¡Es tu dinero!: Finanzas personales sin asesores
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¡Es tu dinero! - Nicolás Litvinoff
Indice
Portada
Ediciones Granica
Créditos
Agradecimientos
Prólogo
Introducción
- 1 -
Manifiesto del coaching financiero
Introducción
El peligro de desconocer
El peligro de delegar
La relación con el asesor
Hablemos del coaching ontológico
El coaching financiero
Conocer para conocernos
Primeras conclusiones
Diagnóstico
Ejercicio 4
- 2 -
¡Vivan las emociones!
Introducción
Juegan las emociones
Dos semanas en la vida de un trader
Dos semanas en la vida de un portfolio manager
Kiyosaki, o el padre de los nuevos ricos
- 3 -
De conceptos y estrategias
Introducción
¿Análisis fundamental vs. análisis técnico?
Análisis fundamental, clave en el largo plazo
Definición del análisis fundamental
Ejemplo de análisis top-down
Análisis técnico para maximizar sus inversiones
Estudiando el chartismo
La importancia de diversificar
Gurúes a la carta
Estrategia pasiva vs. estrategia activa
Estrategias de largo plazo
Los máximos exponentes
Desconocidos y exitosos, los otros gurúes
Nanotecnología, el futuro al alcance de la mano
- 4 -
¡Vamos al mercado!
Introducción
Invertir en acciones
Penny stocks: a todo o nada
Estrategias con acciones I: las órdenes stop
Estrategias con acciones II: short selling
El fantástico mundo de las opciones
El último grito de la tecnología: los ETFs
Aburridos y tradicionales: los bonos
Diagnóstico
- 5 -
A modo de conclusión
Las plataformas de trading
Bibliografía
Glosario
Contratapa
Sobre el autor
Selección de títulos
Portada
Nicolás Litvinoff
¡Es tu
dinero!
Finanzas personales
sin asesores
logoGranica.psdBuenos Aires – México – Santiago – Montevideo
Ediciones Granica
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MÉXICO
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53050 Naucalpan de Juárez, México
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SANTIAGO
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Padre Alonso Ovalle 748
Santiago, Chile
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MONTEVIDEO
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Scoseria 2639 Bis
11300 Montevideo, Uruguay
Tel: +5982-712-4857 / +5982-712-4858
E-mail: granica.uy@granicaeditor.com
Fecha de catalogación: 21/03/2012
Coordinación editorial: Débora Feely
Diseño de cubierta: MVZ Argentina
Conversión a EBook: Daniel Maldonado
Reservados todos los derechos, incluso el de reproducción en todo o en parte, en cualquier forma.
Agradecimientos
A mi padre, Norberto, y mis hermanos, Ana, Demián y Laura, por el apoyo que me brindan ante cada nuevo desafío.
A Federico Tessore, director de Inversor Global, por haber tendido un puente directo entre mis ideas y las personas interesadas en ellas.
A Ernesto Gore, por haberse sumado a esta causa desde el primer momento.
Y, especialmente, a Darío Nudler, editor a cargo de esta obra, por su esfuerzo, compromiso y dedicación al trabajo.
Prólogo
El diario británico Daily Mail publicó tiempo atrás un ar-tículo donde narra el violento secuestro que sufrió James Amburn, un asesor financiero de 56 años radicado en Espira, Alemania.
Hasta aquí, un hecho delictivo más. Sin embargo, la noticia rápidamente trascendió las invisibles fronteras de la pequeña ciudad. Sólo hizo falta que se develara la trama: sus captores habían sido Roland y Willy, dos inversionistas mayores de 60 que eran clientes de Amburn y habían perdido con él todos sus ahorros.
La descripción de lo sucedido merece guión y actores: el asesor fue introducido en el baúl de un auto y llevado hasta la casa de Roland en Bavaria, a unos 500 kilómetros del lugar del secuestro.
Allí se sumaron a la banda dos clientes también sexagenarios enceguecidos por la ira: los médicos retirados Gerhard e Iris.
Entre los cuatro, ataron a Amburn a una silla y lo interrogaron por sus inversiones. Todo se había perdido en una pésima jugada por el sector inmobiliario de Florida, en Miami, previo al estallido de la crisis de las hipotecas subprime. La respuesta no trajo calma: el asesor fue encadenado, salvajemente golpeado y quemado con cigarrillos.
Desesperado por salvar su vida, Amburn ofreció vender los bienes que poseía en Suiza. Envió un fax para realizar la operación y en él coló un pedido de auxilio que ninguno de sus secuestradores supo detectar.
Al día siguiente, la policía llegó al lugar y pudo rescatarlo maltrecho pero vivo. Los quebrados inversionistas, ahora detenidos, enfrentan cargos por hasta 15 años de prisión.
Aunque extremo, el hecho habla de una conducta típica de los inversionistas: culpar a los asesores financieros cuando se pierde dinero. Habla también de cómo la gente elige la comodidad de delegar en terceros casi desconocidos el destino de sus ahorros, una reacción a las claras irresponsable.
Al analizar el término responsabilidad
, podemos ver que está formado por la unión de respuesta
y habilidad
. Refiere a la capacidad de responder con eficacia o con habilidad, con la habilidad de saber hacer algo.
Por consiguiente, la pregunta principal que se plantea aquí es: ¿estamos respondiendo con compromiso y habilidad al desafío de invertir eficientemente nuestros ahorros, de forma tal que nos permitan alcanzar la independencia económica y un retiro temprano?
Superada la enésima crisis financiera y su burbuja previa, la experiencia indica que seguirán existiendo asesores que hagan perder dinero a sus clientes. Secuestrarlos no parece la solución. Leer este libro, en cambio, puede empezar a serlo.
Darío Nudler
Introducción
Este libro pretende ser útil para todos los inversionistas, tanto para aquellos que apenas están dando sus primeros pasos en el mercado y requieren del vasto material aquí presente, como para los más experimentados, a quienes alentará a reflexionar sobre sus comportamientos habituales de una forma original.
Contiene un doble mensaje: por un lado, considera al de las finanzas un mundo abierto a quien desee conocerlo y comprenderlo, pero al mismo tiempo cuestiona el tú puedes
tan de moda por estos tiempos. Sucede que para conseguir grandes resultados, si no se ven acompañadas por esfuerzo y herramientas, las buenas intenciones no bastan.
Por eso y porque el aprendizaje no debe resultar aburrido, las próximas páginas se proponen entretener al lector con diálogos e historias ficticias de inversores, operadores y administradores de cartera, todos sumamente enriquecedores por las estrategias que despliegan y por su llamado a descubrirnos en tanto seres esencialmente emocionales que deseamos administrar nuestro dinero con ingenio y eficiencia.
También se ilustran con breves biografías de quienes han sabido dejar una huella en este mundo y enseñarnos con sus acciones lo que otros no habrían podido ni siquiera con mil palabras. Finalmente, porque somos seres lúdicos por naturaleza, se ofrecen numerosos ejercicios y tests que hablan, al fin y al cabo, de un juego: el de la vida financiera.
¿Cómo hacer?
, ¿cuáles son las herramientas que tenemos a disposición?
, son algunas de las preguntas habituales de los lectores que aquí encuentran respuesta. ¿Se pueden obtener rendimientos altos todos los años sin ser profesionales?
¡Por supuesto! ¡La independencia financiera sólo la encuentra quien la busca!
• 1 •
Manifiesto del coaching financiero
Introducción
En las próximas páginas abordaremos la problemática a la que se ve expuesto el común de los inversionistas: la creciente tendencia a delegar decisiones determinantes para su futuro económico.
Profundizaremos sobre la compleja relación con el asesor financiero presenciando, como si tuviéramos una cámara Gesell, un diálogo ficticio –¡pero tan real!– entre un inversionista medio y su asesor.
Luego nos adentraremos en las tierras prácticamente vírgenes del coaching financiero, tras revisar los principios del coaching ontológico, la disciplina madre. Conocernos es clave para definir qué deseamos y cómo conseguirlo.
La primera parte del capítulo concluye con una atractiva tipificación de los inversionistas que, a la manera de un espejo, nos permitirá encontrarnos en el mundo financiero y proyectar un camino de éxito.
Concluida esta sección, arribaremos a una segunda parte netamente práctica, con entretenidos tests y ejercicios que recomendamos no pasar por alto antes de continuar leyendo.
A modo de aclaración, sepa el lector que al final del libro se incluye un breve glosario con aquellos términos que, definidos oportunamente, requieren descripciones más detalladas.
¡Manos a la obra!
El peligro de desconocer
En tiempos en que la intermediación financiera crece a pasos agigantados y se instala sin que lo notemos en nuestras vidas a través de promociones con tarjetas de crédito, préstamos de todo tipo y una variada oferta de inversiones a realizar sin movernos de casa, nos encontramos delegando a diario decisiones que comprometen nuestro futuro.
Cabe entonces preguntarnos qué nivel de compromiso asumimos a la hora de administrar el dinero. ¿Estudiamos seriamente la ecuación riesgo-rentabilidad antes de pagar en cuotas, tomar un préstamo, invertir en un producto financiero relativamente sofisticado o constituir un simple plazo fijo?
Imaginemos la siguiente situación, seguramente no muy alejada de alguna que todos hemos vivido.
Dos amigos se encuentran en la calle y uno comenta que está contento porque obtuvo en el banco un préstamo para comprarse por fin un auto cero kilómetro.
—¿Cuánto te cobran de tasa?
—15%.
—¿Es tasa adelantada o vencida? ¿Es efectiva o nominal anual?
—Mmm… No sé.
—Lo podemos calcular por el sistema de amortización. ¿Es francés, americano, alemán o directo?
—¡No pregunté!
Una semana después, el tomador del préstamo llama por teléfono a su amigo y le dice:
—Quiero agradecerte por las preguntas que me hiciste. Decidí investigar el tema, y como estaba a tiempo, logré que me pasaran de un sistema de amortización directo a uno francés, con lo cual ahorré cuatro puntos de tasa.
—Bien hecho. Te felicito.
—Y con lo que ahorré aproveché para comprar las acciones de XYZ a través del mismo banco para cancelar una parte del préstamo más adelante.
—Ah, bien. ¿Y en qué te basaste para comprar XYZ? ¿Leíste algún buen informe de análisis técnico o análisis fundamental? ¿Viene presentando buenos balances? ¿La ves dentro de una tendencia alcista?
—Este... Yo... Me la recomendó un amigo.
No hay margen para la duda: estos personajes no sólo presentan niveles de cultura financiera totalmente distintos, sino también muy diferentes grados de compromiso con su dinero. ¿Con cuál se identifican más ustedes?
El peligro de delegar
Si la economía de los Estados Unidos, la más grande y desarrollada del mundo, se encuentra ante un problema mayúsculo como el de las jubilaciones, cuya administración por parte del sector público parece marchar invariablemente hacia la bancarrota, ¿qué nos queda a los aportantes del resto del mundo, sujetos a sistemas privados muy cuestionados, o públicos obsoletos?
Una posible solución a esta clase de problemas sociales proviene del ámbito individual y consiste en lograr que cada ciudadano se involucre más en las decisiones sobre el destino de sus ahorros, sean previsionales o pensados para el consumo en un futuro no tan lejano.
La gran incógnita reside en saber si la mayoría de las personas se encuentran capacitadas para asumir semejante responsabilidad. Al respecto, generalmente se advierte una tendencia a sobreestimar el propio grado de conocimiento sobre cualquier variable económica o financiera, y obviar su análisis. Hablamos, por ejemplo, de la inflación, el riesgo en una inversión, la diversificación de los activos, o el cálculo de los intereses compuestos en un depósito a plazo.
Al mismo tiempo, en este mundo de escasos grises, sobre muchas mentes opera como verdad suprema una falsa creencia que desalienta todo intento de comprensión del funcionamiento del universo financiero, juzgado demasiado complejo, por lo que se ve como salida la cesión despreocupada del dinero a bancos, agentes de Bolsa, portfolio managers y otros especialistas para que lo administren a su antojo.
En última instancia, las dos posturas llevan a la evasión de la responsabilidad que deberíamos imponernos sobre el manejo de nuestro dinero, con resultados ciertamente alarmantes. Recuerdo vagamente un estudio realizado tiempo atrás en Australia que demostró que el 37% de los tenedores de acciones en forma directa o indirecta (a través de fondos comunes) ignoraban que los precios de sus activos podían fluctuar.
¿Es posible que nos importe tan poco el esfuerzo que a diario hacemos para obtener ahorros? Si no nos consideramos inferiores a quienes trabajan como administradores del dinero, ¿por qué no enriquecer nuestra cultura financiera para actuar en forma más precavida en las malas épocas y aprovechar mejor los momentos de euforia?
Con un mayor conocimiento sobre la materia, podremos desenmascarar a cualquier asesor financiero poco capacitado, y eludir así arriesgadas propuestas de inversión. Por el contrario, en un escenario positivo para los mercados, sabremos aprovechar el impulso para transformarnos en un interlocutor válido para todo agente de Bolsa capacitado, quien se mostrará dispuesto a ofrecernos activos con rentabilidades esperadas superiores al promedio en lugar de limitarse a las inversiones en principio más seguras.
La relación con el asesor
Como puede deducirse de lo dicho hasta aquí, comprometerse con las inversiones equivale a aceitar un vínculo de por sí difícil con el asesor, dado que se trata de dos personas que toman decisiones sobre el capital de una de ellas e interpretan, con información imperfecta, un futuro generalmente incierto.
Por lo delicado de la cuestión y debido al estatus que por formación suele adjudicársele al asesor, es comprensible que quien invierte a través de una institución prefiera adaptarse al profesional de turno antes que arriesgarse a ser visto como un cliente problemático por exigir un especialista que dé pruebas de sus aptitudes.
Sin embargo, por nuestro bien no deberíamos renunciar a examinarlo con consultas financieras y preguntas del tipo: ¿Cuál es su historial en el mercado? ¿Hace con su dinero lo mismo que les recomienda a sus clientes? ¿Cuántos años de experiencia tiene? ¿Podría facilitarme referencias de otros clientes sobre su trabajo?
.
De no hacerlo, un día podríamos encontrarnos teniendo un diálogo como el que mantiene esta imaginaria inversionista con uno de sus asesores:
—¡Marta! ¿Cómo estás? ¿Cómo andan tus cosas? ¿Qué tal la consultora? —la atiende animado el ejecutivo de cuenta.
—Muy bien, Mariano. La consultora bien… En realidad, te llamo porque estoy un poco preocupada por lo que está pasando en los mercados. Por lo que leí, la cosa se está poniendo muy fea y no sé si mi cartera está bien posicionada…
—Sí, es verdad que lo de las subprime nos tiene preocupados a todos. Enseguida repaso lo que hay en tu cartera.
—Espero.
—Bien, tenemos 40% de acciones americanas, 20% de acciones europeas, 30% de bonos y 10% en hedge funds.
—Sí, tengo mi resumen acá. ¿En qué invierte el hedge fund que compramos?
—Dame un segundo…
—Es el que me vendió Juan desde el banco, que lo compramos más barato porque era un producto que comercializaban desde la mesa de Nueva York.
—Ah, sí. Un momento, quiero chequear algo… No, sí, son fondos… Ya estoy… ––Se produce una pausa de varios segundos que parece eterna—. Es un hedge fund armado con instrumentos derivados, tiene swaps hipotecarios que usan los bancos para descargar riesgos de spread de tasas, a veces apalancados a LIBOR 3%, pero con coberturas hipotecarias y margen subprime de 3 a 1.
—Ahá. ¿A cuánto lo compramos y cuánto vale hoy?
—A ver… Lo compramos hace ocho meses y estás un 35% abajo.
—¿Cuánto? ¿¡35% abajo!? ¡No te puedo creer! ¿Está Juan por ahí?
—A ver, me fijo. —Nueva pausa—. Me dicen que salió a almorzar.
—Bueno, igual ahora ya está. ¿Y qué hago ahora con eso?
—Me parece que te conviene quedártelo. No tiene sentido vender ahora, ya bajó demasiado.
—Pero… ¿Y si sigue bajando? ¿Y si pierdo todo lo que puse ahí?
—No te puedo asegurar que ese escenario no se dé… A lo mejor conviene vender, es verdad.
—No sé que hacer… ¿Alguna recomendación?
—Y… Está difícil. ¿Y si mejor le digo a Juan que te llame? Él está más en tema con los hedge funds.
—OK…
—Bueno Marta, que sigas bien. ¡Tranquila que ya va a pasar!
—Bueno. Hablamos.
La inversionista no queda conforme con el asesoramiento y el asesor no queda conforme con su trabajo, siempre que sea autocrítico. Y lo fundamental es que la inversión salió mal.
¿Será momento de que Martha busque responsables puertas afuera, o de entender que es ella quien sufre las pérdidas y debe decidir en última instancia cada paso a seguir?
Hablemos del coaching ontológico
Hasta aquí hemos repasado tres pilares sobre los que debe sostenerse el inversionista para reducir riesgos en la búsqueda del éxito financiero; el compromiso con sus inversiones, su capacitación y el conocimiento de sus asesores, muchas veces devenidos en vendedores de productos poco transparentes.
Ahora es el turno de abordar un cuarto pilar fundamental que se impone sobre los anteriores porque los incluye pero también los supera. Y si bien es menos conocido y más complejo, viene ganando adeptos en todo el mundo a fuerza de resultados.
