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La era del hartazgo: Líderes disruptivos, polarización y antipolítica en América Latina
La era del hartazgo: Líderes disruptivos, polarización y antipolítica en América Latina
La era del hartazgo: Líderes disruptivos, polarización y antipolítica en América Latina
Libro electrónico319 páginas5 horas

La era del hartazgo: Líderes disruptivos, polarización y antipolítica en América Latina

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En América Latina, las calles y las redes son caja de resonancia de un descontento social generalizado y de un creciente cuestionamiento a la democracia: protestas callejeras y paros contra medidas gubernamentales; manifestaciones a favor o en contra de presidentes, congresos y tribunales; encendidas campañas pro- y antiderechos. ¿Alcanza con hablar de polarización y antipolítica, o hay que refinar los conceptos para comprender mejor de qué se quejan quienes se quejan y por qué votan como lo hacen?
 
Este libro traza algunas coordenadas para caracterizar y distinguir las formas de ese hartazgo social, y potenciar la búsqueda de salidas sin anteojeras analíticas. Así, aporta tres escenarios: la polarización ideológico-afectiva, en la que el adversario se presenta como el responsable de todos los problemas mientras que los propios son quienes pueden resolverlos (como en Brasil, Uruguay y la Argentina); el descontento generalizado, en el que las élites políticas son percibidas como separadas y hasta contrarias a los intereses de las mayorías sociales (como en Colombia, Chile y Perú), y la polarización centrada en la irrupción de un líder, un outsider que propone un futuro promisorio asociado a su figura (como AMLO en México y Bukele en El Salvador).
 
La variedad de escenarios de conflicto tiene sin embargo un marco común: las crisis de las izquierdas latinoamericanas no termina y las derechas radicales lo están aprovechando con líderes capaces de encarnar el descontento. La pregunta, inquietante, está abierta: ¿se está construyendo un nuevo consenso organizado por la ultraderecha, o atravesamos solo un nuevo capítulo de un tiempo de agitación y frustraciones sin final a la vista?
IdiomaEspañol
EditorialSiglo XXI Editores
Fecha de lanzamiento31 mar 2025
ISBN9789878014395
La era del hartazgo: Líderes disruptivos, polarización y antipolítica en América Latina
Autor

Gabriel Kessler

Gabriel Kessler es doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Es investigador superior del Conicet y profesor en la Universidad Nacional de La Plata y en la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales (Eidaes) de la Universidad Nacional de San Martín. Como autor de esta casa, ha publicado El sentimiento de inseguridad (2009), Muertes que importan (con Sandra Gayol, 2018), La ¿nueva? estructura social de América Latina (con Gabriela Benza, 2020), La era del hartazgo (con Gabriel Vommaro, 2025) y ha editado La sociedad argentina hoy. Radiografía de una nueva estructura (2016).

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    La era del hartazgo - Gabriel Kessler

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    Índice

    Portada

    Copyright

    Introducción. Después del boom: América Latina, entre la polarización y el descontento (Gabriel Kessler, Gabriel Vommaro)

    1. Dinámicas políticas y electorales luego del giro a la izquierda (Santiago Anria, Rocío Salas-Lewin, Kenneth M. Roberts)

    2. La Argentina: entre polarización, crisis y persistencia de clivajes tradicionales (Gabriel Kessler, Gabriel Vommaro, Gonzalo Assusa)

    3. La radicalización del conflicto político en Brasil (Richard Miskolci)

    4. Señales confusas y desalineamiento ideológico: agendas, encuadres y la arena electoral en Colombia (Juan Carlos Rodríguez-Raga, Juan Andrés Calderón Herrera)

    5. Bukelismo y tecnoutopía: estrategias comunicativas y conflicto en torno a un líder emergente (Amparo Marroquín Parducci, Carlos Iván Orellana)

    6. Un líder altamente polarizador en una sociedad escasamente polarizada: México durante el gobierno de López Obrador (Nitzan Shoshan, Ana Paulina Gutiérrez Martínez)

    7. Chile: desapego y politización sin identificación con la política institucional (Kathya Araujo)

    8. Una crisis por delante. Perú como caso de descontento social generalizado y polarización entre dos identidades negativas (Carlos Meléndez)

    A modo de conclusiones (Gabriel Kessler, Gabriel Vommaro)

    Epílogo. Polarización y descontento (Federico Neiburg)

    Agradecimientos

    Acerca de las y los autores

    Gabriel Kessler

    Gabriel Vommaro

    compiladores

    LA ERA DEL HARTAZGO

    Líderes disruptivos, polarización y antipolítica en América Latina

    Vommaro, Gabriel

    La era del hartazgo / Gabriel Vommaro; Gabriel Kessler.- 1ª ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2025.

    Libro digital, EPUB.- (Sociología y Política)

    Archivo Digital: descarga y online

    ISBN 978-987-801-439-5

    1. Sociología. 2. Política. 3. Sociología Política. I. Kessler, Gabriel II. Título

    CDD 320

    © 2024, Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A.

    Diseño de portada: Pablo Font

    Digitalización: Departamento de Producción Editorial de Siglo XXI Editores Argentina

    Primera edición en formato digital: abril de 2025

    Hecho el depósito que marca la ley 11.723

    ISBN edición digital (ePub): 978-987-801-439-5

    Introducción

    Después del boom: América Latina, entre la polarización y el descontento

    Gabriel Kessler, Gabriel Vommaro

    Un continente convulsionado

    El 21 de noviembre de 2019, en Colombia, sindicatos y organizaciones sociales convocaron a una jornada de paro nacional contra lo que denominaban el paquetazo, un conjunto de medidas impulsado por el gobierno de Iván Duque que incluía el aumento de la edad jubilatoria, la reducción del salario mínimo para los jóvenes, medidas de austeridad fiscal y proyectos de reforma laboral. Las movilizaciones asociadas al Paro Nacional #21N se extendieron durante largas semanas. Dieciocho meses más tarde, se iniciaron nuevas protestas, conocidas como el estallido, esta vez desencadenadas por el anuncio de un proyecto de reforma tributaria propuesto por Duque.

    Entre octubre de 2019 y marzo de 2020, Chile también tuvo su estallido. Todo comenzó con una protesta contra el alza en la tarifa del transporte público de Santiago. Miles de estudiantes secundarios se organizaron para realizar actos de evasión masiva, como saltar el molinete, en el metro de esa ciudad. Tras una dura respuesta del gobierno de Sebastián Piñera, que incluyó la clausura del metro y la represión a los manifestantes por parte de los carabineros, se propagaron los focos de protestas, saqueos y disturbios violentos a lo largo de todo el país. Piñera decretó el estado de emergencia en las comunas del Gran Santiago y el toque de queda a partir de la noche del sábado 19 de octubre. Las protestas se prolongaron durante meses y el paisaje urbano de la capital de ese país se modificó drásticamente desde entonces.

    En Perú, a partir de diciembre de 2022 y con mayor fuerza desde enero de 2023 estallaron masivas movilizaciones en apoyo al presidente recién destituido, Pedro Castillo, que, entre otras medidas, había intentado disolver el Congreso e intervenir el Poder Judicial para enfrentar el inminente proceso de destitución, el tercero en su corto período en el poder. Según una cronista extranjera, un himno de protesta se grita en las calles: ‘Esta democracia ya no es democracia’.[1]

    En Ecuador, en octubre de 2019, tuvo lugar una ola de movilizaciones a nivel nacional contra las medidas económicas de austeridad del gobierno de Lenín Moreno. En junio de 2022, otra vez hubo masivas protestas que exigieron al gobierno, ya con Guillermo Lasso como presidente, compensaciones sociales y económicas en el marco de una economía golpeada por la inflación y el desempleo.

    En Honduras, los sindicatos de médicos y profesores iniciaron protestas contra reformas en la salud y la educación públicas que, según afirmaban, perseguían su privatización. Estas protestas recibieron amplias adhesiones, y al poco tiempo ya exigían la renuncia del presidente, por entonces acusado de connivencia con el narcotráfico.

    Tras la victoria de Lula en 2022, hubo movilizaciones asociadas al proceso electoral en Brasil. Mientras los partidarios del líder del Partido de los Trabajadores (PT) celebraban su regreso al poder tras haber pasado por la cárcel y estar proscripto en el proceso electoral de 2018, un bloque consolidado de apoyos al presidente saliente, Jair Bolsonaro, daba cuenta de la resiliencia de ese movimiento de extrema derecha, cuya irrupción electoral en 2018 había sorprendido a la mayor parte de los observadores. El 8 de enero de 2023, un grupo de militantes pro-Bolsonaro, que se negaban a aceptar el resultado de las elecciones presidenciales, irrumpió en la Plaza de los Tres Poderes, en Brasilia, ingresó en la sede del Congreso y en el Superior Tribunal de Justicia, blanco principal de su ira, e intentó invadir el Palacio de Planalto.

    En octubre de 2023, en Guatemala, otro proceso electoral conflictivo dio lugar a manifestaciones masivas en apoyo al presidente electo, cuya asunción el Tribunal Supremo Electoral amenazaba impedir en virtud de irregularidades en las firmas de aval al partido. El ganador era Bernardo Arévalo, y se había impuesto a los candidatos de los desprestigiados partidos de ese país.

    En la Argentina, entre 2018 y 2020, y en México, entre 2022 y 2023, se organizaron manifestaciones masivas en favor y en contra de la legalización del aborto. Estas movilizaciones dieron cuenta tanto de la solidez del activismo feminista como del crecimiento de los movimientos conservadores, que estaban en la base de la reacción a los avances en materia cultural en buena parte de la región. Feministas proderechos y grupos conservadores tenían diferentes bases de apoyo y se integraban a diferentes tipos de coalición en cada caso –con vínculos partidarios más sólidos en la Argentina que en México–, pero en conjunto daban cuenta de una fuerte presencia de la agenda cultural en la región y de su capacidad de traccionar energías y pasiones políticas.

    El repaso no es exhaustivo, pero permite ilustrar que América Latina es, en los últimos años, una región convulsionada y sumida en un proceso de inestabilidad. En efecto, tras un ciclo económico ascendente en el que los indicadores sociales mejoraron en casi toda la región, se vive un período de creciente descontento y conflicto social y político. América Latina cruje. El descontento tiene fuentes diversas, que van desde el alza de los precios de la canasta básica y la energía y los problemas de inseguridad y corrupción, hasta el aumento de impuestos y la acumulación de deficiencias en los servicios públicos. Entre 2003 y 2010, los indicadores sociales y distributivos mejoraron en toda la región, para luego estancarse hasta 2015, cuando la situación empezó a empeorar claramente, hasta agravarse por completo en 2020 a raíz de la pandemia de covid-19 (Benza y Kessler, 2021). Cuando los recursos del boom de las materias primas comenzaron a escasear, quedaron deudas redistributivas, Estados con dificultad para proveer bienes de calidad y sospechas generalizadas de corrupción. Estas deudas alimentaron las frustraciones entre los ciudadanos. Las fuerzas de izquierda que habían traído vientos de cambio a principios del siglo XXI se volvieron el establishment a desafiar. El fortalecimiento de oposiciones de derecha hizo presagiar un giro político similar a la marea rosa de los años 2000. Pero ese giro no tuvo lugar. En cambio, la región ingresó en un período caracterizado por la inestabilidad política (ciclos electorales cortos, caída de la confianza en los gobiernos y en la democracia) y el descontento social (protestas, movilizaciones). También por el surgimiento de propuestas de derecha radical. Según datos del Barómetro de las Américas-Lapop, entre 2004 y 2023 la satisfacción con el funcionamiento de la democracia en la región cayó 11 puntos.

    Los conflictos sociales principales, como vimos, varían de un país a otro. En algunos casos se trata de masivas protestas callejeras contra políticas públicas o medidas gubernamentales (aumento de impuestos, reducción de subsidios y políticas sociales por parte del Estado), como las que tuvieron lugar en Chile, Colombia y Ecuador entre 2019 y 2022; en otros, manifestaciones a favor o en contra de presidentes, cámaras legislativas o tribunales de justicia se llevan buena parte de las energías del descontento, como en Brasil y Perú; también hay masivas movilizaciones en apoyo u oposición a cambios legislativos, como en el caso del aborto en la Argentina o la reforma electoral en México. ¿Cómo puede entenderse esta variedad de escenarios de conflicto? Este libro ofrece un panorama exhaustivo y comprensivo de la conflictividad social en América Latina. Argumentamos que esta conflictividad social, tras el fin del boom de las materias primas, puede aprehenderse en tres tipos de escenarios: polarización ideológica con componentes afectivos, descontento generalizado y polarización en torno a un líder emergente. En conjunto, estos tres tipos nos hablan de los modos en que las sociedades latinoamericanas procesan y organizan sus conflictos y sus demandas.

    Los datos en que se basa este libro provienen principalmente de una investigación realizada entre 2021 y 2024 en el marco del proyecto Polder (Polarización, Derechos y Democracia en América Latina). Esta investigación empleó métodos mixtos e incluyó datos de encuestas regionales y grupos focales realizados en la Argentina, Brasil, Colombia, El Salvador y México (como se indica en el recuadro metodológico). En los grupos focales pedimos a los participantes que brindaran sus opiniones respecto a las agendas más importantes del debate público en la región y captamos los temas que despertaban la mayor atención y controversia entre la gama de asuntos indagados. Los grupos focales son particularmente fructíferos para captar matices y diferencias en las posiciones sobre temas de debate público, especialmente sobre temas controvertidos (Cyr, 2017). Asimismo, los datos de encuestas regionales permitieron construir series históricas de las posiciones de las sociedades latinoamericanas sobre estos temas.

    Metodología del estudio

    El proyecto Polder, con apoyo de la Ford Foundation, llevó a cabo una investigación comparativa en cinco países (la Argentina, Brasil, Colombia, El Salvador y México) sobre polarización y conflicto político en las y los votantes. Los datos se recopilaron en ochenta grupos focales, entre agosto de 2021 y noviembre de 2022. Reclutamos a personas que votaron por los principales candidatos en las elecciones presidenciales anteriores al trabajo de campo y que vivían en la ciudad más importante y en ciudades seleccionadas por el peso del voto a opciones conservadoras, con el objeto de captar el crecimiento de las derechas políticas. En los grupos se pidió a los participantes que opinaran sobre los temas centrales de la agenda política, económica, social y cultural de la región: seguridad, migración, ayudas sociales, impuestos, corrupción, cuestiones de género, diversidad sexual y derechos reproductivos, y el manejo sanitario y económico de la pandemia de covid-19 por parte de los gobiernos nacional y subnacionales. Los grupos focales fueron codificados con el software Atlas.ti y se realizó un análisis de contenido a partir de un proceso de codificación que seguía la guía de pautas, a lo que se incorporaron temas emergentes. Los datos cuantitativos provienen del análisis de las series históricas de las encuestas World Values Survey (WVS, a partir de la década de 1980 hasta 2018) y Barómetro de las Américas-Lapop (BA, a partir de mediados de los años noventa hasta 2023). Sobre la base de los datos de las encuestas regionales construimos agendas partiendo de la agregación de preguntas sobre temáticas similares –agenda económica, agenda cultural, agenda social– que nos permitieron aprehender el proceso histórico que configura escenarios de organización de demandas sobre los problemas. Combinamos estos datos (la película) con los de nuestros grupos focales (la foto) que nos permitieron identificar tanto los temas controversiales principales como los encuadres sociales utilizados por los participantes para referirse a ellos; asimismo, comparamos encuadres entre individuos de distintas ideologías o preferencias políticas, así como en relación con otros perfiles diferenciados, según sexo, clase, grupo de edad o región de cada país. Por último, consultamos fuentes secundarias, redes sociales y archivos de datos estadísticos de los diferentes casos.

    Coordenadas del debate

    De los diferentes escenarios de conflictividad presentes en América Latina, la polarización es el que más atención ha concitado en los estudios académicos y en el debate público. Sin embargo, no hay unanimidad sobre cómo dicha polarización gravita en la sociedad. El derrumbe de la Unión Soviética llevó a vaticinar el fin de la polarización ideológica, lo cual era comprensible, pues uno de los polos, el comunismo, había entrado en una severa crisis. Los años noventa se caracterizaron por el auge del neoliberalismo y por un desplazamiento hacia demandas asociadas con valores posmateriales. Se suponía que el disenso sobre aspectos económico-distributivos era asunto del pasado. El fin de la Historia anunciado por Francis Fukuyama o la Tercera Vía en el laborismo inglés, el alineamiento creciente en los valores y las actitudes de votantes demócratas y republicanos en los Estados Unidos parecieron indicar una tendencia compartida en el mundo desarrollado hacia el consenso en esta materia. La ilusión duró poco. Y el fin del sueño vino sobre todo por derecha. El fortalecimiento de partidos de extrema derecha con discursos xenófobos antiinmigrantes en Europa y la radicalización paulatina de los políticos republicanos en los Estados Unidos mostraron el inicio de una nueva época de creciente polarización en Occidente. La presidencia de Barack Obama catalizó aún más la radicalización de los republicanos y el triunfo de Donald Trump galvanizó una polarización persistente. El nuevo contexto explica el interés político y académico en los Estados Unidos por la polarización. ¿Cuáles son los ejes de debate que se establecieron? ¿Cómo dialogan con las realidades latinoamericanas?

    Los estudios que sostienen la tesis de la guerra cultural en los Estados Unidos afirman que la polarización debe entenderse como un proceso iniciado en la década de 1950 con el fin de la hegemonía de la América normativa (Hartmann, 2015; Hunter, 1991). A partir de la década de 1960 se inició, siguiendo esta tesis, un período de cuestionamiento radical de todos los fundamentos de esa sociedad de cambios lentos, y adquirió particular intensidad en términos de género, raciales y culturales, más que en términos distributivos. Ante lo que consideraban una ofensiva de las demandas y las conquistas progresistas, los sectores conservadores organizaron estrategias para recuperar la hegemonía perdida: la guerra cultural tomó fuerza desde finales de la década de 1970 con la Revolución Conservadora, que luchaba por el alma de América (Marone y otros, 2014).

    La controversia en torno a la guerra cultural da pie a otro debate no saldado: ¿la polarización se limita a las élites (sobre todo, a dirigentes y activistas políticos) o alcanza a la sociedad en su conjunto? (Fiorina y Abrams, 2008). Quienes se oponen a la idea de una guerra cultural esgrimen sobre todo encuestas de las últimas décadas que muestran la tendencia a la moderación de la sociedad estadounidense y afirman que, a lo sumo, la polarización se ha producido en las élites (DiMaggio, Evans y Bryson, 1996). Principalmente, se han identificado dos tipos de procesos que ayudan a entender las dinámicas de polarización en los núcleos más politizados de la sociedad. Uno es el political sorting, esto es, el proceso por el cual se configura una mayor homogeneidad ideológica en cada partido debido a la migración de los demócratas más conservadores (sobre todo del Sur) al Partido Republicano, y de los republicanos más moderados hacia el Partido Demócrata (Mason, 2015).

    Otros autores sostienen que la polarización guiada por la política es solo una foto en un proceso que tiende a la convergencia de posiciones en el centro. Así, lo que en un momento dado parece polarización ante ciertos tópicos es en rigor la punta del iceberg de un proceso de secularización de más largo alcance, en el que tenderán a encontrarse progresistas –que parten primero en el camino secular– y conservadores –que llegan más tarde–. En esta línea, algunos trabajos muestran que los votantes demócratas avanzaron antes hacia posiciones progresistas y, en esa fase, se alejaron de las posiciones de los votantes republicanos en materia cultural (por ello parece haber polarización), pero al cabo de algunos años fueron acercando sus posiciones en casi todos los temas de esa agenda (aunque no en los distributivos) (Baldassarri y Bearman, 2007).

    Ciertamente, el debate sobre polarización en América Latina es más incipiente.[2] Desde el ascenso al poder de los regímenes posneoliberales durante el llamado giro a la izquierda, a comienzos del siglo XXI, la polarización se ha extendido en distintos países y coyunturas electorales en, al menos, la Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Nicaragua, Venezuela y, más recientemente, en México, El Salvador y Perú. Aunque es evidente que en cada país los actores, dinámicas, intensidad y consecuencias de la polarización son distintos, varias investigaciones regionales de opinión pública señalan una creciente inquietud por la relación entre polarización y erosión democrática (Lupu, Oliveros y Schiumerini, 2021), ya sea porque la polarización dificulta el arribo a consensos básicos, o in extremis, porque se podría preferir un régimen no democrático antes que la llegada al poder del grupo político rival (Somer, McCoy y Luke, 2021; Schedler, 2023). En los últimos años, contamos con trabajos sobre polarización en las élites (Singer, 2016; Béjar, Moraes y López-Cariboni, 2020) y en los votantes (Zechmeister y Corral, 2013), con estudios sobre la polarización en el espacio público digital (Aruguete, Calvo y Ventura, 2021; Waisbord, 2020) y con estudios sobre polarización en la sociedad en relación con coyunturas o temas específicos, como la pandemia de covid-19 (Calvo y Ventura, 2021).

    La concentración de los estudios sobre polarización en un caso determinado –los Estados Unidos– genera dificultades para el estudio de estos procesos en contextos diferentes. Los Estados Unidos tienen una realidad única, que los vuelve un caso provincial en cierto sentido: el escenario político ha estado dominado por dos identidades políticas bastante estables: republicanos y demócratas. Por el contrario, en América Latina, pero también en buena parte de Europa, los partidos más antiguos entraron en crisis y surgieron nuevos. Sin embargo, el llamado giro a la izquierda que tuvo lugar en América Latina a comienzos del siglo XXI generó condiciones para utilizar ciertos elementos de la caja de herramientas elaborada para entender la polarización en los Estados Unidos. La construcción de coaliciones sociopolíticas de izquierda y de derecha que agregaron demandas de diferente tipo llevó a los votantes a adoptar puntos de vista más o menos progresistas o más o menos conservadores en diferentes agendas. Por caso, las izquierdas latinoamericanas tradicionalmente desconfiadas de los movimientos feministas y de diversidad sexual incorporaron sus demandas y parte de sus encuadres sobre cuestiones de derechos sexuales y reproductivos, modelos de familia, etc. Esto fue así incluso en el caso del peronismo en la Argentina, un partido históricamente más alejado del progresismo cultural.

    La discusión actual sobre polarización y conflicto político en América Latina está centrada en cuatro ejes. El primero, tal como en los Estados Unidos, es si las sociedades están polarizadas o no y, si fuera el caso, en torno a qué asuntos: puede ser con relación al voto, a las opiniones sobre ciertos temas controversiales, etc. También es preciso calibrar si la polarización es persistente o solo coyuntural, por ejemplo, en momentos de segunda vuelta en torno a dos candidatos o por un evento específico, como sucedió con el plebiscito por el Acuerdo de Paz en Colombia, en 2016. La Argentina, Brasil, Uruguay y Bolivia son ejemplos duraderos de polarización del voto y de las actitudes. Por su parte, El Salvador y, en cierto modo, Chile son casos de polarización debilitada. En estos países, tras un período duradero de polarización, se produjo algún tipo de reconfiguración –descontento generalizado, como en Ecuador, o emergencia de un líder polarizante, como en El Salvador o lo que Juan Pablo Luna llama limbo, para el caso de Chile–, por la cual coaliciones débiles en términos de sus anclajes sociales terminaron siendo desafiadas por el descontento generalizado y la emergencia de nuevas formas de

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