La soltura del cuerpo: Indiferencias de la diferencia en Catherine Malabou
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los lugares de transferencia y diagrama los
movimientos que se desplazan entre la creación
y explosión de las formas que tratamos de
captar. Esas formas, sin embargo, no son solo
aditivos trascendentes, sino que constituyen
el devenir material que da forma a un singular
pensamiento de la diferencia. La soltura del
cuerpo desglosa un delicado y brillante análisis
acerca del proceso de metamorfosis implicado
en la dialéctica hegeliana, extensible a la génesis
de otras formas. Muestra que "una diferenciación
definida por la absoluta soltura de sí" constituye
la fuerza diferencial de todas las transformaciones.
Esta soltura será para Cristóbal
Durán precisamente aquello que impedirá que
el pensamiento termine de tomar cuerpo, y
que el cuerpo coincida completamente consigo
mismo, cerrando así sus posibilidades.
A través de una escritura que se inmiscuye y
sobrepuja la escritura de Malabou, Durán asedia
algunas de las oposiciones que recorren los
modos de interrogar y experimentar nuestra
sujeción al mundo. Pero la soltura no será una
solución, ya que no hay posibilidad de soltarse
de dicha soltura. Será, más bien, la extraña y
singular chance de inventarnos otras conexiones,
otros futuros que todavía no vemos venir.
Y que, pese a nosotros, siempre podían ser lo
que menos esperamos. Para bien y para mal."
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La soltura del cuerpo - Cristóbal Durán Rojas
Registro de la Propiedad Intelectual Nº 291.478
ISBN Edición impreso: 978-956-9843-65-5
ISBN Edición digital: 978-956-9843-66-2
Imagen de portada: Ignacio Gumucio, Pieza. Yeso y pasta muro sobre alfombra
y madera aglomerada 120 x 150 cm, 2005. Cortesía del artista.
Diseño de portada: Paula Lobiano
Corrección de estilo y diagramación: Antonio Leiva
© ediciones / metales pesados
© Cristóbal Durán Rojas
ediciones@metalespesados.cl
www.metalespesados.cl
Madrid 1998 - Santiago Centro
Teléfono: (56-2) 26328926
Santiago de Chile, agosto de 2018
Diagramación Digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com
info@ebookspatagonia.com
portadillaLa plasticidad hace posible la aparición o la formación de la alteridad en donde el otro falta absolutamente. La plasticidad es la forma de la alteridad ahí donde falta toda trascendencia. Todo materialismo habita un mundo cerrado.
Catherine Malabou, La plasticidad en espera, p. 8
Índice
Lista de abreviaturas
Prefacio
Introducción
Una prórroga de la dialéctica
Absoluta metamorfosis
La soltura del cuerpo
La silenciosa indiferencia de sí
Una vida desatada
Notas para un materialismo intrascendente
Bibliografía
Agradecimientos
Lista de abreviaturas
A continuación, consignamos los textos de Catherine Malabou que serán usados reiteradamente a lo largo de este ensayo. Se citan de manera abreviada en el cuerpo del texto, seguidos del número de página:
Avant Demain AD
«The Brain of History» BH
Changer de différence CD
Le change Heidegger CH
La chambre du milieu CM
«Détache-moi» DM
«Dialéctica, deconstrucción, plasticidad DDP
«Qu’est-ce que former le corps?» FC
«Go Wonder» GW
Les nouveaux blessés NB
Ontologie de l’accident OA
La plasticidad en el atardecer de la escritura PAE
Plasticity at the Dusk of Writing PDW
La plasticidad en espera PE
El porvenir de Hegel PH
¿Qué hacer con nuestro cerebro? QHC
«Une seule vie» USV
«Whither Materialism?» WM
«Will Sovereignty Ever Be Deconstructed?» WSD
Prefacio
Contrariamente a la tesis que reconoce en el capitalismo al mundo del individuo atomizado, podríamos decir que el capitalismo corresponde más bien al mundo –a la imagen– de un individuo infinitamente conectable. ¿Pero qué infinito es ese que pareciera fortalecer al individuo por la vía de su conectividad? Un falso infinito, limitado por un individuo que pareciera cada vez menos fijo, pero cada vez más flexible en su posibilidad de conectarse y reconectarse con otros individuos, otras experiencias, otros afectos.
El capitalismo aparece así como el mundo propicio para pensar una posibilidad infinita de desplazamientos. Ese individuo que se quisiera separado es realmente uno completamente atado a su posibilidad de desprenderse. En esta formulación, desde luego, no hay ningún atentado contra la lógica. El individuo está más atado que nunca a sus conexiones, a su conectividad. Prueba de ello es la generalización de una lógica relacional que, como suele suceder, reduce las conexiones a acuerdos. Los espacios parecen cada vez más conjuntivos y, por ello, aunque suene paradójico, las conexiones se revelan así cada vez más excluyentes.
Pero de eso no podemos escapar. Ningún conservadurismo nos va a permitir experimentarnos en ello de otro modo. Y ello es lo que parece forzarnos, una y otra vez, a buscar modos de pensar la diferencia. Nada resulta de la pobreza que hay en criticar, una y otra vez al individuo, cuando en dicho gesto lo presuponemos, y cuando dejamos intactos los modos de conexión. Olvidamos que el sistema del capital no es más que un plano de diferenciación que está siempre presto a sorprendernos con sus modos de subsumir las diferencias de una manera inaudita: negociándolas, replicándolas, comprándolas.
Sin embargo, nunca hay una sola sorpresa. La sorpresa siempre desorienta las capturas y nos pone en otra vía. En cualquier otra vía. Sería preciso liberar, desatar, soltar esas capturas. Pero, ante todo, sería preciso, urgente, empezar a soltar el modo en que nos atamos a nuestros modos de soltar lo que creemos capturado. Eso sería lo más riesgoso. No nos bastaría con un espíritu crítico, demasiado enjuiciador, y finalmente un moralista por vocación; tendríamos que empujar un poco nuestras barreras y recorrer con nuestra vista, con nuestras palabras, esas ataduras y esos apegos. La soltura no será una solución, ya que no hay posibilidad de soltarse de dicha soltura. Pero será la extraña y singular chance de inventarnos otras conexiones, otros futuros que todavía no vemos venir. Y que, pese a nosotros, siempre podrían ser lo que menos esperamos. Para bien y para mal.
Muchas veces el pensamiento no quiere saber nada de ello. Se fija y se concentra en su sitio, creyendo que ha ganado su punto. Se instala, así, en una obliteración de su pliegue. No se podría decidir tan apresuradamente sin abandonar, sin desistir de lo otro. Pero mantenerse en el pliegue, ¿no es ceder también ante cierta indecidibilidad, tratar de encontrar desesperadamente una comodidad en ella? De esto no nos liberaría la soltura; pero cierta indiferencia nos permitiría abrir paso a diferencias que ya no reconocemos.
En este sentido, liberarnos de la fijeza de nuestros modos de pensar o vivir, no es algo que se pueda hacer por la vía de una soltura implicada, como aquella de quien pretende estar en la otra orilla, y que se expondría siempre al reclamo de pérdida de contexto. Por otro lado, el regocijo de un pensamiento situado –ese que demuestra algún tipo de confianza en estar liberado del curso actual de los acontecimientos, gracias a su compromiso con la crítica de este mundo– se ve cada vez empobrecido cuando cede ante sus ataduras, construyendo muchas veces una experiencia que desconoce sus esquemas y operaciones de captura y fijación.
Las diferencias, es preciso recorrerlas. Y para eso es preciso cierta indiferencia. Como esa del Foucault cartógrafo que recorre, a tientas, un mapa que solo se va dibujando a medida que avanza en sus pasos. Indiferencia que permitiría advertir conexiones, no mediante meras sospechas ni sentidos ocultos, sin trascendencias, conexiones que están por hacerse, que todavía no podemos conocer ni experimentar. Soltarnos para vernos, pero vernos como eso que todavía no somos, como eso que nunca sabremos que hemos sido. Soltarnos para vernos transformados, sin piedad y a veces sin sentido, incluso en aquello que hacemos a nuestras espaldas. Una indiferencia que haría pasar todo el mundo poblado de diferencias, una soltura que haría circular todas las transformaciones. Empezar a pensar eso es la tarea de este libro.
Introducción
Este libro es un intento de explicarse con un pensamiento, con una escritura. Es una explicación, en todos los sentidos. En él coinciden, siempre bajo la prueba de su desfase, el intento de explicar un modo de pensar y un intento de explicarme a través de dicha explicación. Es por eso por lo que guarda el sello doble de una introducción a un modo de hacer filosofía y de un ensayo que lidia con este modo de hacer.
Es ciertamente difícil escribir sobre un corpus que se encuentra en pleno curso, una especie extraña de cuerpo viviente que no solo prueba esa vida en el hecho de mantener su curso. Si se la toma en serio, estricta y rigurosamente, la filosofía de Catherine Malabou permite captar esta sistematicidad admitiendo sus conmociones. Lo que no deja indemne el hecho de que esas conmociones no son incidentales, en el sentido de que pudieran estar liberadas de necesidad. Se trata de una filosofía particularmente heterogénea, que se abre paso por campos que desde hace tiempo han cedido en buena parte a la seducción disciplinar o al afiatamiento institucional.
Una filosofía, decimos, que es fruto de una complicidad cuerpo a cuerpo con lo que desruta y desfalca toda definición de campo. Si es cierto que la filosofía, esa amistad por el saber, pero sobre todo en el saber, ese saber como amistad, comienza cada vez por el asombro, por el thaumazein, aquí es notablemente cierto que ese asombro viene dado por la lectura, por una escena de lectura. Lectura que supone una reformulación poderosa de una sistematicidad –de una singular voluntad de sistema– que ha de reconocer en las vetas y líneas que la van formando, una especie de transformación incesante, de modulación sin restricciones.
Desde hace una veintena años, Malabou ha elaborado una obra novedosa e inquietante, tanto en el modo en que pone en comunicación distintos campos del saber, como por el modo en el cual ha elaborado una relación muy singular con una herencia filosófica. Su trabajo ha dependido en buena manera de la construcción de un concepto, del cual no se dejarán de extraer y proyectar sus alcances y consecuencias para nuestra actualidad. Ese concepto, la plasticidad, es inicialmente un término marginal en la filosofía hegeliana, pero es abordado por Malabou para volverlo de alguna manera contra la parálisis y la falta de porvenir de la especulación. Pero estamos convencidos de que la creación de ese concepto, antes que revelar un agotamiento, supone solo una veta por la cual se inmiscuyen muchas otras formas conceptuales y muchos modos de enfrentar la diferenciación misma de lo real.
De Hegel a las neurociencias, de Kant a la diferencia sexual, de los traumatismos contemporáneos a la crítica de la biopolítica, se plantea, a nuestros ojos, como un modo inaudito de pensar la diferencia. La plasticidad, como concepto, pareciera plegar y arrastrar consigo varios conceptos, enunciados y campos. Y, en esa medida, está particularmente atento a los sitios en los cuales las diferencias se fijan y parapetan, y ya no son diferentes. De ahí que Malabou pueda
