
IV. El sendero de la gloria 92
Capítulo III. Los valores morales 99
I. La moral de Tartufo 99
II. El hombre honesto 111
III. Los tránsfugas de la honestidad 116
IV. Función social de la virtud 121
V. La pequeña virtud y el talento moral 125
VI. El genio moral: la santidad 132
Capítulo IV. Los caracteres mediocres 137
I. Hombres y sombras 137
II. La domesticación de los mediocres 143
III. La vanidad 152
IV. La dignidad 155
Capítulo V. La envidia 163
I. La pasión de los mediocres 163
II. Psicología de los Envidiosos 170
III. Los roedores de la gloria 175
IV. Una escena dantesca: su castigo 180
Capítulo VI. La vejez niveladora 183
I. Las canas 183
II. Etapas de decadencia 185
III. La bancarrota de los ingenios 188
IV. Psicología de la vejez 190
V. La virtud de la impotencia 195
Capítulo VII. La mediocracia 199
I. El clima de la mediocridad 199
II. La patria 204
III. La política de las piaras 207
IV. Los arquetipos de la mediocracia 214
V. La aristocracia del mérito 228
Capítulo VIII. Los forjadores de ideales 237
I. El clima del genio 237
II. Sarmiento 242
III. Ameghino 251
IV. La moral del genio 262
Libros a la carta 269
Brevísima presentación
La vida
José Ingenieros (1877, Palermo (Italia)-1925, Buenos Aires)
Su nombre original era Giuseppe Ingegneri. Fue médico, psiquiatra, psicólogo, farmacéutico, escritor, docente, filósofo y sociólogo.
En 1892, tras terminar sus estudios secundarios, fundó el periódico La Reforma. Hacia 1893, estudió en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, de la que se graduó en 1897 de farmacéutico y en 1900 de médico.
Ingenieros fue un miembro relevante de la Cátedra de Neurología y del Servicio de Observación de Alienados de la Policía de la Capital, el cual llegó a dirigir.
Entre 1902-1913 dirigió los archivos de Psiquiatría y Criminología y se hizo cargo del Instituto de Criminología de la Penitenciaría Nacional de Buenos Aires, alternando su trabajo con conferencias en universidades europeas.
En 1908 ocupó la Cátedra de Psicología Experimental en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Ese año fundó la Sociedad de Psicología.
Ingenieros terminó sus estudios en las universidades de París, Ginebra, Lausana y Heidelberg. Sus ensayos sociológicos El hombre mediocre y sus ensayos críticos y políticos, Hacia una moral sin dogmas, y Las fuerzas morales tuvieron un gran influencia en el ámbito universitario de Argentina.
En 1914 José Ingenieros se casó con Eva Rutenberg en Lausana, Suiza. Tuvieron cuatro hijos, Delia, Amalia, Julio y Cecilia.
Hacia 1919 renunció a todos los cargos docentes y comenzó hacia 1920 su etapa política, participando de manera activa en favor del grupo Claridad, de tendencia comunista.
Unos años después propuso la formación de la Unión Latinoamericana, una organización que difundió sus ideas antiimperialistas.
En 1925, poco antes de morir fundó la revista Renovación, en la que escribió con los pseudónimos de Julio Barreda Lynch y de Raúl H. Cisneros.
Ingenieros se distanció del socialismo de Estado y empezó a colaborar con periódicos anarquistas, varias de sus obras literarias reflejan este acercamiento. Murió el 31 de octubre de 1925, a los cuarenta y ocho años.
El presente volumen lo integran las lecciones sobre psicología del carácter que dio Ingenieros en la cátedra de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires durante el año 1910. En ellas se proponía comprender cómo funcionan las sociedades humanas, y para ello establecía y describía tres tipos o caracteres que según él era posible reconocer en cualquier comunidad de seres humanos: el idealista, el hombre mediocre y el inferior. Ingenieros no ocultaba su admiración hacia el primer tipo pero, más allá de los juicios morales, hacía el esfuerzo de entender en clave psicológica las particularidades de cada tipo y su función específica en nuestras sociedades. Así, dedicaba una parte importante de la obra al segundo tipo, el hombre mediocre, porque él constituye el grueso de las sociedades: «¿La continuidad de la vida social sería posible sin esa compacta masa de hombres puramente imitativos, capaces de conservar los hábitos rutinarios que la sociedad les transfunde mediante la educación? El mediocre no inventa nada, no crea, no empuja, no rompe, no engendra; pero, en cambio, custodia celosamente la armazón de automatismos y prejuicios y dogmas acumulados durante siglos, defendiendo ese capital común contra la asechanza de los inadaptables. Su rencor a los creadores compénsase por su resistencia a los destructores».
Advertencia
Forman el presente volumen las lecciones sobre psicología del carácter, profesadas por el autor en su cátedra de la Facultad de Filosofía y Letras (curso 1910). En ese y el siguiente año, con excepción de pocos fragmentos complementarios, fueron publicadas en «La Nación», de Buenos Aires, y reunidas después en los «Archivos de Psiquiatría y Criminología» (1911). Reordenadas las partes y corregida la forma, apareció el todo en la Biblioteca «Renacimiento» (Madrid, enero de 1913, diez mil ejemplares); con ligeras correcciones se reimprimió la segunda edición (abril de 1913), de igual tiraje. La «Biblioteca Ariel» y la «Colección Sarmiento» han reeditado la Introducción en folleto («La moral de los idealistas», San José de Costa Rica, 1914, y Barcelona, 1917).
La presente edición es copia fiel de la tercera completa, que ha sido objeto de nuevas y mayores correcciones: en la ordenación de los capítulos, en la denominación de sus partes y en la forma. Responden ellas al objeto de aumentar su claridad, especialmente en lo que constituye su doctrina moral, tornándola más accesible a los jóvenes comprensivos e ilustrados para quienes fueron dichas las lecciones.
******
El autor de este libro se propuso estigmatizar las funestas lacras morales que se llaman rutina e hipocresía y servilismo, deseando ser útil a los jóvenes que, estando en edad propicia para evitarlas, puedan formarse ideales y ennoblecer su vida; tiene ya sobradas muestras de que su esfuerzo no fue estéril. Pero más que en la eficacia de su palabra, ha creído en la de su ejemplo; desde que pronunció en la cátedra estas lecciones terminando su «carrera» exterior a una edad en que otros se preparan a comenzarla, —ha vivido conforme a sus corolarios, renunciando a beneficiarse de complicidades y costumbres que considera nocivas. Se ha dicho, con rigurosa verdad, que los más despreciables sujetos son los predicadores de moral que no ajustan su conducta a sus palabras. Sabe el autor que muy pocos moralistas podrían escribir esto mismo sin que les temblara el pulso.
******
Aunque el lenguaje del libro suele apartarse de la disciplina científica del autor, ha sido, para éste, una admonición permanente para vivir conforme a los principios de la moral estoica, que tiene por mejores. Mirando la dignidad en la cima de las virtudes humanas ha puesto creciente empeño en la conquista de su personalidad interior, por el trabajo y por el estudio, fuentes de libertad y de optimismo. Como escritor, prefiere un solo convencido a cien admiradores literarios; sería feliz si algún joven, por la lectura de estas páginas, se propusiera ser, simplemente, el más virtuoso de sus contemporáneos.
Enero, 1917
Introducción. La moral de los idealistas
I. La emoción del ideal
Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un Ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se reenciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte: fría bazofia humana. Solo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real. Ella es el lis de tu blasón, el penacho de tu temperamento. Innumerables signos la revelan: cuando se te anuda la garganta al recordar la cicuta impuesta a Sócrates, la cruz izada para Cristo y la hoguera encendida a Bruno; cuando te abstraes en lo infinito leyendo un diálogo de Platón, un ensayo de Montaigne o un discurso de Helvecio; de esas pasiones en que fuiste, alternativamente, el Romeo de tal Julieta y el Werther de tal Carlota; cuando tus sienes se hielan de emoción al declamar una estrofa de Musset que rima acorde con tu sentir; y cuando, en suma, admiras la mente preclara de los genios, la sublime virtud de los santos, la magna gesta de los héroes, inclinándote con igual veneración ante los creadores de Verdad o de Belleza.
Todos no se extasían, como tú, ante un crepúsculo, no sueñan frente a una aurora o cimbran en una tempestad; ni gustan de pasear con Dante, reír con Molière, temblar con Shakespeare, crujir con Wagner; ni enmudecer ante el David, la Cena o el Partenón. Es de pocos esa inquietud de perseguir ávidamente alguna quimera, venerando a filósofos, artistas y pensadores que fundieron en síntesis supremas sus visiones del ser y de la eternidad, volando más allá de lo real. Los seres de tu estirpe, cuya imaginación se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la humanidad: son idealistas.
Definiendo su propia emoción, podría decir quien se sintiera poeta: el Ideal es un gesto del espíritu hacia alguna perfección.
II. De un idealismo fundado en experiencia
Los filósofos del porvenir, para aproximarse a formas de expresión cada vez menos inexactas, dejarán a los poetas el hermoso privilegio del lenguaje figurado; y los sistemas futuros, desprendiéndose de añejos residuos místicos y dialécticos, irán poniendo la Experiencia como fundamento de toda hipótesis legítima.
No es arriesgado pensar que en la ética venidera florecerá un idealismo moral, independiente de dogmas religiosos y de apriorismos metafísicos: los ideales de perfección, fundados en la experiencia social y evolutivos como ella misma, constituirán la íntima trabazón de una doctrina de la perfectibilidad indefinida, propicia a todas las posibilidades de enaltecimiento humano.
Un ideal no es una fórmula muerta, sino una hipótesis perfectible; para que sirva, debe ser concebido así, actuante en función de la vida social que incesantemente deviene. La imaginación, partiendo de la experiencia, anticipa juicios acerca de futuros perfeccionamientos: los ideales, entre todas las creencias, representan el resultado más alto de la función de pensar.
La evolución humana es un esfuerzo continuo del hombre para adaptarse a la naturaleza, que evoluciona a su vez. Para ello necesita conocer la realidad ambiente y prever el sentido de las propias adaptaciones: los caminos de su perfección. Sus etapas refléjanse en la mente humana como ideales. Un hombre, un grupo o una raza son idealistas porque circunstancias propicias determinan su imaginación a concebir perfeccionamientos posibles.
Los ideales son formaciones naturales. Aparecen cuando la función de pensar alcanza tal desarrollo que la imaginación puede anticiparse a la experiencia. No son entidades misteriosamente infundidas en los hombres, ni nacen del azar. Se forman como todos los fenómenos accesibles a nuestra observación. Son efectos de causas, accidentes en la evolución universal investigada por las ciencias y resumidas por las filosofías. Y es fácil explicarlo, si se comprende. Nuestro sistema solar es un punto en el cosmos; en ese punto es un simple detalle el planeta que habitamos; en ese detalle la vida es un transitorio equilibrio químico de la superficie; entre las complicaciones de ese equilibrio viviente la especie humana data de un período brevísimo; en el hombre se desarrolla la función de pensar como un perfeccionamiento de la adaptación al medio; uno de sus modos es la imaginación que permite generalizar los datos de la experiencia, anticipando sus resultados posibles y abstrayendo de ella ideales de perfección.
Así la filosofía del porvenir, en vez de negarlos, permitirá afirmar su realidad como aspectos legítimos de la función de pensar y los reintegrará en la concepción natural del universo. Un ideal es un punto y un momento entre los infinitos posibles que pueblan el espacio y el tiempo.
Evolucionar es variar. En la evolución humana el pensamiento varía incesantemente. Toda variación es adquirida por temperamentos predispuestos; las variaciones útiles tienden a conservarse. La experiencia determina la formación natural de conceptos genéricos, cada vez más sintéticos; la imaginación abstrae de éstos ciertos caracteres comunes, elaborando ideas generales que pueden ser hipótesis acerca del incesante devenir: así se forman los ideales que, para el hombre, son normativos de la conducta en consonancia con sus hipótesis. Ellos no son apriorísticos, sino inducidos de una vasta experiencia; sobre ella se empina la imaginación para prever el sentido en que varía la humanidad. Todo ideal representa un nuevo estado de equilibrio entre el pasado y el porvenir.
Los ideales pueden no ser verdades; son creencias. Su fuerza estriba en sus elementos efectivos: influyen sobre nuestra conducta en la medida en que lo creemos. Por eso la representación abstracta de las variaciones futuras adquiere un valor moral: las más provechosas a la especie son concebidas como perfeccionamientos. Lo futuro se identifica con lo perfecto. Y los ideales, por ser visiones anticipadas de lo venidero, influyen sobre la conducta y con el instrumento natural de todo progreso humano.
Mientras la instrucción se limita a extender las nociones que la experiencia actual considera más exactas, la educación consiste en sugerir los ideales que se presumen propicios a la perfección.
El concepto de lo mejor es un resultado natural de la evolución misma. La vida tiende naturalmente a perfeccionarse. Aristóteles enseñaba que la actividad es un movimiento del ser hacia la propia «entelequia»: su estado de perfección. Todo lo que existe persigue su entelequia, y esa tendencia se refleja en todas las otras funciones del espíritu; la formación de ideales está sometida a un determinismo, que, por ser complejo, no es menos absoluto. No son obra de una libertad que escapa a las leyes de todo lo universal, ni productos de una razón pura que nadie conoce. Son creencias aproximativas acerca de la perfección venidera. Lo futuro es lo mejor de lo presente, puesto que sobreviene en la selección natural: los ideales son un «élan» hacia lo mejor, en cuanto simples anticipaciones del devenir.
A medida que la experiencia humana se amplía, observando la realidad, los ideales son modificados por la imaginación, que es plástica y no reposa jamás. Experiencia e imaginación siguen vías paralelas, aunque va muy retardada aquélla respecto de ésta. La hipótesis vuela, el hecho camina; a veces el ala rumbea mal, el pie pisa siempre en firme; pero el vuelo puede rectificarse, mientras el paso no puede volar nunca.
La imaginación es madre de toda originalidad; deformando lo real hacia su perfección, ella crea los ideales y les da impulso con el ilusorio sentimiento de la libertad: el libre albedrío es un error útil para la gestación de los ideales. Por eso tiene, prácticamente, el valor de una realidad. Demostrar que es una simple ilusión, debida a la ignorancia de causas innúmeras, no implica negar su eficacia. Las ilusiones tienen tanto valor para dirigir la conducta, como las verdades más exactas; puede tener más que ellas, si son intensamente pensadas o sentidas. El deseo de ser libre nace del contraste entre dos móviles irreductibles: la tendencia a perseverar en el ser, implicada en la herencia, y la tendencia a aumentar el ser, implicada en la variación. La una es principio de estabilidad, la otra de progreso.
En todo ideal, sea cual fuere el orden a cuyo perfeccionamiento tienda, hay un principio de síntesis y de continuidad: «es una idea fija o una emoción fija». Como propulsores de la actividad humana, se equivalen y se implican recíprocamente, aunque en la primera predomina el razonamiento y en la segunda la pasión. «Ese principio de unidad, centro de atracción y punto de apoyo de todo trabajo de la imaginación creadora, es decir, de una síntesis subjetiva que tiende a objetivarse, es el ideal» dijo Ribot. La imaginación despoja a la realidad de todo lo malo y la adorna con todo lo bueno, depurando la experiencia, cristalizándola en los moldes de perfección que concibe más puros. Los ideales son, por ende, reconstrucciones imaginativas de la realidad que deviene.
Son siempre individuales. Un ideal colectivo es la coincidencia de muchos individuos en un mismo afán de perfección. No es que una idea los acomune, sino que análoga manera de sentir y de pensar convergen hacia un «ideal» común a todos ellos. Cada era, siglo o generación puede tener su ideal; suele ser patrimonio de una selecta minoría, cuyo esfuerzo consigue imponerlo a las generaciones siguientes. Cada ideal puede encarnarse en un genio; al principio, mientras él lo define o lo plasma, solo es comprendido por el pequeño núcleo de espíritus sensibles al ritmo de la nueva creencia.
El concepto abstracto de una perfección posible toma su fuerza de la Verdad que los hombres le atribuyen: todo ideal es una fe en la posibilidad misma de la perfección. En su protesta involuntaria contra lo malo se revela siempre una indestructible esperanza de lo mejor; en su agresión al pasado fermenta una sana levadura de porvenir.
No es un fin, sino un camino. Es relativo siempre, como toda creencia. La intensidad con que tiende a realizarse no depende de su verdad efectiva sino de la que se le atribuye. Aun cuando interpreta erróneamente la perfección venidera, es ideal para quien cree sinceramente en su verdad o su excelsitud.
Reducir el idealismo a un dogma de escuela metafísica equivale a castrarlo; llamar idealismo a las fantasías de mentes enfermizas o ignorantes, que creen sublimizar así su incapacidad de vivir y de ilustrarse, es una de tantas ligerezas alentadas por los espíritus palabristas. Los más vulgares diccionarios filosóficos sospechan este embrollo deliberado: «Idealismo: palabra muy vaga que no debe emplearse sin explicarla».
Hay tantos idealismos como ideales; y tantos ideales como idealistas y tantos idealistas como hombres aptos para concebir perfecciones y capaces de vivir hacia ellas. Debe rehusarse el monopolio de los ideales y cuantos lo reclaman en nombre de escuelas filosóficas, sistema de moral, credos de religión, fanatismo de secta o dogma de estética.
El «idealismo» no es privilegio de las doctrinas espiritualistas que desearían oponerlo al «materialismo», llamando así, despectivamente, a todas las demás; ese equívoco, tan explotado por los enemigos de las Ciencias —tenidas justamente como hontanares de Verdad y de Libertad—, se duplica al sugerir que la materia es la antítesis de la idea, después de confundir al ideal con la idea y a ésta con el espíritu, como entidad trascendente y ajena al mundo real. Se trata, visiblemente, de un juego de palabras, secularmente repetido por sus beneficiarios, que transportan a las doctrinas filosóficas el sentido que tienen los vocablos idealismo y materialismo en el orden moral. El anhelo de perfección en el conocimiento de la Verdad puede animar con igual ímpetu al filósofo monista y al dualista, al teólogo y al ateo, al estoico y al pragmatista. El particular ideal de cada uno concurre al ritmo total de la perfección posible, antes que obstar al esfuerzo similar de los demás.
Y es más estrecha, aún, la tendencia a confundir el idealismo, que se refiere a los ideales, con las tendencias metafísicas que así se denominan porque consideran a las «ideas» más reales que la realidad misma, o presuponen que ellas son la realidad única, forjada por nuestra mente, como en el sistema hegeliano. «Ideólogos» no puede ser sinónimo de «idealistas», aunque el mal uso induzca a creerlo.
No podríamos restringirlo al pretendido idealismo de ciertas escuelas estéticas, porque todas las maneras del naturalismo y del realismo pueden constituir un ideal de arte, cuando sus sacerdotes son Miguel Ángel, Ticiano, Flaubert o Wagner; el esfuerzo imaginativo de los que persiguen una ideal armonía de ritmos, de colores, de líneas o de sonidos, se equivale, siempre que su obra transparente un modo de belleza o una original personalidad.
No le confundiremos, en fin, con cierto idealismo ético que tiende a monopolizar el culto de la perfección en favor de alguno de los fanatismos religiosos predominantes en cada época, pues sobre no existir un único e inevitable. Bien ideal, difícilmente cabría en los catecismos para mentes obtusas. El esfuerzo individual hacia la virtud puede ser tan magníficamente concebido y realizado por el peripatético como por el cirenaico, por el cristiano como por el anarquista, por el filántropo como por el epicúreo, pues todas las teorías filosóficas son igualmente incompatibles con la aspiración individual hacia el perfeccionamiento humano. Todos ellos pueden ser idealistas, si saben iluminarse en su doctrina; y en todas las doctrinas pueden cobijarse dignos y buscavidas, virtuosos
