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La mayor corona
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Libro electrónico142 páginas1 hora

La mayor corona

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La mayor corona es una comedia teatral del autor Lope de Vega. En la línea de las comedias famosas del Siglo de Oro Español, narra un malentendido amoroso a causa de celos que acabará por provocar varias situaciones humorísticas y de enredo.
IdiomaEspañol
EditorialSAGA Egmont
Fecha de lanzamiento28 oct 2020
ISBN9788726618006
La mayor corona
Autor

Lope de Vega

Félix Lope de Vega y Carpio (Madrid, 1562-1635), con su variada y prolífica obra, es uno de los autores más importantes de la historia de la literatura española. Aunque también escribió magníficas novelas, es en la lírica y en el teatro donde cultivó sus mayores éxitos. De hecho, su faceta como dramaturgo marcó un antes y un después: con centenares de comedias, consiguió hacer del teatro del Siglo de Oro un fenómeno de masasy sirvió como precedente a autores de la talla de Calderón de la Barca. Entre sus obras cabe destacar El castigo sin venganza, El caballero de Olmedo, El perro del hortelano, Peribáñez y el Comendador de Ocaña, Fuenteovejuna, y Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos.

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    La mayor corona - Lope de Vega

    La mayor corona

    Copyright © 1996, 2020 Lope de Vega and SAGA Egmont

    All rights reserved

    ISBN: 9788726618006

    1. e-book edition, 2020

    Format: EPUB 3.0

    All rights reserved. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrievial system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

    SAGA Egmont www.saga-books.com – a part of Egmont, www.egmont.com

    PERSONAS

    LEOVIGILDO, rey.

    HERMENEGILDO sus hijos.

    RECADERO sus hijos.

    RECAREDO

    TEOSINDO

    ORMINDO

    RODULFO

    CARDILLO, lacayo.

    AMÉRICO

    INGUNDA, dama.

    BADA, dama.

    LÍSIPA

    OFRIDO

    OROSIO, obispo hereje.

    UN ÁNGEL

    UN NIÑO

    MÚSICOS

    Jornada primera

    (Salen ORMINDO y TEOSINDO y RODULFO, galanes.)

    TEOSINDO ¿En qué vendrá a parar esta locura?

    ORMINDO En elegir mujer que le castigue.

    TEOSINDO ¡Bárbara sumisión!

    RODULFO No halla hermosura

    en tantas que le agrade y que le obligue.

    ORMINDO Pues ¿qué procura el padre?

    RODULFO El rey procura,

    en el discreto intento que apercibe,

    que venga a ser, Ormindo, alguna de ellas

    recíproca elección de las estrellas.

    TEOSINDO Princesas de naciones diferentes

    admira el Betis en su sacra orilla;

    algunas tan perfectas y excelentes,

    que por alta deidad las ve Sevilla.

    ORMINDO ¡Bravo rigor!

    RODULFO Del príncipe, ¿qué sientes?

    TEOSINDO Que su tibieza al mundo maravilla;

    que si a tantas bellezas se resiste

    en defecto delánimo consiste.

    ORMINDO Doce son con las dos que entran agora

    las que a España han venido.

    RODULFO ¡Cosa extraña!

    ¡Cómo a mujer un hombre se enamora!

    TEOSINDO Es el glorioso sucesor de España,

    el sol que nace en su rosada aurora

    cuando el padre en el mar se asombra y baña.

    RODULFO Si a las mujeres tiene tanto miedo,

    deje el reino en su hermano Recaredo.

    ORMINDO Dicen, si habla verdad la astrología,

    que ha de causarle una mujer la muerte,

    quitándole la sacra monarquía;

    y no es mucho que tema de esa suerte.

    TEOSINDO ¡No hay estrellas sin Dios!

    RODULFO Son armonía

    por quien el hombre su grandeza advierte,

    que canta el cielo, en cláusulas de estrellas,

    la eterna potestad que puso en ellas.

    TEOSINDO Ya debe de llegar Lísipa hermosa,

    pues el príncipe sale al regio trono.

    RODULFO Si esta deidad elige por esposa

    las pasadas locuras le perdono.

    TEOSINDO La música en los aires sonorosa

    se pierde al sol en lisonjero trono.

    RODULFO ¡Bizarro está el príncipe!

    ORMINDO ¡Es gallardo!

    RODULFO El fin de las demás de éstas aguardo.

    (Vanse. Tocan. Salen LEOVIGILDO, rey, de barba,bizarro. HERMENEGILDO, príncipe, su hijo, ysiéntanse en un sitial. Con ellos sale RECAREDO.)

    LEOVIGILDO Los claros e invencibles ostrogodos

    la griega y la romana monarquía

    tradujeron a España, dando todos

    renombre eterno a la grandeza mía.

    Desde el peñasco, que en soberbios codos

    el sol entre sus llamas desafía,

    hasta el monte del egipcio Alcides

    mi majestad con sacro imperio mides.

    Todos feudos me dan, todos me llaman

    el magno sucesor de Atanarico;

    todos me reverencian, quieren y aman

    después que de Arrio la verdad publico.

    Los suevios y romanos ya me aclaman

    el monarca mayor y rey más rico

    de cuantos gozan luz del sol agora,

    ya en su decrepitud y ya en su aurora.

    En veinte mil estados dilatada

    es España en dos estados dividida:

    la citerior y la ulterior llamada,

    del vándalo y fenicio poseída.

    Esta, de plata y de zafir calzada

    y de plantas fructíferas ceñida,

    siempre verde lisonja del verano,

    su príncipe te nombra soberano.

    Esta te llama dueño, ésta te pide

    sucesor generoso que propague

    la goda majestad que en ti reside,

    que no turbe la edad ni el tiempo estrague.

    Alba es tu juventud, donde preside

    el ardor juvenil y donde halague

    lascivo amor angélica belleza,

    que es bárbara sin él Naturaleza.

    Estas cosas me mueven a que elijas

    esposa, Hermenegildo, que dé a España,

    que en santidad, eternidad erijas,

    sucesor que me imite en tanta hazaña.

    Ya todas dilaciones son prolijas,

    ya es toda remisión necia y extraña.

    Princesas, varias reinas te previenen,

    pues en Sevilla hay diez, sin dos que vienen.

    (Sale CARDILLO, lacayo.)

    CARDILLO Ya honrando vienen diferentes trajes

    las princesas divinas, matizadas

    como el cielo de auroras y celajes

    y de escuadra de gente acompañadas;

    y entre perlas, diamantes y balajes,

    estrellas de sus soles fulminadas,

    dan en sus ojos con valor profundo,

    si al día más beldad más bien al mundo.

    Llegué a las Cortes, y diciendo que era

    tus ratos de placer y tus cosquillas

    y una grave y gentil y otra severa,

    brotaron en sus rostros maravillas.

    La griega a uno mandó que ésta te diera,

    que otra lámpara vi con cadenillas,

    y la francesa fulminó un diamante

    de un rayo de cristal que eclipsó un guante.

    Riqueza es ser bufón; no hay tal oficio;

    todos nos dan, por miedo o por locura,

    que si en nosotros ya se premia el vicio,

    cuando está la virtud pobre y oscura,

    todos los que cursáis este ejercicio

    conmigo celebrad vuestra ventura,

    que aquel que loco os llama y tiene en poco,

    dándoos y sujetándoos es más loco.

    (Tocan música y pase, acompañada, INGUNDA, y con ella damas; ella, al pasar, hace una reverencia al REY y éntrase.)

    RECAREDO ¿Qué te parece la francesa hermosa?

    HERMENEGILDO Otro espíritu nuevo me ha infundido.

    LEOVIGILDO Si te parece bien, será tu esposa.

    CARDILLO ¡Gracias a Dios que esposa has elegido!

    HERMENEGILDO Señor,

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